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68 SÁBADO 9 4 2005 ABC Cultura y espectáculos La España de hoy debe a Felipe IV, cuando se cumplen los cuatrocientos años de su nacimiento, el haber impedido, con gigantescos esfuerzos, la fragmentación de la Monarquía. El Rey mantuvo unido un gran conjunto de tierras y de gentes Felipe IV, cuatrocientos años de un Rey POR GONZALO ANES, DIRECTOR DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA Al cumplirse cuatrocientos años del nacimiento de Felipe IV, es de justicia recordar a tan excelso Rey, cultivado, contradictorio, profundamente religioso y pecador, majestuoso, observante rígido de la etiqueta palatina, escritor, músico, pintor, gran mecenas de las artes y de las letras. El reinado de Felipe IV ha pasado a la historia como tiempo de decadencia económica y política. Olivares como valido, y el propio Rey, habrían sido los responsables de todos los desastres. El examen de nuevas fuentesdocumentales y la utilización de métodos historiográficos más eficaces y objetivos han permitido que cambien estas versiones catastrofistas. La despoblación del reino y la pérdida demanufacturas fueron asunto de memoriales presentados al Rey por los arbitristas y también llamaron la atención de los escritorespolíticos, fuente preferida, hasta el presente, por los historiadores que se interesaron por el siglo XVII. Ahora se comienza a considerar que la España de tiempos de Felipe IV formaba un conjunto con los virreinatos indianos y con varias islas de oriente, de las que las Filipinas desempeñaban importante papel por sus relaciones comerciales con Asia. No es posible entender ni valorar los cambios en la economía, en la España de Felipe IV, sin considerar ese gran conjunto. Felipe IV Nadie más cortesano ni pulido que nuestro Rey Felipe, que Dios guarde, siempre de negro hasta los pies vestido. Es pálida su tez como la tarde, cansado el oro de su pelo undoso, y de sus ojos, el azul, cobarde. Sobre su augusto pecho generoso, ni joyeles perturban ni cadenas el negro terciopelo silencioso. Y, en vez de cetro real, sostiene apenas con desmayo galán un guante de ante la blanca mano de azuladas venas. Manuel MACHADO Escritores políticos y despoblación Los escritores políticos españoles, cuando trataron de la supuesta despoblación del reino aludieron al aspecto que presentaban alquerías abandonadas, aldeas en ruinas, rodeadas de campos yermos, pueblos que descendían en número de habitantes, con casas caídas sobre cuyos restos crecían zarzas, yedras y jaramagos. Hay, en esa literatura proyectista y política, alusiones a las ruinas y a los sentimientos de desolación que provocaban. A nadie entonces, y rara vez después, se le ocurrió comparar la despoblación, en ciertas zonas de España, con el aumento del número de habitantes de la villa de Madrid durante el reinado de Felipe IV, o de la zona litoral cantábrica, en la que se extendía el cultivo del maíz, o de comarcas en las que se intensificaba la plantación de vides y de olivos. También se pasó por alto el hecho de que las tierras pobres que quedaron yermas se dedicaron a pasto de ganado, con el consiguiente aumento de número de cabezas de ganado. Así, se llegó espontáneamente a una utilización más racional de la tierra, acorde con sus distintas capacidades de producción. Explicable es, por la lejanía y por el desconocimiento, que no se aludiera en la época- -y en pocos casos se aluda hoy- -al proceso de urbanización en Indias, simultáneo a la tan deplorada despoblación de España. El número de inmigrantes en Indias aumentó durante la primera mitad del siglo XVII, para estabilizarse después, con un crecimiento sostenido de la población blanca criolla, a la vez que era mayor elnúmero de mestizos. El aumento del número de ciudades, y el de la población que habitaba en ellas, indican un desarrollo económico que permitía vivir a gentes que no estaban vinculadas a lo agrario y se dedicaban a trabajos artesanales, a la minería o al comercio. En las proximidades de las minas de plata, tanto en el Perú comoen Nueva España, se fundaron y crecieron ciudades que prosperaron según eléxito de las extracciones: Potosí, Zacatecas y Guanajuato debieron su esplendor al aumento de las cantidades de plata extraída y al de la cotización del metal noble respecto a los demás bienes y a la demanda china. Retrato de Felipe IV de Velázquez Olivares, valido honrado y eficaz Felipe IV tuvo la responsabilidad política del gobierno del gran conjunto hispanoindiano y de los demás reinos y territorios de los que era soberano. Contó con privados que, cuando fue uno sólo, recibió el nombre de valido, en la acepción peyorativa del vocablo. La pesada máquina del poder era excesiva para sólo el Rey. Era necesario contar con quienes ayudasen en las tareas de gobierno. Como en todas las monarquías de entonces, el valido Olivares fue honrado y eficaz. John Elliott señaló que ningún hombre trabajó más ni descansó menos Con Olivares, se quiso combinar lo ideal y lo práctico, en tiempos en los que la guerra exigía grandes gastos. No obstante, la reanudación de la guerra en 1621 al expirar la tregua de doce años en los Países Bajos, no impidió pensar en las reformas y se dio nueva vida a la junta encargada de hacerlas. Ciclo de conferencias en la Academia de la Historia y una exposición en el Prado MADRID. Carlos Seco Serrano ofreció ayer la primera de las conferencias en la Real Academia de la Historia, en la que abordó la personalidad religiosa del Monarca. El lunes, Fernando Bouza hablará de sus aficiones como coleccionista de libros o pintor, y el martes, Jose Alcalá- Zamora hablará de su proyección femenina. Luis Miguel Enciso y Feliciano Barrios dedicarán sus charlas al poder y las instituciones. Carmen Sanz, Miguel Angel Ochoa Brun, Guillermo Céspedes y Alfonso Pérez Sánchez estudiarán aspectos como la política monetaria o la diplomacia, así como el teatro y la pintura de Felipe IV. Gonzalo Anes cerrará este ciclo. Por su parte, el Museo del Prado consagrará este verano una exposición al Palacio del Buen Retiro. 65 pinturas mostrarán los programas artísticos que lo decoraron, recuperando el concepto de serie con el que fueron concebidos y vistos en el siglo XVII.