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ABC DOMINGO 10 4 2005 69 Cultura y espectáculos Las cartas de amor de Greta Garbo a la actriz sueca Mimi Pollak salen a la luz condenado, crío ya ha sido tachado de escandaloso En él se reproducen las tórridas cartas de Garbo a su compañera de estudios CARMEN VILLAR MIR CORRESPONSAL ESTOCOLMO. Vuelve a ser noticia Greta Garbo, la actriz sueca conocida como La Divina quince años después de su muerte. En esta ocasión el objeto de atención es un libro recién publicado que reproduce las cartas que el mito cinemab El libro Mi adorado, El fallecido narrador Alberto Méndez y el poeta Jacobo Cortines ganaron ayer los premios de la Crítica Amor mío, ¿puedo seguir llamándote así después de tu matrimonio? tográfico escribió a su amiga Mimi Pollak, actriz del Dramaten, el teatro nacional sueco. Bajo el título de Mi adorado, condenado, crío (frase sacada de uno de esos manuscritos) el volumen, editado por Fischer Co, desvela algo que se ha comentado y sospechado durante años: si Greta Garbo no era lesbiana era por lo menos bixesual. Su autora, Tin Andersen Axell, que heredó esas cartas de la propia Mimi Pollak, ha escrito una historia de amor basada en las treinta y tres epístolas heredadas y en unas conversaciones repletas de sinceridad que mantuvo con la actriz días antes de la muerte de ésta, en 1999. Los textos recuerdan las novelas de Jaqueline Susann (la autora de El valle de las muñecas) y dan buena cuenta de la apasionada relación que existió entre ambas mujeres. ESCRITO SOBRE EL MÁRMOL E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Alumnas de la Escuela Dramática Greta Garbo y Mimi Pollak se conocieron durante su adolescencia, cuando estudiaban en la Escuela Dramática Nacional de Estocolmo. Garbo, el payaso de la clase, era una niña de condición muy humilde, poco estilizada y llena de complejos. Mimi, sin embargo, pertenecía a una familia intelectual y bien acomodada de la clase media alta. Con sus enormes ojos, sus rizos dorados, la cara redonda y cutis sonrosado (atributos muy apreciados en aquella época) cautivó a Greta Garbo, quien se enamoró de ella con toda la pasión de la que una joven de 17 años era capaz. El largo romance comenzó con un pacto de sangre y la promesa de vivir juntas todo lo bueno que ofrezca la vida Esa locura de amor no se apagó siquiera cuando Mimi contrajo matrimonio- Amor mío, ¿puedo seguir llamándote así después de tu boda le escribió Greta Garbo- -y dio a luz a un bebé. Entonces recibió un telegrama de Hollywood en el que la Divina le decía: Estoy muy orgullosa de ser padre Greta Garbo llamaba a su ama- ría por fuera como los picaportes de un iglú, de acuerdo, pero Greta Garbo tuvo siempre, allá en las cocinas de sí misma, los fogones encendidos y las ollas siseantes de un raro vapor pasional: diseminó por el mundo, a unos y a otras, tal cantidad de epistolario amoroso que, o la vestimos de grande literata, o la revestimos de una carnalidad que chocaría con su esencia marmórea. La mujer del perfil soleado de playa levantina hizo las películas justas, o incluso alguna de menos, y tal vez fuera así porque le llevaba demasiado tiempo su pasión por la escritura. De aquí a unos meses, Greta Garbo cumpliría cien años, no más que un suspiro de tiempo en alguien que sobrevivirá milenios. ¿Qué sorpresas nos aguardan, cuántas otras cartas de amor de Greta Garbo, si las tejía como Penélope? Al mundo siempre le llegó Garbo por sorpresa: cuando apareció con Stiller, cuando habló en Ana Christie ¡Garbo habla! o cuando se rió en Ninotchka ¡Garbo ríe! cuando levantó el tornado Mercedes de Acosta, cuando se encerró en su iglú... F da mi Mimosa y le juraba que siempre le sería fiel. En sus cartas, redactadas en un lenguaje sofisticado, escribe que piensa en ella cada día, que la echa de menos a todas horas, que la ama en todos los idiomas y otras ternezas parecidas repletas de palabras dulces, poéticas y cariñosas. Aunque el hijo de Mimi Pollak, que se acuerda muy bien de Greta Garbo, desmiente que su madre mantuviera un affaire con la famosa diva y que lo que las unía era, únicamente, una amistad entrañable, la autora asegura que no hay la menor duda de que existió amor y pasión entre ambas mujeres. Éste es el segundo amor escabroso que se atribuye a la legendaria actriz sueca. Hace unos años, el Rochenbach Museum Library de Filadelfia subastó unas cartas que la actriz escribió a su amiga y poetisa española Mercedes de Acosta. Esa elegante dama, a la que Garbo llamaba Rafael, estuvo locamente enamorada de la sueca. A pesar de eso, la admirada diva, conocida por su temperamento frío y su deseo de soledad, mantuvo también a lo largo de su vída relaciones sexuales con varios hombres, que alardearon de ello. Uno de ellos fue el pianista Artur Rubinstein y otro George Schelle, su último amor. Los muchos admiradores de Garbo se han indignado ante la publicación de este libro, que califican de escandaloso e intentan que se retire de la circulación.