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18 En la muerte de Juan Pablo II ESPAÑA EN EL VATICANO VIERNES 8 4 2005 ABC Sabían que no llegarían a tiempo. Habían oído los avisos- no vengan más, por favor, ya no cabemos conocían la falta de camas y las dificultades para moverse en una ciudad cerrada ante la mayor ceremonia religiosa de todos los tiempos Vuelo 943 con destino Roma JOSÉ MANUEL NIEVES ENVIADO ESPECIAL ROMA. Ninguna dificultad les importaba. Los peregrinos seguían, ayer, abandonando sus ciudades natales, destino a Roma, con una idea fija: estar allí. En el aeropuerto de Madrid, tres sacerdotes de negro cambian impresiones, a primera hora de la mañana, ante el mostrador de facturación del vuelo 943 de la Thai que ha dejado hace ya horas de ser regular El vuelo cubre el trayecto Madrid- Bangkok, pero el protagonismo, hoy, se lo lleva la escala en Roma. ¿Creéis que encontraremos sitio para dormir? pregunta don Antonio, el más joven de los tres curas. Seguro que no responde otro, más anciano. Pero no importa, encontraremos alguna columna para apoyarnos y descansar un rato Un par de filas más atrás, dos monjas hablan en voz baja. Son carmelitas y tienen la cuestión del alojamiento resuelto. Cerca bulle un ruidoso grupo de unas treinta muchachas, todas entre los 16 y los 24 años. Son alumnas de la Escuela Fuenllana de Hostelería, de Madrid. Se preparan para ser cocineras, encargadas de restaurante... La mayor parte de ellas nunca ha estado en Roma, y alguna ni siquiera había montado aún en avión. Ainoha, por ejemplo, tiene muy claro que este Papa ha sido el mejor de todos ¿Y por qué? Pues porque sí- -responde la joven- porque ha hecho muchas cosas y porque fue el Papa de los jóvenes, nuestro Papa Sus amigas, Mónica y Tamara, asienten convencidas. No así Sandra, quien con cierta timidez apunta que a mí lo del Papa... Yo lo que quiero es ver Roma El alegre grupo está capitaneado por Victoria, la directora del centro, y varias de sus profesoras. Llevamos sacos de dormir y la comida necesaria para dos días- -explica Milagros, una de las docentes- Porque nosotras vamos a la aventura, a intentar llegar lo más cerca posible del cuerpo de Juan Pablo II. Y si hay que colarse, pues nos colamos Poco a poco, frente a los mostradores de la compañía tailandesa se van arremolinando grupos de todos los tamaños, pero con una característica en común: la mayoría de ellos están formados por estudiantes. Alejandro Baños es profesor de física en el Colegio Aldovea, de Madrid. Está aquí con catorce de sus alumnos y con el también profesor Julio Íñiguez. No. No llevamos reserva de ninguna clase. Sí, estaremos allí hasta el sábado por la mañana. No, no nos preocupa dónde vamos a dormir. Nuestra única idea es acercarnos al Papa como podamos y lo más que podamos. Dormiremos en una cola, en una plaza, en un parque... eso nos da lo mismo. Y todos los chicos saben cuál es el plan. Estamos todos de acuerdo La historia parece repetirse. A todos les surgió la idea de improviso, más como un impulso que como algo razonado. Se nos ocurrió el martes- -explica Alejandro Baños- Pensé que debíamos hacer algo que fuera diferente a estar en casa viendo la televisión. Y aquí estamos, ya en el avión ¡Ah, el avión! Imaginen ese exclusivo trato propio de los orientales, las azafatas saludando a todos en voz baja, con las dos manos unidas frente al rostro inclinado y regalando una flor a cada mujer. Imaginen ahora una auténtica horda de cientos de estudiantes, todos en grupos, entre amigos, todos nerviosos, todos desbordando energía. Piensen en el revuelo de mochilas, las regañinas de los profesores, las caras largas de los cuatro gatos (que los había) que iban realmente hasta Bangkok... Las risas, las palmas, los cambios de sitio, el aquí no se sienta nadie, las carreras por los pasillos... ¿Todos de vacaciones? preguntó a un sacerdote una educadísima azafata tailandesa. No, no, vamos al funeral del Papa Una hora de retraso Mira, mira, ha venido María con su novio y se levantaban tres chicas para ir corriendo a comprobar si el novio de María, al que aún ninguna conocía, valía realmente la pena. Voy a coger la guitarra y vuelvo lo cual era un movimiento doble de un grupo de cinco estudiantes por los estrechos pasillos, el de ida con el instrumento a cuestas y el de vuelta, diez segundos después, nada más prohibírselo... Total, una hora de retraso, todo el mundo dentro del avión y sin poder despegar porque, al ¿Todos de vacaciones? preguntó una azafata. No, nos vamos al funeral del Papa respondió un sacerdote haber tanta gente sin equipaje (los peregrinos llevan lo mínimo) las bodegas iban casi vacías y el reparto de cargas en el avión no era el idóneo. Así que, cuando todo parecía empezar a estar bajo control, personal del aeropuerto subió a bordo e hizo que treinta personas de las del final pasaran a la zona delantera del aparato. Y de nuevo el caos. En medio del jolgorio, con aplausos y gritos de viva el Papa incluidos, un grupo (el único que en lugar de ir a Roma iba a Bali) miraba al resto con una expresión que delataba con toda claridad el convencimiento de haber equivocado su destino... Hombre, don Antonio, qué casualidad. No sabía que usted viniera también Es, más que un saludo, el grito de sorpresa de José María, de 21 años, natural de la localidad extremeña de Pasarón de la Vera, al percatarse que el párroco del pueblo viaja en el mismo avión que él. Se trata sí, del mismo don Antonio de la cola del mostrador de embarque. José María, por su parte, se ha puesto de acuerdo con otros cincuenta estudiantes para hacer este viaje. Mi billete me lo consiguió mi amigo Santiago, que viaja aquí a mi lado Ambos, Santiago y José María, admiran profundamente la figura y la obra de Juan hablo II. Es impresionante lo que ha hecho este hombre- -afirma Santiago- -la fuerza que tenía y lo que era capaz de transmitir. ¿Sabe? Entre todas, esta es la primera vez que el Papa, nuestro Papa, va a poder estar, de verdad, con todos a la vez Grupos de peregrinos descansan junto al Coliseo