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36 VIERNES 8 4 2005 ABC Internacional IBRAHIM AL- YAAFARI Primer ministro iraquí Histórico de la oposición a Sadam, cree que no hay abismos entre el Este y el Oeste y que una sociedad abierta es posible en el Islam El islamista tranquilo ALBERTO SOTILLO Ibrahim Al- Yaafari (a la derecha) saludaba ayer al presidente iraquí, Yalal Talabani, con un efusivo apretón de manos EPA El chií moderado Al- Yaafari es nombrado primer ministro iraquí Su principal tarea será la aprobación de una Constitución que una al país el primer jefe de Gobierno elegido democráticamente en más de 50 años, Al- Yaafari tendrá que consolidar su legitimidad para pacificar su violento país ABC BAGDAD. El Consejo Presidencial iraquí nombró ayer al chií Ibrahim alYaafari nuevo primer ministro iraquí, el puesto ejecutivo de mayor poder en el nuevo régimen. Convertido así en el primer jefe de Gobierno elegido por un procedimiento democrático en más de cincuenta años, Al- Yaafari se enfrenta a la tarea de hacer aprobar una nueva Constitución que convierta a Irak en un país unido y en paz. Lo que, en la cotidiana violencia actual, parece aún un lejano sueño. Su nombramiento ha venido precedido de inacabables negociaciones, que varias veces han parecido al borde del desastre. Finalmente, ha habido acuerdo para que formen Gobierno kurdos y chiíes, que, a su vez, repiten sus llamamientos para que todos los suníes se sumen al nuevo régimen. Lo accidentado de aquellas conversaciones, sin embargo, augura unas negociaciones aun más arduas para la Constitución. Si han sido necesarios más de dos meses para formar Gobierb Convertido en no, parece muy difícil que se pueda cumplir el calendario prometido, por el que la Constitución estaría concluida en agosto para celebrar elecciones en diciembre y contar en enero con un nuevo Ejecutivo, en teoría libre de tutela. Son muchos los que creen inevitable una prórroga de al menos seis meses de todo este calendario. A los partidos kurdos y chiíes que forman Gobierno les une su vieja oposición a Sadam y su renovada voluntad de reformar los órganos de seguridad Insisten en que el ex primer ministro, Iyad Alaui, introdujo muchos antiguos islamistas en las fuerzas del orden. Y prometen cambios. Frágil alianza con los kurdos Pero las divisiones parecen inevitables a la hora de abordar el papel del Islam y las garantías de unidad o federalismo que chiíes y kurdos exigen para el nuevo Irak. Éstas ya fueron disensiones que condujeron las negociaciones de la actual Constitución provisional a un callejón sin salida, que se salvó sólo por presión norteamericana. La negociación de la Constitución, además, tendrá que hacerse en paralelo a los esfuerzos por pacificar el país y garantizar la legitimidad del régimen. Si desea restar base social a la insurgencia, Al- Yaafari deberá demostrar que su legitimidad se basa en las urnas y no en las tropas norteamericanas. Una tarea que difícilmente se alcanzará si se repiten incidentes como el que empañó la jornada de ayer, cuando el nuevo presidente, el kurdo Talabani, pronunció su solemne discurso de investidura, pero se olvidó de designar al primer ministro. Los correligionarios de Al- Yaafari no creen que fuese un mero despiste, aunque el jefe de Gobierno quitó importancia al incidente. En principio, la Asociación de Clérigos Musulmanes, la influyente organización suní que podría servir de puente con la guerrilla, se ha mantenido al margen de la formación del nuevo Gobierno. Pero ha dejado también las puertas abiertas a su participación- -directa o indirecta- -en las negociaciones para la Constitución. La Asociación, no obstante, insiste en que no puede participar en la vida política del país hasta que se retiren las tropas norteamericanas. Al- Yaafari todavía tendrá que formar nuevo Gabinete. Sostiene que para el mismo no sólo quiere a kurdos, sino también a suníes, pero éstos se mantienen muy reticentes tras la pérdida de poder experimentada con el nuevo régimen. Queda abierta, sin embargo, la posibilidad de que el futuro ministro de Defensa sea un suní, aunque a EE. UU. no le haga gracia la idea. MADRID. En un país de personajes públicos habituados a palparse el revólver en el bolsillo, de políticos curtidos y tiarrones duros, Al- Yaafari llama la atención por el suave hilo de voz- -casi un susurro inaudible- -con el que departe con maneras diplomáticas y sosegadas, muy exóticas por tierras iraquíes. A primera vista, no parece que estos años de guerra sean los más adecuados para un político tan sosegado. Pero Al- Yaafari se ha convertido en uno de los hombres públicos más populares en Irak, sólo por detrás del líder espiritual chií, el ayatolá Sistani, y a la misma altura que el turbulento clérigo Moqtada. Antiguo líder de Al Dawa, el partido más bregado- -el que más sufrió también en la oposición a Sadam Husein- -Al- Yaafari es un médico que dirige un partido chií de credenciales religiosas, pero que insiste en que no tiene ninguna intención de imitar el modelo iraní. No es una mera declaración. Al- Yaafari se exilió en Irán, pero abandonó este país en los años 90, al mismo tiempo que su partido se dividía entre proiraníes y escépticos de la revolución del imán Jomeini. Al- Yaafari era de los segundos. Cuando se negoció la actual Constitución provisional iraquí, defendió la sharia (ley islámica) como una de las principales fuentes de la legislación. Pero, a la vez, insistió en que el Islam no está reñido con un régimen abierto, plural y democrático. Es de los que creen que entre el Este y el Oeste no hay abismos que separen ambos mundos. Es un político cercano a Sistani; incluso está casado con una pariente lejana del ayatolá. Y podría convertirse en el hombre que pusiera a prueba la viabilidad de la alternativa Sistani ese ayatolá que dice que los religiosos no deben meterse en política, pero que se ha convertido en emblema de un islamismo sosegado y tolerante a su manera. Tanto en el Este como en el Oeste son muchos los que no lo creen.