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ABC DOMINGO 10 4 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Que Otegui, Batasuna y los miembros de la banda etarra son criminales es cosa evidente. Criminales, sí, pero tontos, no BATASUNA GANA O trago que a estas alturas de la película vasca quede alguna duda razonable en algún celtíbero razonable con un cerebro razonable que no tenga la seguridad plena de lo que es, representa y se propone esa mascarita del carnaval electoral vasco que aparece en la competición ante las urnas con el nombre de Partido Comunista de las Tierras Vacas. Si después de conocer las múltiples concomitancias y la relación familiar de los candidatos con gentes de la banda etarra y de Batasuna, quedara todavía alguna duda acerca de eso, ahí están las manifestaciones de Arnaldo Otegui pidiendo el voto para la candidatura tramposa. Adivina, adivinanza: ¿De qué color era el caballo blanco de Santiago? Si fuese verdad que ni la Fiscalía General ni el Gobierno de España encuentran pruebas para impedir esta evidente trampa de Batasuna para burlar la ley, sería motivo serio para que los españoles se echen a llorar. O al Fiscal General y a los miembros del Gobierno les van a salir de un momento a otro alitas de querubines en las paletillas, o estamos en manos de sansirolés, mastuerzos y para que lo entiendan los franceses de gilipolluás. Está claro como el agua clara que Batasuna, a raíz de su deslegalización, ha creado dos partidos nuevos: uno para que los jueces le impidan la presentación a las elecciones y se queden tan contentos, y otro de repuesto o de recambio; uno en el que las características batasunas de la candidatura estaban a la vista del público más cegato, y otro donde esas características están algo más escondidas, aunque rascando un poco se hagan evidentes. Que Arnaldo Otegui, Herri Batasuna y los dirigentes de la banda etarra son criminales es cosa evidente. Criminales, sí, pero tontos, no. Y lo más piadoso que se puede pensar de nuestros socialistas fiscales y gobernantes es que se dejan engañar porque les conviene, que es lo que dicen, por otra parte, los nacionalistas. En el sondeo electoral realizado antes de la recomendación de Otegui a favor de los tramposos, ese partido fantasma de los comunistas de las Tierras Vascas obtiene seis escaños, exactamente los mismos de que disponía Batasuna, aquellos famosos seis votos en el Parlamento que dividieron por mitad en otra trampa infantil, tres a favor del Plan Ibarreche y tres en contra. Ni siquiera era necesaria la recomendación del etarra Otegui para que el electorado propio de Batasuna supiera ya a quién debe votar en las inminentes urnas vascas. No sé si el hecho de que quede burlada tan fácilmente la Ley de Partidos Políticos favorecerá a unos o a otros. Es imposible conocer a dónde irían a parar los votos que van a meter a seis candidatos de los comunistas de las Tierras Vascas en el Parlamento de Vitoria, ni es posible calcular los que irían a los nacionalistas del PNV, a los comunistas de Madrazo o a los socialistas de Patxi López. Pero si el Gobierno se deja engañar a gusto por creer que puede resultar beneficiado al hacer la vista gorda sobre el partido de la trampa que se hace a la ley, además de llorar habría que rasgarse las vestiduras o arrancarse los cabellos. Todo el año es carnaval que decía Larra. Y aquí, todos disfrazados. N EL RECUADRO ANTONIO BURGOS Son Comités de Agradaores, como los aduladores en nómina que tenían los señoritos de Jerez para que les dijeran cositas agradables y regalos de oídos. Siempre hay un agradaor dispuesto a decir lo que el Gobierno quiere que le digan HÁGASE EL COMITÉ DE SABIOS IENE que estar pasando algo muy raro, porque hace ya tiempo que el Gobierno no nombra un comité de sabios para nada. La propia representación oficial del Reino de España en el entierro de Su Santidad el Papa... -Ahí lleva razón. ¿Cómo? -Que ahí, en lo de llamar Su Santidad al Papa que se nos ha ido aclamado como santo lleva bastante razón el protocolo. Al protocolo muchas veces, como a la noche de Ana Belén, se le va la mano. Hay excelentísimos señores que no son excelentísimos por la sencilla razón de que ni siquiera son señores. -Como que ellos mismos quieren ahora apearse del tratamiento como quien se tira en marcha de un tranvía al comprobar que se han equivocado de línea... Hay ilustrísimos señores que no son ilustres en nada. Pero en llamar Su Santidad al Papa, qué puntería de este protocolo que tendríamos muchas veces que representar con una venda en los ojos como pintan a la Fe o a la Justicia. Juan Pablo II era Santidad con seseo y con ceceo: Santidad en cantidad. Se ganó el tratamiento a pulso, como pudo comprobar en la Plaza de San Pedro la representación oficial del Reino de España. Si la proclamación de la santidad por parte de la Iglesia fuera como la concesión de orejas en las plazas de los toros, a petición del público, a Juan Pablo II tenían que darle las dos orejas, el rabo y hasta la pata del toro de San Lucas. Esa representación española fue al funeral de Roma, qué raro, sin dictamen de ningún comité de sabios. Para la enseñanza, para la televisión, para la Constitución, para los archivos, para todo se nombra un comité de sabios. Sabios de los que se sepa de antemano que van a decir lo que quieren oír. Más que comités de sabios son Comités de Agradaores, como los adu- T ladores en nómina que tenían los señoritos de Jerez para que les dijeran cositas agradables y regalos de oídos. Siempre hay un agradaor, experto en televisión, en archivística, en enseñanza, que previo pago de su importe está dispuesto a decir lo que el Gobierno quiere que le digan. Los únicos comités de sabios auténticos que quedan son los que llenan las plazas. Insobornables comités, que no esperan la gran cruz de Alfonso Décimo el Ídem, el Sabio, ni estipendios de los fondos reservados. Los verdaderos comités de sabios están en las plazas. Las plazas de San Pedro emitiendo el dictamen irrefutable sobre el venturoso pleonasmo de la santidad de Su Santidad o las plazas de toros emitiendo su dictamen sobre las orejas. Por eso caminaron hacia Roma tantos peregrinitos y por eso tantos se colaron con un pase de favor, con una entrada de oficio, sin asiento, en la representación oficial: para formar parte del comité de sabios que iba a proclamar santo a Juan Pablo II a pie de obra berniniana. Si no encontró billete para Roma, tiene todavía dos oportunidades de pertenecer a un comité de sabios, ¿será por billetes? En mayo, por San Isidro, bastará que se saque una andanada de sol de Las Ventas. Con su pañuelo blanco podrá pertenecer al comité de sabios de la primera plaza del mundo y emitir su dictamen para la gloria. Sin esperar a mayo, ahora y hasta el día 17, por los 20 euros de una grada de sol en la plaza de toros de Sevilla puede formar parte del doctísimo comité de expertos que dictamine quién puede abrir la Puerta del Príncipe. No le darán, claro, la Cruz de Alfonso X, puede que sólo disgustos. Pero dése el gustazo de ser del comité de sabios. No sea menos que Emilio Lledó. Hasta le puede usted poner musiquita de Carlos Puebla, de esa Cuba dictatorial que tanto gusta a los que alquilan sabios de peaje: Yo también, yo también, yo también pertenezco al comité