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ABC DOMINGO 10 4 2005 Los domingos 61 Algunos Retratos y Perfiles donde tenía que estar y con los que tenía que estar. La decisión que allí se adoptó representó una oportunidad para la pacificación y la democratización- -palabras en buena medida sinónimas- -de Oriente Medio. Asumimos la necesidad de hacer respetar la legalidad internacional y también la de eliminar riesgos. Ésas eran las grandes líneas de la política española en aquellos momentos. Ya he dicho que la elección de las islas Azores representaba nuestro compromiso atlántico. La elección conllevaba también un mensaje de hondo calado político. España es una gran nación, capaz de grandes esfuerzos y con una historia extraordinaria. Ahora bien, presenta también algunos problemas importantes, que parecen resurgir periódicamente en su historia y que en el momento en que escribo estas líneas han vuelto ha hacerse presentes. Los españoles suelen llegar tarde a sus citas con la Historia. El llegar tarde a las citas con la Historia supone que cuando se intenta solventar los problemas, se interviene tarde y, casi siempre, mal En las Azores se plasmó un objetivo que ha sido el rumbo de toda mi carrera política: España está por fin donde tiene que estar, con las dos democracias más importantes, y se reconcilia con su naturaleza atlántica. España asume sus responsabilidades, defiende unos valores universales como son la libertad, la democracia y el respeto a la ley, y cumple la que debe ser la ambición de todos los españoles: estar entre los grandes países del mundo. Desde hacía casi doscientos años, España había estado ausente de la política mundial Muchos españoles acabaron por sentirse cómodos con esta situación de abstención y apartamiento Como ya he dicho en alguna ocasión, España estuvo en las Azores porque no pudo participar en el desembarco de Normandía, que es donde debíamos haber estado La aportación política que realizó España en las Azores bastó para cambiar la posición de España en el mundo. España era decisiva dada la situación de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad. Con aquel gesto lográbamos variar una posición de siglos y situarnos en el centro mismo de la toma de decisiones. También estábamos marcando el camino para otros países, en Europa y América, que luego participaron en la coalición en defensa de la legalidad internacional. Además de asumir nuestras responsabilidades internacionales, estábamos trabajando por cumplir la ambición de que España volviera a estar entre los grandes países del mundo Más tarde España se ha retirado de la coalición sellada en las Azores. Ha vuelto a perder la oportunidad de permanecer entre los grandes países del mundo y ha vuelto a fallar a su cita con la Historia. Si se quisiera resumir el cambio ocurrido en un titular periodístico, podría ser el siguiente: Nosotros colocamos a España entre Estados Unidos y Gran Bretaña y quienes han venido la han colocado entre Castro y Chávez No sé qué beneficios podrá sacar nuestro país de esta nueva situación. JUAN PABLO II Decidió vencer al comunismo y, junto a los aliados, lo consiguió El Papa había mantenido una actitud de firme condena de la intervención en Irak. Juan Pablo II no ha condenado siempre cualquier intervención militar, pero sus insistencia en la paz indicaba una distancia inequívoca con respecto a la intervención. En España, la visita suscitaba un doble interés. Primero, la izquierda, esa misma izquierda que dice no sentir el menor respeto por la doctrina de la Iglesia católica y el magisterio de Su Santidad, estaba excitada, a la espera de que el Papa pronunciara una condena rotunda de la actitud del Gobierno español y de su presidente. No está de más recordar que en las manifestaciones de aquellos meses de principios de 2003 se exhibieron pancartas que pedían mi excomunión. Además, una parte del centro derecha español, aun habiendo aceptado la intervención en Irak y la posición del Gobierno, se había sentido acosada y a la defensiva. Juan Pablo II es el ejemplo de liderazgo político más fuerte que yo he conocido. Es un hombre de fuertes convicciones y de fuertes creencias, y no tiene rubor en comunicarlas. Al contrario, ha hecho de ello su deber. Su voluntad de convencer es tal, que si tiene que esforzarse por persuadir a unas cuantas personas, aunque sea un grupo pequeño, no duda en dedicarles el tiempo que resulte necesario. Como tiene una fe tan profunda, consigue transmitir a sus palabras una autenticidad a la que todo el mundo es sensible. Para entender bien al Papa, hay que tener en cuenta también su origen social y nacional. El Papa, además, ha sido durante toda su vida un hombre beligerante contra el comunismo. Muchos no se lo han perdonado. El Papa polaco decidió vencer al comunismo y, junto a otros aliados, lo consiguió. Sólo por eso pasará a ser uno de los grandes papas de la historia de la Iglesia. Y sólo por eso mucha gente en la izquierda, en particular la izquierda biempensante y acomodada, no admitirá nunca su relevancia. JORDI PUJOL Para el ex presidente de la Generalitat, España no es una nación Jordi Pujol es un nacionalista catalán. Esta afirmación tal vez parezca una obvie- opinión, adherirse al nacionalismo supone de por sí una autolimitación política porque toda la acción del político nacionalista está volcada de forma irremediable y absorbente en el espacio definido por el territorio objeto de esa pulsión que llamamos nacionalismo. La vida política, como la vida en general, presenta una diversidad de variables, de perspectivas y de circunstancias que enriquecen la propia acción. El nacionalismo las simplifica y reduce la acción a una dimensión única. El nacionalismo de Jordi Pujol se basa en una concepción ideológica muy clara. Para Pujol, España no es una nación. España es un territorio y un Estado, pero no una nación. España, según esta concepción, está compuesta por tres naciones: Cataluña, el País Vasco y Castilla. Esta idea de España se enfrenta a problemas muy serios a la hora de explicar lo ocurrido en la realidad histórica. A Jordi Pujol, por ejemplo, le resulta extremadamente difícil comprender el hecho mismo de la existencia de Portugal, porque desde la perspectiva del nacionalismo catalán resulta imposible explicar por qué Portugal logra ser una nación independiente y Cataluña no. Tampoco se entiende la posición de Navarra ni la de Valencia, territorios con tradiciones propias que se sienten representadas e integradas en un proyecto común. Queda sin aclarar del todo la cuestión de Galicia, pero los nacionalistas catalanes prefieren considerarlo un problema menor, que no afecta a la visión de conjunto de la realidad española. historia, pero no es un puesto envidiable. Será recordado como un dictador cruel e inhumano, que perjudicó los intereses de Cuba e impidió a muchos hacer de su tierra lo que debería ser, uno de los países más bellos y dinámicos del mundo. Como todavía no está escrito el último capítulo de esta historia, probablemente nos queda por asistir a alguna escena que empeorará aún más el penoso juicio que merece Castro en la triste historia del totalitarismo. HASSAN II No se puede decir que fuera amigo de España Hassan II, emir y príncipe de los creyentes, fue un Rey con poderes absolutos y una autoridad indiscutible, como rara vez tiene ningún monarca en la actualidad. También era superviviente de varios ataques y atentados. Tenía una gran experiencia internacional, muy larga e intensa. Sabía cómo jugar sus cartas pero conocía a la perfección las reglas del juego y sabía los límites hasta donde se podía llegar. Hassan II no era un interlocutor fácil y no se puede decir que fuera un amigo de España, pero era un hombre inteligente, con experiencia y muy consciente de las consecuencias de sus actos. Por eso, en varias ocasiones durante estos últimos años me he acordado de él. FIDEL CASTRO Un dictador cruel e inhumano He tenido la fortuna de no haber sido nunca marxista, comunista, ni socialista. Nunca he adornado las paredes de mi casa con carteles de Castro ni del Che Guevara. No le tengo ni le he tenido nunca la menor simpatía al régimen de Castro. Me parece una dictadura inaceptable. Es cierto que Castro se ha ganado su puesto en la dad o una redundancia, pero no es así. Se puede ser catalán sin ser nacionalista, o se puede ser un catalán nacionalista. En Jordi Pujol, en cambio, la adscripción nacionalista tiene la misma entidad que su identidad de catalán, y probablemente prevalece sobre ella. En mi