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66 Los domingos DOMINGO 10 4 2005 ABC REVISIÓN A LA HISTORIA (Viene de la página anterior) al franquismo y ha llegado la hora. Somos militantes y estamos dispuestos a todo: en la paz, a luchar con la palabra, y en la guerra, con la metralleta Lo que quieren es volarlo Con esa rotundidad, Jaime Suárez, secretario general de la Plataforma 2003, ligada a la Hermandad del Valle de los Caídos, barrunta las intenciones del revisionismo. No estamos ante un panteón de hombres ilustres ni ante la obra de unos esclavos como dicen miserablemente. Franco quiso un monumento a los caídos en ambas trincheras para la reconciliación más allá de la muerte y le salió el tiro por la culata, porque una parte no la quiere. Una vez un inglés me preguntó si podríamos enterrar a Azaña junto a Franco y José Antonio y yo le devolví la cuestión: ¿Y por qué no entierran ustedes a Wellington junto a Napoleón en Los Inválidos? Ni siquiera hay acuerdo sobre los enterrados: unos sostienen que no hay casi republicanos, otros que están por miles quierda; pero la no instrumentalización de la memoria del franquismo sólo beneficiaba a la derecha, mientras que la izquierda podía sacar un rédito electoral, aunque fuera arriesgado, que usa el PSOE en 1993, cuando está a punto de perder las elecciones. En el ámbito cultural no se suscribe ningún pacto de silencio sobre la guerra, acerca de la que hay un consenso por las lecciones extraídas a cuenta de las barbaridades que todos cometieron y del hecho de que no puede repetirse un conflicto fraticida, y sí hay una cierta prudencia en abordar el franquismo, porque está demasiado cerca, sin consenso, y sobre el que hay personas que tienen un recuerdo positivo, otras, negativo, y la mayoría, ambivalente reivindica la recuperación de determinados ámbitos de la memoria que había quedado en espera. Pero hay que hilar muy fino. El Valle de los Caídos es de los monumentos más difíciles de desligar entre el franquismo y la guerra. Lo que ofende es que representa la memoria de los vencedores sobre los vencidos, a pesar de que luego el franquismo trató de arreglarlo a nivel retórico, y de cara al exterior, incluyendo en el último momento algunos muertos católicos del bando republicano. Por eso la comisión quiere el consenso y se ha propuesto crear un museo sobre el período franquista, que incluso podría albergar los símbolos que se retiran de las calles. Tendría un sentido más aséptico y pedagógico En otro frente, Antonio Morcillo López, presidente del Grupo de Estudios del Frente de Madrid, se muestra partidario de que ese monumento del franquismo que costó tanta sangre, aunque no nos guste, se conserve en toda su pureza como parte de la historia Y Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, quiere, tal y como presentaron hace dos años a los grupos políticos parlamentarios, hacer allí una exposición en la que se relate quién lo hizo, porqué fueron obligados 14.000 presos políticos que pasaron por allí como esclavos y se contara la verdad del monumento; también hay que saber de quién son los restos que contiene, porque hay una parte de los que lucharon junto a Franco que están perfectamente identificados en la causa general, pero de otra parte, republicanos que fueron llevados ahí sin el consentimiento de las familias, no se sabe nada. Nosotros ayudamos a familiares de desaparecidos y podríamos dar respuesta a muchas personas La hora de los nietos El historiador Javier Rodrigo, cuyo último libro Cautivos. Campos de concentración en la España franquista (Editorial Crítica) verá la luz en los próximos días, explica que la cuestión de la revisión y la incorporación al discurso histórico de la memoria de los vencidos y de la represión franquista responde a una dinámica sociológica por el cambio generacional, cuando los nietos de la Guerra Civil no han interiorizado ese tabú que suponía la mirada hacia atrás, sobre todo a sus aspectos más espurios, y no para reproducir viejas disputas políticas, sino para reconsiderar el papel de cada uno en el pasado y hacer políticas de homenaje hacia las víctimas, a las que se renunció explícitamente en la Transición. En este panorama, la revisión de la simbología del Valle de los Caídos es siempre necesaria, sea como fuere el signo político del que provenga. Por ejemplo, el hecho de haber sido construido por 20.000 presos políticos merece cuando menos un respeto y una consideración y eso exige la revisión del catálogo del Valle editado por Patrimonio Nacional, en donde no hay una sola referencia a ello. Ahí la memoria está descompensada y debe ser ampliada. Y la sociedad española está preparada para revisar su pasado No se sabe en qué quedaran las propuestas de la comisión que tienen que estar pergeñadas para el próximo mes de junio y nadie del bando nacional -el lenguaje de la guerra y la posguerra ha resucitado- -ha sido llamado a dar su opinión. Félix Morales, secretario general de la Fundación Francisco Franco, pide respeto para el Valle de los Caídos, lugar, y no otra cosa, de oración y acogida de combatientes muertos de ambos bandos de la Guerra Civil. Desconocer esta realidad o atacarla es una regresión sectaria contra los españoles que quieren vivir en paz El pasado que habita en el vientre muerto del Valle no se resiste al silencio. Paloma Aguilar, autora de Memoria y olvido de la Guerra Civil distingue entre la memoria de la guerra y la del franquismo. Sobre las dos se selló, a nivel político, que no cultural ni social, un acuerdo de no instrumentalización política. El de la Guerra Civil se sigue manteniendo, porque si se rompe, pierden tanto derecha como iz- El abad, testigo de excepción Y en la biblioteca muerta del Monasterio del Valle- -porque desde que en 1982 se cerrara el Centro de Estudios Sociales no ha venido a sumarse un solo libro a los 40.000 que almacena sobre Sociología- el abad, Anselmo Álvarez, saca de un armario los libros de los caídos, en donde se registran los enterrados en la cripta próxima con todos los datos de que se disponía. En no pocos consta el lugar de procedencia, pero en la línea para el nombre sólo se atisba a ver desconocido Más de 33.700 registros, de los que, amén de su apunte en el libro, se adjunta la ficha correspondiente, y con los que a la vista de los lugares donde cayeron se reconstruye ante nuestros ojos el horror de la batalla. Por ellos rezan todos los días, a las 11, los 25 monjes de San Benito. Ora et labora. La visita de 50 millones de personas- -dice el padre Álvarez- -es suficiente testimonio de que el pasado está asumido y es un disparate integral enfrentarse a ello: la gente es más inteligente que todo eso Por la nave de la cripta, en medio de los columbarios que se extienden tras los cordobanes, un niño con gorrita corre mientras el testigo de una cata en las sepulturas, con motivo de la petición de los restos de un teniente de artillería del bando nacional, explica cómo salió del trago descompuesto, más que por el hecho de estar entre cadáveres, por ver cómo han sido cuidados esos restos amontonados. Viéndolos así no parecía que a los vencedores se les hubiera dispensado un gran trato ¿Para eso ganaron la guerra? Son más de las dos y siguen llegando turistas. A la puerta, un tipo alto se vuelve a preguntar a su acompañante ¿y dónde decías que estaba Franco? A lo lejos, Covadonga, la novia de octubre, se despide. Se rompe el pacto Socialmente- -añade la investigadora- el pacto sobre la guerra se acaba rompiendo cuando los nietos de los combatientes alcanzan ciertos puestos claves de la política y del ámbito cultural, y esta nueva generación, que tiene ahora sobre los 40 años, puede mirar al pasado sin sentimiento de culpa, porque ni tiene complicidades ni el miedo de sus padres. Por primera vez, hay una generación libre de ataduras que Ávalos, la admiración de los rusos Juan de Ávalos es, entre otras cosas, miembro de honor de la Academia rusa de Bellas Artes por los méritos de su obra en el Valle, las esculturas de la Piedad sobre la entrada a la basílica, y las cuatro de la imponente cruz. Cada verano, una nutrida representación de aquella institución visita su obra y le visita a él, que hoy reniega de destapar cloacas viejas Sólo fui el escultor que ganó un concurso para hacer unas estatuas, con un equipo en el que le aseguro que no hubo ningún tipo de esclavos, sino colaboradores que han sido mis consejeros, gente muy preparada. El Valle de los Caídos es simplemente una obra hecha con la vergüenza de los que hemos padecido una guerra civil increíble entre hermanos y para enterrar a nuestros muertos juntos y olvidarnos de ese horror con el que hundimos España en todos los sentidos. Unos y otros no defendimos más que el orgullo y la mentira. Por favor, no volvamos a las andadas, olvídense de la Guerra Civil. Yo no he reclamado mi puesto como profesor de arte en la República ni nunca viviré como una garrapata pegada a la piel del Estado. Recuerdo a Castelar cuando los periodistas le preguntan, usted que arrastra masas, díganos qué es la política, ¿un arte o una maña? Y entonces don Emilio, atusándose sus largos bigotes, decía: ni es un arte ni una mañana, sino una artimaña Así que dejémonos de artimañas y seamos un poquito buenos para poder dormir tranquilos