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32 Internacional BODA REAL EN WINDSOR DOMINGO 10 4 2005 ABC ALFONSO ROJO Dos vestidos para una boda civil. Camila acertó con su vestido corto de la mañana pero se equivocó de pleno cuando llegó a la capilla de San Jorge vestida de novia. Fue un quiero y no puedo EL HUMO DE MIL COMBATES l final, le he cogido hasta cariño. No porque sea simpático o un dechado de virtudes, pero lleva tanto tiempo ahí, recibiendo estopa en los periódicos, que parece de la familia. Comprendo que no tenga afecto alguno por los periodistas, porque el gremio lo ha tratado a baquetazos, pero no entiendo que se haya casado otra vez. No es habitual que una relación amorosa dure 35 años y tenga un final feliz como el que nos dispensaron ayer las televisiones, pero esa boda era innecesaria. Carlos los tiene negros del humo de mil combates y Camila lleva encima demasiado equipaje, como para que se pongan ahora a jugar a Cenicienta y el Príncipe. Con todo lo que le ha caído encima a la Familia Real británica, es difícil que les pueda salir mal algo más, pero no deja de ser interesante que la víspera del enlace, en las casas de apuestas de Londres se cotizaba 10.000 a 1 la opción de que aterrizara un platillo volante en plena ceremonia. Carlos no perdió los anillos, Camila llegó a la hora y el clima fue benévolo, pero se trata de una boda gafada. Se ha celebrado entre dos funerales- -el Papa y Rainiero- con el fantasma de Diana sobrevolando y bajo la mirada severa de la Reina Isabel, que no ha ahorrado esfuerzos para quitarle lustre. La soberana no sólo mandó a los novios al ayuntamiento del pueblo y dejó claro que aquello era una ceremonia civil que no requería su regia presencia, sino que a la hora del sí quiero estaba en el vecino castillo dedicada a agasajar con rosbif y puré de manzana al sultán de Bahrein. Dicen las malas lenguas que fue ella quien pasó la voz a las Casas Reales de que lo apropiado era no mandar personajes de relieve y que se está moviendo para convencer a Carlos de que al país y a la Familia les conviene facilitar que la Corona salte a Guillermo, su primogénito. En cualquier caso y a favor de Carlos hay que subrayar que- -sin ser un bigardo o tener trazas de figurín- -le sientan de maravilla los trajes de gala. Si a cualquiera de nosotros se nos ocurriera embutirnos en un frac, un chaqué o un esmoquin de los que cuelgan en su ropero, seguro que pasábamos la velada esquivando solicitudes de canapés y recibiendo encargos para bajar equipajes al vestíbulo. A Camila se le vio el plumero POR BEATRIZ CORTÁZAR A Dos vestidos a falta de uno. Si en las bodas el secreto mejor guardado es el vestido de la novia en la de ayer hubo doble sorpresa. Para la ceremonia civil la amante de Carlos de Inglaterra durante más de treinta años llegó con un pamelón de Phillip Tracy y un vestido de gasa a juego de gabán en color marfil. Sin estridencias ni riesgos. Con el rostro semioculto y unos andares imposibles. Dicen que no hay novia fea pero en el caso de Camila Parker Bowles lo mejor que se puede decir es que fue una novia fiel a su estilo, sin estridencias, ni riesgos, sencilla a la fuerza. Descubrir el secreto del vestido de novia es el minuto de oro de cualquier ceremonia. Ayer todo fue diferente. Hacía frío y la boda resultó gélida. Para empezar, los novios llegaron juntos, por lo que no vimos los clásicos nervios del contrayente mientras espera a su prometida. Eso sí, Camilla descendió del Rolls y muchos respiraron tranquilos: su vestido de Robinson Valentine por debajo de la rodilla y cubierto por un abrigo de seda en el mismo tono, con diseño en espiga acabado a mano y apliques bordados con hilo de seda, era lo suficientemente discreto como para no llamar la atención. De eso se trataba. Como joyas, el anillo de pedida, una pulsera de brillantes, un broche y pendientes de brillantes con perlas australianas. Sin duda alguna el mejor acierto fue colocar a la novia una pamela gigante firmada por Phillip Tracy, que ha debido hacer su agosto con este enlace a tenor de la cantidad de pamelas y tocados que se vieron ayer en Windsor. Realizada en paja natural, con encajes de marfil francés y decorada con plumas, ocultaba más que mostraba a una Camila que ha hecho de todo por mejorar su físico (botox, fundas nuevas en los dientes, cambio de tinte y corte de pelo... pero que siempre será comparada con la inolvidable Diana, un icono de la elegancia que rompió moldes en el tremendo vestir de las inglesas. Pero la auténtica sorpresa fue cuando la duquesa de Cornualles apareció en la capilla de San Jorge para recibir la bendición por su no boda religiosa con otro vestido mucho más principesco y regio. Un abrigo de corte medieval con cuello chimenea en gris azulado sobre un vestido de gasa. Lo más sobresaliente fueron los bordados que adornaban el diseño en hilo de oro y lo menos acertado la corona de plumas- -parecían espigas- -que lució a modo de to- La duquesa de Cornualles casi pierde el tocado de plumas por el viento AP Fue una boda fría y solemne. Sobraron plumas y faltaron emociones, besos, sonrisas y lágrimas