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ABC VIERNES 8 4 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Zapatero no ha tenido ocasión de expresar su condolencia por la muerte del Papa ni de hacer un comentario acerca de su personalidad CONTERTULIOS FUNÁMBULOS LGUNA vez me entretengo algún rato escuchando las tertulias radiofónicas o televisivas cuando tratan argumentos aproximadamente políticos y no hurgan en los catres revueltos de los personajes famosos o famosillos. En estos días, los asuntos obligados de la conversación son indefectiblemente los que giran alrededor de la muerte del Papa Juan Pablo II y la gigantesca explosión de dolor de toda la Cristiandad y de buena parte del mundo no cristiano. Es natural. El largo pontificado, los numerosos viajes que realizó el Pontífice y los importantísimos sucesos acaecidos durante el cuarto de siglo largo de su pontificado, y a veces su intervención en ellos, han hecho del Papa muerto una figura principal entre las más grandes del último tercio del siglo XX y de los comienzos del XXI. Creo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Karol Wojtyla ha sido el papa más conocido y universal de la Historia entera de la Iglesia Católica y el líder religioso de mayor influencia en su tiempo. Pertenece, pues, a la lógica más estricta la conmoción que ha producido su muerte, precedida de un largo y doloroso calvario, motivado además por un atentado organizado por siniestros poderes políticos. Digo que me entretengo en escuchar a los contertulios de diverso pelaje que debaten, argumentan o desbarran acerca de las circunstancias y las consecuencias de la muerte de este gran hombre, a quien algunos han llamado Juan Pablo II el Grande y también el Papa mediático Yo le llamé el Papa de hierro porque su fortaleza y resistencia físicas corrieron parejas con su inflexible energía moral. A veces, ese entretenimiento resulta divertido. Me divierten en especial los ejercicios de funambulismo dialéctico que practican algunos contertulios o tertulianos, como quiera decirlo Amando de Miguel, para justificar la injustificable actitud del presidente del Gobierno español en relación con la muerte del Papa Wojtyla. Ha declarado Zapatero su rechazo a que se haga exhibición del dolor. Y claro que esa afirmación vale para el dolor de una persona o de una familia, pero no se entiende cuando se trata de manifestar el dolor de un pueblo entero o de buena parte de la humanidad viviente. Más de cuatro millones de seres humanos han acudido a Roma por cualquier medio y en circunstancias de incomodidad y sacrificio para hacer exhibición de su dolor entre ellas muchos españoles. Ha dicho también Zapatero que no ha tenido ocasión de expresar su condolencia por la muerte del Papa ni de hacer un comentario acerca de su personalidad. Las más de doscientas personalidades políticas (reyes, príncipes, jefes de Estado, presidentes y ex presidentes de Gobierno, ministros, etcétera) reunidas en Roma han encontrado ocasión para dedicar unas palabras a la figura de Juan Pablo II. Y también encontraron unos minutos en su agenda para acudir a las nunciaturas respectivas y estampar su firma en el libro de condolencias. Acudieron los Reyes de España y acudieron los Príncipes, pero Zapatero envió a su vicepresidenta. Los equilibrios dialécticos de algunos contertulios para justificar esta actitud me divierten en medio del duelo. Y aquí exhibo mi divertimento. A CARLOS HERRERA Difícilmente el sectarismo que adorna a nuestro líder puede llegar más lejos. Sólo resulta comparable al grupo de necios que mantuvo su culo pegado al asiento cuando en el Congreso decidieron homenajear a Juan Pablo II con un minuto de silencio ¿RESPETO O EXHIBICIONISMO? I no se quiere entender que no se entienda, pero que no se aduzca ignorancia acerca del hecho sociológico más sorprendente de estas últimas décadas. Roma revienta. En Roma no se cabe. Roma estalla en fervores interpretables desde el rigor científico o desde la Fe, como quieran, y ofrece una imagen inusitada por la que muy pocos hubieran apostado meses atrás. ¿Qué mueve a millones de personas a desplazarse hacia todo tipo de incomodidades con tal de despedirse durante dos segundos de un hombre muerto? ¿Sólo el respeto Ha dicho el fenómeno de Rodríguez Zapatero, presidente de Todos y de Todas, que él entiende que las muestras de dolor no deben incorporar exhibicionismo y que, por lo tanto, lo más respetuoso es guardar silencio. Ya sabemos, pues, qué representan para este joven y apuesto dirigente mundial aquellos que aguardan bajo el frío romano: no dejan de ser una reata de exhibicionistas que hacen impúdica ostentación de un dolor que mejor estaría oculto en los territorios particulares en los que hay que recluir las muestras de religiosidad. Difícilmente el sectarismo que adorna a nuestro líder puede llegar más lejos. Sólo resulta comparable al grupo de necios que mantuvo su culo pegado al asiento cuando en el Congreso decidieron homenajear a Juan Pablo II con un minuto de silencio. La característica común de su origen catalán hace pensar que se trataba de una repulsa rotunda por la falta de compromiso del Papa para con el idioma de Pompeu i Fabra: no sabía Wojtyla cuando accedió al papado que una de sus obligaciones principales era velar por la inmersión lingüística. Se dedicó al Dogma, al ecumenismo, a la reconciliación, al Muro, minucias todas, sin saber que eso le iba a costar tamaño rapapolvo. Pobre. Aseguran, por cierto, que el Gobierno de la Nación Más Laica Que En El Mundo Hay optó por no comparecer en ese acto de reconocimiento para ser consecuente con la postura de S su presidente, cosa que, conociendo el paño, estoy dispuesto a creerme plenamente. Pero digo que quien no quiera entender que las masas- -esta vez oceánicas- -que peregrinan a Roma representan a una civilización, a una forma de entender la vida, a una ideología espiritual nacida del Humanismo Cristiano, no hacen sino taparse los ojos ante una realidad que acabará por arrollarles. Gobernar de espaldas a ello es demostrar nula capacidad para la interpretación histórica, y ese es uno de los peores pecados que puede cometer un dirigente. La imagen de tres presidentes norteamericanos- -a los que más de una vez reprendió Wojtyla- -arrodillados ante su cadáver dice mucho: sin siquiera ser católicos demuestran más perspicacia que este petimetre del laicismo que ha sido incapaz de superar ese rancio rencor que abriga la mitad de sus acciones- -de alguien que ha basado su plática y su prédica en cuatro frases hechas y en tres conceptos vacíos de contenido tampoco deberíamos esperar mucho más- Reparemos en que quien se arrodilla ante su cadáver es el presidente que puso en marcha una guerra inacabable basada en justificaciones falsas. Y reparemos que se arrodilla ante quien se opuso a ella. Y sigamos reparando que hasta sujetos como Fidel Castro- -ahí sí que creo que había hipocresía y exhibicionismo- -llegó a comulgar, supongo que sin confesarse antes como resultaría preceptivo, en memoria de su amigo Hoy se celebrará un funeral que puede marcar un antes y un después. Quien presuma de estar alerta para saber qué quiere y siente la gente de la calle debería estar muy atento. Quien asegure que hay que escuchar a diario a la ciudadanía y obrar en consecuencia debería aprender a interpretar las reacciones espontáneas de millones de seres humanos que parecen haber salido de la nada pero que, por lo visto, estaban ahí. Y hacer un esfuerzo hercúleo por no decir tonterías. www. carlosherrera. com