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ABC DOMINGO 10 4 2005 La Entrevista 11 Cromwell, que encargó que le hicieran un retrato con verrugas y todo, dijo que hay que asumir la historia completa. La de España tiene verrugas, y una de ellas es la guerra civil ánicos de alcohol, la desestructuración familiar rampante, la confusión de los valores... Todos estos problemas son graves. Desde Tucídides los observadores indican que hay una crisis moral y hallan en el pasado una moral más fuerte. ¿Y el tema vasco, cuando mezcla política y violencia? -Es una propuesta política que ha podido tener el respaldo del terrorismo, y que, por tanto, se apoya en la muerte de 1.000 personas. Que el plan sea defendible y que no tenga costo electoral refleja en parte esto y en parte la naturaleza específica del nacionalismo vasco, que es mucho más una comunidad que un partido político. El PNV paga muy poco precio electoral cualquiera que sea su opción política, porque la lealtad de su base no es normal. Su vínculo es emocional. -Parece terrible, en todo caso, que el victimismo tenga en el campo contrario a las verdaderas víctimas. -Esa apelación continua al victimismo que desarrolla el libro de Juaristi basada en que un Estado ha impedido el desarrollo del País Vasco sigue jugando un papel importante. Diferentes atenciones -El lendakari se aprestó a recibir a los miembros de una lista prohibida por los tribunales y no parece que esa atención haya sido comparable nunca a la prestada a las víctimas... ¿No hay un nacionalismo moderado que vea lo que el plan Ibarretxe depara a los no nacionalistas? -No lo sé. Debería preguntárselo a ellos. Hay que volver a los datos. Parece muy consolidado que la mitad de la población es no nacionalista, a pesar del Gobierno continuado del PNV desde 1980 y la presión del terrorismo. Un Gobierno que ha procedido a una construcción nacional de simbología, topografía, cartografía, educación, y que ha hecho de lo vasco el objetivo fundamental de todas sus políticas. A pesar de todo eso la mitad de la población vota sistemáticamente no nacionalista. Aparte del caso diferenciado de Álava, uno se encuentra que poblaciones importantes como San Sebastián, Irún, Zumárraga, Eibar, Pasajes, Rentería, Baracaldo y Sestao no tienen alcaldes nacionalistas. No es que se haya consolidado el voto no nacionalista sino que hay enclaves fuertes de administración no nacionalista. Y los movimientos cívicos han tenido un eco considerable, hasta hace poco tiempo desconocido, y una gran capacidad de convocatoria. Así que las cosas en la sociedad vasca también han cambiado. Si yo fuera nacionalista habría interpretado toda la aventura del plan Ibarretxe como un fracaso, puesto que ha sido rechazaPasa a la página siguiente Fusi en los jardines de la sede de la Fundación Ortega y Gasset ella. No ha provocado ningún tipo de polémica. Ha sido ecuánime, justa y bien hecha. No es justo que se haya hecho alusión negativa alguna. -Parece que los políticos no dejan que los historiadores aporten la serenidad del análisis. -Espero que nunca nos falte o dejemos de aportarla. Decía Cromwell, que quiso que le hicieran un retrato con verrugas y todo, que la historia hay que asumirla completa. La de España tiene verrugas, y una es la guerra civil. -PP y PSOE han tenido ya un cambio generacional desde la Transición. ¿Cree que ambas formaciones han reflexionado críticamente sobre los acontecimientos que desencadenaron la guerra civil? -No demos por sentada la enorme juventud de nuestros jefes de Gobierno. Aristóteles hablaba de que el hombre empezaba a ser virtuoso a partir de los 50 años. ¿Qué visión del mundo, de las relaciones internacionales, de la complejidad de la vida moral se tiene antes de una determinada edad? Yo me lo pregunto muchas veces. Damos por sentado que el liderazgo debe aportar dinamismo y frescura juvenil, cuando es lo contrario. Yo soy historiador y espero empezar a entender algo de historia cuando alcance los 70 años. Mientras tanto, todo lo que uno dice es provisional. Si lo que me está usted diciendo es que los gobiernos socialistas del 82 eran más conscientes de los problemas heredados de la guerra civil que los de ahora, es casi inevitable que eso ocurra. Ocurre con toda la sociedad. -Usted ha sido siempre favorable a que los españoles nos reconciliáramos con la historia reciente. ¿Qué hemos ganado con ello? -El restablecimiento de la democracia, la estabilidad de la política a pesar de los problemas en el País Vasco y en la vida nacional, la prosperidad de la sociedad, la entrada en Europa, como respuesta a nuestra crisis de identidad. Todo eso ha normalizado nuestra reflexión sobre el pasado, que había estado marcada tradicionalmente con España como problema, como fracaso. -Usted publica recientemente un libro que avanza un poco más y habla del malestar en la modernidad. ¿Cree que ese malestar del agotamiento del ideal moderno ha sido más duro en España por la influencia de los nacionalismos? -No veo el nexo. El malestar de la modernidad es la contradicción de la sociedad entre su extraordinario desarrollo y bienestar y la sensación que produce la profunda falta de moral del mundo occidental. Eso tiene que ver poco con nuestros problemas nacionales. -El nexo puede estar en el relativismo moral. Hay hechos sorprendentes en nuestro tablero político. Uno no entiende muy bien por qué, por ejemplo, un plan secesionista haya sido bendecido por una banda terrorista como ETA y eso no se traduzca en un coste electoral... Votarlo es un dilema moral. -Lo es. España, no sólo el País Vasco, también está instalada en ese relativismo moral. Basta ver los valores de la cultura de masas, los programas deleznables, el ocio basado en consumos oce- Que un plan como el de Ibarretxe, respaldado por el terrorismo y que se apoya, por tanto, en mil muertes, no tenga costo electoral, refleja en parte la naturaleza del nacionalismo vasco La retirada de la estatua de Franco da cobertura a un Gobierno débil y errático que trata de tapar sus errores