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ABC LUNES 11 4 2005 Madrid 33 Ignacio Tena Empleado de Deloitte El ambiente en la empresa ha mejorado mucho La noche en la que, mientras estaba tomándose una copa con unos amigos, un compañero de trabajo llamó por tyeléfono a Nacho para decirle que el Windsor- -y con él, su oficina- -estaba ardiendo de arriba abajo, no se lo podía creer. Lo primero de todo fue quedarme alucinado- -recuerda- luego, comenzar a llamar al resto de compañeros para avisarles de lo que estaba ocurriendo. El domingo ya estábamos trabajando Nacho, que lleva año y medio en la empresa, asegura que lo único que perdió fue un reproductor de Mp 3 que se había dejado en la oficina; por lo demás, nada, puesto que, aunque se me quemó el ordenador, todo el trabajo lo tenía en red, por lo que pude recuperarlo afirma. ¿Se le pasó alguna vez por la cabeza que podría perder su puesto de trabajo? A mí no, pero mi padre sí que estaba preocupado, pero todo volvió pronto a la normalidad. Incluso, pocos días después, se hizo un proceso de selección de personal. Se pusieron ordenadores de emergen- cia, algunos comprados en un hipermercado, y el martes siguiente ya estábamos en nuestro emplazamiento actual, la Torre Picasso Es en ese edificio, el más alto de la capital a fecha de hoy, en el que se quedará la auditoria, que, cuando esté finalizada la mudanza en junio, ocupará 15 plantas: 15.000 metros cuadrados, a los que hay que añadir los 1.500 de las oficinas de Castellana, que cubren los 17.000 con que contaban en el Windsor. La desgracia de todo es que no dejamos de trabajar dice Tena que bromeaban algunos compañeros. Su opinión sobre el cambio de oficinas es bastante positivo El ambiente dentro de la empresa no puede ser mejor, porque todos estamos muy contentos con la actitud que ha mantenido el resto de la plantilla ante la situación de crisis, por lo que todos estamos de muy buen rollo ha sido una prueba de fuego Eso sí- -apostilla- lo que más pena me da es que se haya quemado la biblioteca de la empresa, que tenía 9.000 volúmenes Blanca de Ulibarri Vecina Me gustaría que en el solar hicieran un jardincito Blanca vive, junto a su familia, casi costado con costado de la zona cero concretamente, en la calle de Agustín de Betancourt, que durante muchas semanas se convirtió en uno de los miradores de Madrid a lo que quedaba del Windsor. Pero lo que ella nunca olvidará será aquella noche del 12 de febrero. Mi hijo llamó justo a las once y veinte para decirnos que teníamos un fuego cerca; en ese momento no parecía que fuera para tanto. Pero las mangueras de los Bomberos no llegaban hasta arriba, así que tuvimos que ver, con una impotencia horrible, cómo las llamas iban bajando planta por planta, y que no se podía hacer nada recuerda. Estuvieron hasta las seis menos cuarto de la madrugada haciendo fotos y grabando con una cámara de vídeo: incluso aseguran que, en esas imágenes, también pueden apreciarse las figuras de dos personas, a eso de las tres y media, manipulando de un lado a otro Pero llegó un momento, antes de que amaneciera, en que el humo invadió toda la casa. Nos dijeron que cerráramos todos los balcones y persianas y que pusiéramos toallas húmedas en las rendijas. ¡Lo que estábamos viendo era un infierno! aña- de. No olvida, además, que, al día siguiente, les pusieron problemas para entrar en su propia casa, con todo el caos originado, cuando volvían de la compra. Estuvimos así mucho tiempo; esto parecía una plaza de toros con tantísima gente en la calle dice. Ahora, asegura, lo están haciendo muy bien desmontando el edificio trocito por trocito, y no molestan Reconoce que, en cierto modo, la catástrofe se ha metido en su rutina diaria: Es inevitable salir cada día a la terraza para ver cómo avanzan las obras, aunque casi todo ha vuelto ya a la normalidad. Eso sí, me parecería una locura que hicieran un rascacielos donde estuvo antes el Windsor; me gustaría que en el solar hicieran un jardincito en recuerdo de lo que ocurrió