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28 En la muerte de Juan Pablo II EXEQUIAS DEL PAPA EL ADIÓS DE POLONIA SÁBADO 9 4 2005 ABC Fieles polacos tributan su homenaje al Papa en el mausoleo que conserva los restos mortales de su hermano en Cracovia EPA Réquiem polaco Cracovia se despide a duras penas de su Papa, ante la silla vacía donde celebró su última misa toda Polonia, más de 800.000 en Cracovia, se reunieron para rendir homenaje al que irreductiblemente sienten como su Papa RAMIRO VILLAPADIERNA. E. ESPECIAL CRACOVIA. Cuando el auxiliar de Roma anunció hace una semana la muerte del Papa, dijo: Ha vuelto a la Casa del Padre pero ésta, para sorpresa de muchos polacos, no era Cracovia, ni aún su natal Wadowice, y muchos todavía no parecen recuperados del golpe. Ejemplo de este penar añadido es la decisión de Krzysztof Penderecki, el prestigioso compositor de Cracovia, de completar su célebre e inacabado Réquiem polaco con una última parte dedicada a Juan Pablo II. Escrito durante 25 años, la primera parte está dedicada a Solidaridad; la segunda a Kolbe, el franciscano que se cambió en Auschwitz por un judío; la tercera, al combativo cardenal Wyszyñski; la cuarta, a la matanza soviética de Katyn; y a éstas se unirá ahora una final inspirada en el que calificó como el polaco más universal Millones en toda Polonia, más de 800.000 en Cracovia y un millón la noche anterior, se reunieron para superarlo juntos y despedirse del que irreductiblemente sienten como su Papa. b Millones de personas en Polonia ha perdido su paraguas vaticano, ahora ya es adulta decía a ABC Krzysztof Kozloski, en la redacción de un influyente semanario. Nos devolvió el orgullo de ser polacos explica Henryk Halkowski, un intelectual de la pequeña comunidad hebrea. Gracias por tanto y por siempre titula el principal diario, Gazeta Wyborcza liberal y habitualmente crítico con excesos de la Iglesia local. Sola entre un millón, llorando junto a su candela en la vigilia de Cracovia, Magdalena Szekur (28 años) se explicaba en la misma línea: Gracias por todo lo que nos ha dado ¿A quién? A Dios, que nos dio a este Papa agrega viendo segundas, pero aún insiste: Y al Papa también por haberme dado a Dios Una niña llora desconsolada en Wadowice, durante el funeral en San Pedro el pueblo natal junto a Silesia, los bomberos interpretaban la canción favorita del Papa: La Barca en una Varsovia paralizada por las sirenas, cientos de miles contenían la emoción en la plaza de Pilsudski, bajo el estruendo de las salvas, no poco chocantes frente al retrato de quien ardientemente denunció la guerra. Él nos mira y estará contento de que hayamos vuelto a despedirlo aquí dijo en Cracovia a 800.000 congregados el obispo Jan Szkodan, ante AFP En cada rincón, un homenaje Polonia era cristiana antes de este Papa, pero cada tiempo es único y hay una generación que identifica plenamente polonidad y cristiandad con Juan Pablo II. También pocos papas se recuerdan tan marcados por la ciudad de la que venían; en la bulliciosa Cracovia, Wojtyla estudió literatura, practicó teatro y entró clandestinamente en la religión bajo los nazis. Ayer, hasta los orgullosos montañeses de los Tatra, los górali bajaron a la capital de reyes, ahora ciudad del Papa. En cada rincón, lamparillas rendían un contenido homenaje. En la batalladora Gdañsk, el duelo era bajo la lluvia; en Hasta los orgullosos montañeses de los Tatra, los górali bajaron ayer a la capital de reyes, ahora ciudad del Papa la vacía silla del Papa y donde éste celebró su última misa en Polonia. Algunas de las opiniones recogidas sobre la hierba incluyen la de una estudiante: Sólo sé que me creo su ejemplo y quiero seguirlo O la de un hombre de edad: Nos dio fe no sólo en el más allá, sino en nosotros mismos y una enfermera que decía que estamos todos en Roma, bajo el cielo de Cracovia Necesitaba compartir esto explica Andrzej (31) llegado tras 400 kilómetros para participar la noche anterior en la marcha blanca que llenó Cracovia; ayer amanecía risueño de una noche insomne en la pradera de Blonie, a la espera del funeral: Traigo mi vela, compartir esto juntos nos hace estar en Roma con todos Como él, Magdalena o Tatja, muchos han detenido el ritmo de sus vidas en un último gesto de respeto con el que sienten saldar una gran deuda.