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10 SÁBADO 9 4 2005 ABC En la muerte de Juan Pablo II Una multitud aclama como santo a Juan Pablo II ante mandatarios y líderes religiosos de todo el mundo El mayor funeral de la historia fue también el más intenso y espiritual con la selección de sus aplausos a la homilía del cardenal Ratzinger, la biografía espiritual del Papa, con un único final: ¡Santo, Santo! JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. El viento del Espíritu soplaba ayer con fuerza en la plaza de San Pedro, haciendo flamear los ornamentos litúrgicos y pasando con rapidez las páginas del libro de los Evangelios abierto sobre el féretro de Juan Pablo II. Pero, sobre todo, el Espíritu aleteaba entre una multitud de fieles, que escribieron con la selección de sus aplausos la b Los fieles escribieron ayer, biografía espiritual del Papa, concluyéndola al grito atronador de ¡Santo! ¡Santo! Más que pedir una canonización la estaban proclamando, como en los primeros tiempos del cristianismo. El cardenal Joseph Ratzinger, que preside el Colegio de Cardenales encargado de la transición de la Iglesia, les escuchaba con respeto. Estaba emocionado, y disfrutaba contemplando la poderosa manifestación de culto público a los gritos de ¡Santo, ya! ¡Santo, ya! superpuestos a un estruendoso aplauso de casi diez minutos. La gente se rompía las manos como último homenaje a Karol Wojtyla mientras 200 mandatarios del mundo y los líderes de todas las religiones asistían atónitos a una demostración de fe sin precedentes. El sencillo féretro de un Pontífice gigante llevaba pintadas como únicas marcas una cruz de madera bajo uno de cuyos brazos se veía la letra M Eran los símbolos esenciales del escudo del Papa. La cruz de su escudo papal servía ahora para su féretro, y la inicial de María recordaba el momento decisivo del Gólgota, cuando la Virgen estuvo al pie de la Cruz de su Hijo hasta el último suspiro y hasta que se logró el permiso para bajarle. Aquella caja de madera, sobre una modesta alfombra, era el centro de la plaza y de toda una ciudad convertida en escenario de una misa a cielo abierto. Y también de la mirada de cientos y cientos de millones de telespectadores del mayor acontecimiento global ocurrido hasta nuestros días. El primer gran aplauso había estallado simultáneamente- -cuando el féretro salió al atrio- en la plaza de San Pedro y todas las grandes plazas de Roma, donde se habían instalado pantallas para acoger la mayor riada de peregrinos de la historia. Era una ovación atronadora, pero previsible en ese momento. Sintonía de corazones En cambio, los doce aplausos que estallaron durante la homilía del cardenal Ratzinger no respondían a claves de retórica, sino que iban escribiendo la biografía espiritual del Papa y mostraban la sintonía de corazones en torno a unos puntos que serán motivo de reflexión para los 117 cardenales encargados de elegir al sucesor. El primer aplauso vino a confirmar el sentimiento de tristeza, pero también de esperanza alegre y de agradecimiento mientras que el segundo fue respuesta al saludo del cardenal a los jóvenes El tercero, más sorprendente, subrayó elementos del perfil humano de Karol Wojtyla: Era entusiasta de la literatura, del teatro y de la poesía. Trabajaba en una fábrica química... El cuarto acusaba recibo de un mensaje de Jesús transmitido en el Evangelio de San Juan: Permaneced en mi amor Una ovación a la difícil prueba de los últimos meses se completaría con otra sobre la generosidad del Papa para darse sin reservas, hasta el último momento y, más adelante, con la frase que revelaba su secreto: El amor de Cristo fue la fuerza dominante de nuestro amado Santo Padre El público había identificado la clave de una vida, y volvió a aplaudir un consejo que Ratzinger presentó, conjuntamente, co- Representantes de las comunidades religiosas que participaron en el funeral AP El sencillo féretro de un Papa gigante llevaba pintadas como únicas marcas una cruz y la letra M de María Los fieles, más que pedir una canonización, la proclamaban, como en los primeros tiempos del cristianismo mo de San Pablo y del Papa: Queridísimos, permaneced firmes en el Señor como hemos aprendido de nuestro Santo Padre El estruendo creció con las referencias al mensaje de su sufrimiento a la Virgen María, de la que aprendió a identificarse con Cristo y al recuerdo de aquella última y dramática bendición Urbi et Orbi cuando ya no tenía ni voz, desde la ventana de su apartamento. Si el pasado domingo el cardenal Angelo Sodano reconoció a Juan Pablo el Homenaje de líderes de diferentes confesiones religiosas al Papa AFP