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ABC DOMINGO 10 4 2005 Sociedad SEDE VACANTE EN EL VATICANO ENTREVISTA 57 Juan Pablo II ha sido el único Papa al que Roma ha concedido la ciudadanía honoraria. Él amaba esta ciudad El de San Pedro es un barrio con calles muy estrechas, que se llenaron demasiado... Fue una tarde problemática, pero tenga usted en cuenta que nos encontramos, de repente, con otra Roma dentro de Roma. Durante cuatro días, el número de habitantes de la ciudad se duplicó, de tres millones a cerca de seis. Y, como usted habrá visto, todo en Roma ha seguido funcionando perfectamente. Por no citar que, al mismo tiempo, además, celebramos elecciones regionales, que duraron tres días, desde el sábado hasta el martes. La verdad es que ha sido una auténtica locura... ¿Qué previsiones había hecho para afrontar esta situación? -Habíamos elaborado un plan de emergencia. Y más o menos calculamos el número de personas que podrían venir, que coincidió bastante bien con lo que finalmente sucedió. -Sin embargo, durante días realizaron ustedes llamamientos para que no viniera más gente... -Conozco bien mi ciudad, y si hubieran venido más peregrinos, también habríamos sido capaces de acogerlos. -Las grandes aglomeraciones suelen conllevar problemas, tanto de salud como de orden público... -Parece increíble, pero no se ha producido ni el más leve incidente. La policía no ha tenido que intervenir. Ni peleas, ni robos... por no haber, no ha habido siquiera problemas graves de salud... apenas algunas lipotimias. Creo que estamos ante un nuevo récord en esta ciudad llena de récords. ¿A qué cree que se debió esta inusual falta de problemas? Walter Veltroni en el Foro Romano, el viernes, tras el funeral del Papa increíble para las relaciones humanas. Y, por último, amaba profundamente esta ciudad. Juan Pablo II ha sido el único Papa al que Roma ha concedido la ciudadanía honoraria. ¿Cuál ha sido su tarea durante estos días? -La de organizar todos los servicios de la ciudad necesarios para el evento, desde los transportes a la acogida de los peregrinos, desde la limpieza a la organización de las áreas de descanso, la sanidad, los voluntarios... ¿Qué le ha resultado más difícil? -Sin duda, conseguir organizar en 48 horas un evento con tres millones de personas. Y con el añadido de no saber con exactitud cuánta gente iba a venir. Optamos por poner a punto una estructura elástica, que al final consiguió aguantar bien todo el tiempo. ¿Cuál ha sido el mayor problema con el que se ha encontrado, ya sobre el terreno? -Mire, la verdad es que problemas, no ha habido. Hubo una tarde, eso sí, en la que se reunió demasiada gente para ver al Papa. Y una vez llena la plaza de San Pedro, los peregrinos empezaron a agruparse en los alrededores... -Primero a la serenidad de las personas que han venido. Y también, claro, a la buena organización. Por ejemplo, en las grandes aglomeraciones uno de los problemas principales es el del agua. Si tienen agua, las personas se quedan en las colas. Y hemos repartido más de dos millones de botellas. También es importante que las estructuras sanitarias sean siempre visibles para todos. Y la limpieza, mantenerlo todo siempre limpio. Conseguimos, cada día, limpiar todas y cada una de las plazas en menos de cuatro horas. Creo que nadie, en ningún momento, se ha podido sentir solo o abandonado. ¿Fueron más difíciles los días de la capilla ardiente, con millón y medio de personas en las colas, o el del funeral, con doscientas delegaciones oficiales recorriendo la ciudad? -Lo más difícil fue que ambas cosas coincidieran. -Usted es alcalde de Roma desde el año 2001 y debería ser ya una costumbre estar en el centro de la atención mundial... -Mire, y sólo por recordar los acontecimientos más recientes... Hemos tenido tres procesos de santificación. Tuvimos la visita de Bush, la firma de la Constitución Europea, la cumbre de la CE en el momento más duro de la guerra de Iraq, el consejo de la OTAN... y podría continuar... ¿Cómo se gobierna una ciudad que tiene un Estado dentro? -Estupendamente. Basta con tener buenas relaciones. Y la relación con el Vaticano no es buena, sino excelente. ¿Le preocupa la organización de los actos que quedan, como la proclamación de un nuevo Pontífice? -No, (se ríe) en absoluto. Después de lo que hemos pasado ya, lo que queda es como dar un paseo por el parque... ¿Qué le pediría al Papa que viene? -Que mantenga esta maravillosa relación que hubo entre Juan Pablo II y Roma. ESPAÑA REZA POR JUAN PABLO II Miles de fieles acudieron a las misas celebradas en memoria del Papa ABC MADRID. El Santo Padre fue un modelo de verdad cuya trayectoria ha sido una línea constante de exquisito respeto a la libertad del hombre Son palabras pronunciadas ayer por el cardenal de Sevilla, Carlos Amigo, al oficiar una misa ante cinco mil fieles en la catedral andaluza. Amigo, uno de los cardenales electores que asistirán al Cónclave del día 18, pidió a los feligreses que recen al Espíritu Santo para que le ilumine en la elección de un nuevo Papa según la voluntad de Jesucristo Las oraciones se repitieron en muchas iglesias de España que ayer celebraron misas en memoria del Santo Padre, y a las que acudieron miles de personas. En Ávila, ni el frío ni el viento amilanó a más de un millar de personas, que participaron en un acto religioso junto a la muralla, el lugar donde Juan Pablo II celebró, el 1 de noviembre de 1982, su primera misa en España. En La Coruña, más de 4.000 fieles se reunieron en la plaza de María Pita para asistir al funeral que fue oficiado por el arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio. En un altar con una imagen de la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad, y adornado por una bandera del Vaticano, donde también se había colocado un sillón vacío utilizado por el Papa en uno de sus viajes a Galicia, monseñor Barrio señaló que ha sido un referente ético y moral para todo el mundo Ante un auditorio formado por más de 4. 000 fieles, el arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, alabó la figura egregia y gigantesca de Juan Pablo II, que ha traspasado el ámbito de la Iglesia y ha marcado la segunda parte del siglo XX A la ceremonia religiosa, que se ofició en el Pla de la Catedral de Barcelona y con un cielo que amenazaba lluvia, asistieron los Duques de Palma, la infanta Cristina de Borbón y don Iñaki Urdangarín. Los Duques de Palma, ayer, durante una misa por el Papa en Barcelona AFP