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86 Deportes REAL MADRID- BARCELONA TRIGÉSIMA PRIMERA JORNADA LUNES 11 4 2005 ABC Owen, un gol en una ocasión y trabajo a destajo por la derecha Jugó algo lejos de las posiciones de ataque, pero buscó siempre inquietantes diagonales JOSÉ MANUEL CUÉLLAR MADRID. Gran ovación para el inglés a su salida del rectángulo de juego. Al Bernabéu, ya se sabe, le gusta el jornalero de a pie, y si es bien afeitado, de modales correctos y respetuoso con sus compañeros, mejor que mejor. Jugó Owen con el corsé táctico, vestimenta de costalero sacrificado en la banda derecha, una especie de Giuly anglosajón para equilibrar el dibujo azulgrana. Trabajó mucho el delantero en esa demarcación, que no es la suya, y lo hizo no sólo con pulmones y piernas para recorrer kilómetros arriba y abajo (más arriba que abajo) sino con la cabeza pensante, asimilando las órdenes del vestuario. Si no hay balón, a tapar a Gio y ayudar a Salgado. En la salida, aguantar de espaldas para la llegada de la segunda línea y organizar la contra. En ataque estático que se diría en baloncesto, el inglés abría la puerta a su compatriota, Beckham, con diagonales continuas que no sólo inquietaban, sino que abrían un pasillo por el que el guaperas de los plátanos abría una brecha de kilómetros en el corazón azulgrana. Fue una labor de poco brillo porque donde Owen destaca es en el área pequeña, donde le basta un desmarque y un toque para anotar (hasta ayer llevaba diez goles en la Liga y después del partido serían once) Pero no desentonó el jugador en esa tarea novedosa de medio extremo, medio interior y a veces delantero buscando la espalda de la zaga rival a la espera de un pase largo de su medio campo. En la primera parte no entró mucho en juego, pero siempre lo hizo con sentido y, sobre todo, perdiendo muy pocos balones. En la segunda, con el Barcelona algo más cansado y presionado por el marcador, el inglés se movió en su salsa. Comenzó a jugar más entre líneas, olisqueando su jugada preferida. Beckham lo vio con ese ojo de águila que tiene y en el minuto 19 le puso un balón de oro. Salió como un galgo el diminuto inglés sacando metros y metros a su perseguidor. Luego, lo de siempre, un toque, un gol. Casi nunca le hace falta más. Coreando su nombre Poco antes dejó también su sello de calidad con una jugada al borde del área donde le buscó las cosquillas a Gio y acabó desbordándole, para provocar una falta que bien podía haber sido amarilla para el holandés y su expulsión, pues habría significado la segunda. Al final, fue sustituido en el 81 por Figo en medio de una gran ovación y con el Bernabéu entero coreando su nombre. Owen se escapa del marcaje de Gio AFP