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48 Sociedad SEDE VACANTE EN EL VATICANO RELACIÓN CON OTRAS CONFESIONES LUNES 11 4 2005 ABC Belén, de la mano de Nazaret; la Galilea mira sin ver al río Jordán; el Santo Sepulcro se vuelve hacia la Explanada de las Mezquitas, hacia el Muro de las Lamentaciones... Juan Pablo II cumplió aquí su más antiguo y querido sueño en marzo de 2000 Las piedras ajadas de Tierra Santa lloran por el Papa JUAN CIERCO CORRESPONSAL NAZARET BELÉN JERUSALÉN. Amina y Gazam son musulmanes y lloran por el Papa. George y Fátima son cristianos y no han dormido bien en varios días. Rubi es judía y acaba de orar por Juan Pablo II en el Muro de las Lamentaciones. Vadim es ortodoxo y no deja de dar el pésame a todos los católicos que conoce... La huella del Santo Padre es honda y profunda, y sentida y sencilla, imborrable y perenne en Tierra Santa. En la tierra santa de los cristianos, como no podía ser de otro modo; pero también en la de los judíos y musulmanes. gio de las Naciones Unidas que sirvió de improvisado escenario para un encuentro de Juan Pablo II con los desheredados palestinos, aquellos que lo han perdido casi todo, aquellos, en palabras del Papa, que guardáis en vuestra memoria el triste recuerdo de lo La Tierra Santa que lloró de alegría al recibir al sucesor de Pedro, vierte sus lágrimas, una a una, por su muerte Fue impresionante. Verle ahí, firme, solo, frente al Muro; pidiendo perdón a los judíos mientras rezaba por los católicos Tras la homilía del Papa se oyó la oración del muecín. Hubo un silencio eterno en el que ambas religiones pasearon de la mano Una visita inolvidable Amina y Gazam; George y Fátima; Rubi y Vadim vivieron muy de cerca, todo lo cerca que pudieron y les dejaron, la histórica visita del Papa a esta tierra en marzo de 2000. Juan Pablo II cumplía entonces, entre disparates políticos de unos y otros, todos interesados, el sueño de visitar los lugares donde comenzó todo. Hoy, cinco años después, esta misma Tierra Santa que entonces lloró de alegría al recibir al sucesor de Pedro, vierte sus lágrimas, una a una, por su muerte. Lo hacen Amina y Gazam, en su polvoriento y abandonado campo de refugiados de Deheisheh, cercano a Belén. Lo hacen en la puerta del cole- que habéis tenido que abandonar al ser forzados a salir de aquí: vuestra libertad, la proximidad con vuestros familiares; las tradiciones culturales Gazam, en un perfecto español aprendido en Granada durante sus dos años de estudios de Farmacia, reza a Alá a diario: Hoy lo he hecho por el Papa, por un hombre bueno que siempre llevó la noble y justa causa palestina en su corazón Lloran George y Fátima, uno frente a la Basílica de la Natividad, en esa Belén cortada del mundo por un muro ilegal que no hubiese permitido la llegada de José y María a la gruta en la que nació el niño Dios; la otra, junto a la Basílica de la Anunciación de Nazaret. Ambas ciudades siempre unidas por aquel viaje de hace más de 2.000 años tan sagrado como el de Su Santidad hace cinco, pero si cabe hoy más cercanas que nunca. George recuerda la misa que cantó el Papa en la Basílica, recuerda incluso su homilía; nunca ha dejado de ver al cerrar sus ojos cómo Juan Pablo II besaba la tierra de Palestina ante un Yaser Arafat sonriente y orgulloso... Lo más emocionante ocurrió sin embargo en esta plaza del Pesebre. El baba (los palestinos no tienen la letra p y la pronuncian como una b) había justo acabado su homilía y comen-