Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
22 Nacional DOMINGO 10 4 2005 ABC ÁLVARO DELGADO- GAL EL MUNDO EN UN DEDAL N o ha sido posible que el Congreso expresara, el martes pasado, su condolencia unánime por la muerte del papa. Llegado el instante de ponerse en pie y guardar el minuto de silencio, unos cuantos diputados prefirieron permanecer sentados. Uno pertenece a IU de Madrid. El resto a ICV, ERC o PSC. La discrepancia y descortesía del diputado de Madrid son interpretables en clave castiza. El señor diputado, probablemente, es un anticlerical de convicciones firmes, e hizo lo que hizo por razones semejantes a las que impedirían a un hincha fanático del Real Madrid acudir a los funerales de un jugador histórico del Barcelona. Que ese diputado no sepa distinguir entre sus sentimientos íntimos y el decoro a que está obligada una persona con responsabilidades públicas, revela una formación incompleta. Realmente, no hay mucho más que añadir. Produce mayor intriga, y autoriza reflexiones más sabrosas, el hecho de que sus colegas en el desplante fueran todos catalanes. El izquierdismo elemental se combina aquí con repulgos de corte nacionalista. ¿Qué reprocha la militancia nacionalista catalana al papa? En esencia, un compromiso insuficiente con la causa de la independencia de Cataluña, o lo que fuere. Los militantes del ERC habrían deseado que Wojtila mantuviera con Cataluña una relación parecida a la que tuvo con Polonia. Existe, aparte de esto, un elemento adicional, más pueril y por lo mismo más intratable. El secreto, el abracadabra, me los ha dado la directora general de Asuntos Religiosos de la Generalitat. La directora general ha lamentado que el papa no incluyera, o no lo hiciera en medida suficiente, el catalán en los saludos ecuménicos que desde el Vaticano se dirigen a los fieles el día de Nochebuena, y otras ocasiones parecidas. Ahí estaba la señora Coll con una libreta en la mano, apuntando el volumen creciente o menguante de Cataluña en el mundo. Y resultó que había cogido al Santo Padre en falta, y que se ha sentido en el deber de hacerlo constar cuando las campanas doblaban ya a muerto. Si yo fuera catalanista, cosa que no soy por motivos biográficos, que no metafísicos, me sentiría abrumado y quizá deprimido por esta contabilidad cicatera. En efecto, uno de los rasgos más notorios de nuestros nacionalismos reside en el formato pequeño, pedestre, que con el tiempo han terminado adquiriendo. Se alimentan de la reivindicación, auxiliada por el poder intimidador de las administraciones autonómicas, no de emociones o proyectos capaces. Lo que es significativo por cuanto descubre o sugiere una oquedad, una suerte de vacío interior. Intentaré ser más explícito. Las obsesiones llevan siempre implícito un reduccionismo. El obseso juzga el mundo desde un único punto de vista, y por consiguiente ve sólo un lado allí donde otros aprecian tres o cuatro o cien. No todos los reduccionismos, sin embargo, son iguales. O si se prefiere, unos reduccionismos son más empobrecedores que otros. Imaginemos... a un artillero retirado que repasara la historia de la literatura tomando exclusivamente en consideración los intereses de la artillería. Ese erudito maniático concederá gran importancia a Guerra y Paz Pero ignorará olímpicamente la Divina Comedia escrita antes de que el uso de la pólvora hubiera penetrado en la Italia de finales del XIII o principios del XIV. No dudaremos en afirmar que nuestro hombre examina las grandes obras desde una perspectiva demasiado excéntrica, y que eso reduce su eficacia como crítico de la literatura. Serán más fructíferas, por el contrario, las acotaciones de un reduccionista moral. Belinski en Rusia, o Menéndez Pelayo en España, hablaron siempre de moral al tiempo que hablaban de literatura, y ello no les impidió ser grandes críticos. El secreto estriba en que la moral proporciona al análisis avenidas mucho más espaciosas que la técnica artillera. Verbigracia: es argumentable que la naturaleza plana, guiñolesca, de los personajes de Céline, está relacionada con la violencia ideológica del autor, filonazi y antisemita primario. A la viceversa, es impensable que Céline hubiera escrito con la expresividad y fuerza con que lo hizo, si se hubiera acercado a sus semejantes con la sutileza inteligente de un Montaigne. Cuando se habla de moral, en fin, se habla de algo más profundo, versátil y atinente a nuestra economía existencial, que cuando se habla de artillería. Por lo mismo, el maniático de la moral, a despecho de su manía, será más complejo e interesante que el maniático de la artillería. Volviendo al desplante: nuestros nacionalistas se han apuntado a la artillería, en la acepción indigente que acabo de señalar. Se muere un hombre decisivo en la evolución del mundo durante los últimos veinticinco años, y lo único que parece preocuparles es si ha usado o no el catalán para dar los buenos días. Wojtyla tenía otras prioridades. Tan siquiera España figuró entre ellas. Amén.