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10 VIERNES 8 4 2005 ABC En la muerte de Juan Pablo II El Papa se dispuso en la primavera de 2000 a renunciar si fuese necesario Su testamento espiritual revela que daba por cumplida su misión y aceptaba la muerte indicó para su funeral las mismas disposiciones que dio el Santo Padre Pablo VI una ceremonia sobria con un sencillo féretro de madera JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. El inmenso magisterio de Juan Pablo II concluyó ayer para siempre con la última lección, revelada en un testamento espiritual humilde y conmovedor que incluye el encargo de quemar el resto de sus apuntes personales. El testamento consiste en anotaciones sucesivas, escritas durante los ejercicios espirituales de diversos años. Las notas de la primavera de 2000 sugieren que, al haber llegado al tercer milenio y estar ya cerca de cumplir los 80 años, el Papa estaba dispuesto a renunciar si llegase a ser necesario. Algún vaticanista de prestigio, sin embargo, matiza que el testamento sólo reflejaría que el Papa daba por completada su misión y aceptaba ya la muerte. Nadie podía imaginar que aquel hombre vigoroso hubiese escrito su primer testamento ya en marzo de 1979, cuando tenía sólo 58 años y apenas iniciaba su Pontificado. Pero la lectura del bellísimo testamento espiritual de Pablo VI- -uno de los Pontífices de los que tomó el nombre junto con Juan XXIII- -le convenció a escribir ya el suyo, reducido a un folio muy sencillo, que comienza con las palabras latinas Totus Tuus ego sum Soy todo tuyo referidas a María Santísima, en cuyas manos se abandona. Pido perdón a todos suplica, antes de resumir en un párrafo sus últimas voluntades con una simplicidad conmovedora. No dejo tras de mí- -escribe- -propiedad alguna de la que sea necesario disponer. Respecto a mis cosas de uso diario, que se distribuyan como se considere oportuno. Que se quemen mis apuntes personales. Pido que se encargue don Estanislao, a quien doy las gracias por su colaboración y ayuda dub Juan Pablo II, en 1979, rante tantos años y de modo tan comprensivo. Todos los demás agradecimientos los dejo en el corazón y ante Dios, porque es difícil expresarlos Sin embargo, en el año 2000, incluirá un recuerdo especial a otra persona: el rabino Elio Toaff, quien le recibió en la histórica visita de 1986 a la sinagoga de Roma, la primera de un Papa tras dos mil años. En 1979, el Papa indica para su funeral, las mismas disposiciones que dio el Santo Padre Pablo VI una ceremonia sobria, con un sencillo féretro de madera sobre el que reposa un libro de los Evangelios. En una nota de 1992 añade al margen: El sepulcro en tierra, no en un sarcófago imitando a Pablo VI también en el tipo de sepultura, pues Juan XXII y Juan Pablo I, fueron depositados en sarcófagos. En 1982, el Papa tenía el corazón dividido entre Roma y Polonia en cuanto a sus funerales y sepultura, y pide al Colegio de Cardenales que satisfaga en la medida de lo posible las peticiones que lleguen del arzobispo de Cracovia y de la conferencia episcopal polaca. Sin embargo, en 1985, zanja la cuestión indicando a los cardenales que no tienen obligación de escuchar las peticiones de Polonia, aunque pueden hacerlo si, por algún moti-