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56 Sociedad SEDE VACANTE EN EL VATICANO ENTREVISTA DOMINGO 10 4 2005 ABC WALTER VELTRONI Alcalde de Roma Durante cuatro días nos encontramos, de repente, con otra Roma dentro de Roma La Ciudad Eterna se prepara para la celebración del Cónclave, un paseo por el parque asegura su alcalde, en comparación con la titánica tarea de organización que ha exigido durante esta semana la llegada de cuatro millones de fieles que querían despedirse de Juan Pablo II TEXTO Y FOTO: J. M. NIEVES ENVIADO ESPECIAL ROMA. Walter Veltroni tiene cincuenta años y, además de alcalde de la Ciudad Eterna, es autor de por lo menos una decena de libros, muchos de ellos de marcado contenido político. También es periodista. Quizá por eso parece conocer siempre cuál es la respuesta más adecuada. Dirigió, entre 1992 y 1996, L Unitá el órgano escrito de los comunistas italianos. Aunque no habla de sus creencias, no deja de sorprender que precisamente en él, hombre de izquierdas de toda la vida, haya recaído la responsabilidad de organizar uno de los eventos religiosos más multitudinarios de todos los tiempos. ¿No le parece una ironía el hecho de que sea un alcalde comunista el encargado de organizar las mayores exequias de la era cristiana? -No. Ha sido algo natural, que ha surgido de forma natural, como natural ha sido la relación que el Papa ha tenido conmigo como alcalde, con esta administración. Y con Roma. Ha habido una sintonía de valores increíble. Juan Pablo II ha visitado trescientas Amanecer sin Juan Pablo II Roma amaneció ayer lluviosa, sin las ya clásicas filas de peregrinos en la plaza de San Pedro del Vaticano y con el enorme vacío dejado por Juan Pablo II. En las calles de la ciudad los fieles fueron sustituidos por los turistas, que se apoderaron de monumentos, plazas y restaurantes. El alcalde Veltroni tradujo la locura de los días pasados en cifras: en una semana, Roma ha repartido dos millones de botellas de agua mineral y ha recogido 250 toneladas de basura en la zona de la plaza de San Pedro. Dos millones de pasajeros se movieron por Roma en transporte público. El tráfico fue controlado por 2. 800 agentes y la seguridad por 15.000 agentes de las trescientas veinte parroquias de Roma. Y más de una vez me trasladó su malestar por no haber podido aún visitar las que le faltaban. ¿Es usted creyente? -No he contestado jamás a esa pregun- ta porque pienso que un político debe guardar esas cosas para sí mismo. Se trata de algo personal. ¿Se deja sentir mucho en la vida de la ciudad la presencia del Papa? -Este Papa ha sido extraordinario. En los cuatro años que llevo de alcalde habré tenido con él cuatro o cinco audiencias privadas y por lo menos veinte encuentros públicos, y cada vez era una nueva y extraordinaria experiencia humana. Sólo la forma en que él te sujetaba la mano transmitía un calor especial. Y como Papa, ha sido también estupendo, capaz de decir cosas difíciles en tiempos difíciles. Juan Pablo II habló de paz en tiempos de guerra, de pobres en tiempos de ricos, de igualdad en tiempos del liberalismo más desenfrenado... Creo que ésa es la razón de que tantos jóvenes hayan venido, desde siempre, a buscarlo. Y le diré más. Y ha habido algo de bello incluso en su muerte. Vivir bien es difícil, pero morir bien es prácticamente imposible. Y Juan Pablo II ha conseguido morir con grandeza. Incluso sus últimas pala- bras, su testamento... son de gran belleza y altura. ¿Recuerda algún encuentro en concreto? -Mire, hoy mismo (por el viernes, día del funeral) Bill Clinton me decía el otro día que el Papa, cuando hablabas con él, te trataba como si fueras la persona más importante del mundo. Te hacía sentir que realmente lo eras. Y la otra cosa es que se trataba de una persona simpática. No sé cómo decirlo, que caía bien desde el primer momento. Y eso lo digo prescindiendo de cualquier credo. Tenía una capacidad