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ABC VIERNES 8 4 2005 Madrid LAS DENUNCIAS SOBRE EL SEVERO OCHOA, EN LA ASAMBLEA DEBATE POLÉMICO 43 Los aledaños de la Cámara regional y los pasillos del hemiciclo registraron más actividad que nunca. Desalojos, gritos de dimisión, aplausos de apoyo y una manifestación a las puertas acompañaron las palabras del consejero Lamela en su comparencia parlamentaria Una sesión de consignas y ovaciones TEXTO: S. ALLER M. CALLEJA médico de esta unidad, por un presunto delito de homicidio por imprudencia profesional Según el letrado del caso, el enfermo, de 78 años y con enfermedad pulmonar obstructiva crónica- -EPOC- falleció tras recibir sedación que no necesitaba y sin suministrarle oxígeno En ningún momento, señala, los familiares firmaron una autorización. MADRID. El descampado anexo al edificio de la Cámara regional se convirtió ayer en muro de contención de las protestas llegadas desde el Severo Ochoa. A un lado del conflicto, el consejero de Sanidad, Manuel Lamela, que comparecía en el interior de la sede parlamentaria para defender su actuación en la crisis. Al otro lado, empleados del hospital, vecinos, oposición y sindicatos en busca de un objetivo: la dimisión del consejero. La ley dice que nadie puede manifestarse ante sede parlamentaria cuando ésta se reúne. Ayer se dio la ocasión y el medio millar de manifestantes pudo corear sus consignas, pero a cien metros del edificio público. En la calle, algunas batas blancas y lazos amarillos, que portaban empleados del Severo Ochoa para expresar su apoyo incondicional al compañero destituido, el doctor Luis Montes. Ha sido un atraco a mano armada comentaba una enfermera de UCI del hospital afectado. A su lado, uno de los delegados sindicales caldea el ambiente a golpe de megáfono: ¡Lamela dimisión! ¡Nosotros curamos, no asesinamos! ¡Lo digo con orgullo, trabajo en el Severo! Desde un balcón alguien se anima a sumarse a las protestas. Son dos vecinas de Vallecas, que golpean cazuelas al paso de los manifestantes. El recorrido, sin incidentes graves, fue estrictamente vigilado por cerca de cincuenta agentes antidisturbios. De hecho, a las puertas de la Asam- blea regional había un sorprendente despliegue de furgones policiales dispuestos por la Delegación del Gobierno. Demasiado dispositivo quizá para vigilar al medio millar de manifestantes, según los agentes, y más de mil, según los sindicatos. Esto es una mentira Las declaraciones se multiplican y todos quieren aportar su particular punto de vista sobre las destituciones en el Severo Ochoa a causa de supuestas sedaciones irregulares. Esto es una mentira, como las armas de destrucción masiva insiste una vecina de Leganés. Las críticas de los pacientes nos las llevamos nosotros señala un auxiliar del centro. Entre el gentío, la portavoz municipal de IU, Inés Sabanés, algunos empleados del Clínico, del Ramón y Cajal y del hospital de Móstoles. Y sobre todo, portavoces sindicales de UGT y CC. OO. que se afanan en repartir panfletos, unos en defensa de la sanidad pública y otros preparados ya para movilizar a la clase médica el día 19 en otra manifestación. Mientras, en el hemiciclo regional, Desde los escaños populares, ovación cerrada. Desde la oposición, gritos de dimisión Manuel Lamela apura sus minutos para aclarar y, sobre todo, convencer al Parlamento autonómico de que ha actuado correctamente en la crisis. En la tribuna de invitados, abarrotada de público, su equipo al completo, que mostró una vez más su respaldo a la gestión del consejero. El ambiente desde luego lo requería. Tampoco faltó la ex ministra de Sanidad, Ana Pastor- -que sufrió una aparatosa caída- cinco diputados populares nacionales, al menos seis alcaldes y varios concejales de Leganés, que asistieron al rifirrafe parlamentario. En las mismas gradas, juntos pero no revueltos, trabajadores del Severo Ochoa, del Doce de Octubre, asociaciones de vecinos y representantes de PSOE e IU. La tensión planeó sobre el discurso del consejero. Si desde los escaños de la oposición le recibieron con carteles de No al Lamelazo desde las gradas la situación no fue mucho mejor. La presidenta de la Asamblea, Concepción Dancausa, acabó expulsando a medio centenar de asistentes. Unos por pedir a voces la dimisión del consejero y otros por enseñar camisetas con Todos somos el doctor Montes La imagen más clara del desencuentro la brindaron unos y otros al término de la intervención. Desde los escaños populares, una ovación cerrada y en pie. Desde los asientos de la oposición y parte de las gradas, crujir de tacones contra el suelo y gritos insistentes de dimisión.