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102 Gente EN LA MUERTE DE RAINIERO III DE MÓNACO JUEVES 7 4 2005 ABC El Príncipe Rainiero juega con la más pequeña de sus nietos, Alejandra, hija de Carolina y Ernesto de Hannover Los reyes del papel couché auténtico reinado del Príncipe Rainiero de Mónaco estaba en el papel couché Desde que en 1956 el Soberano monegasco unió su vida a la de la actriz Grace Kelly en una fastuosa boda realizada por la Metro Goldwynn Mayer, ya nada fue igual. La belleza y el glamour de la novia cautivaron al mundo. Grace Kelly no era una artista al uso. Ganadora de un Oscar, pertenecía a una de las familias más adineradas y mejor relacionadas de la alta burguesía norteamericana y eso influyó notablemente en el desarrollo inmobiliario que propició Rainiero con la ayuda de su suegro. Fue una boda perfecta, una alianza de blasones, doblones y belleza. La magia de Ho- El BEATRIZ CORTÁZAR llywood con la tradición de los Grimaldi. Fruto de ese matrimonio fue el glamour. La prensa rosa encontró en la musa de Hitchcock su mejor portada. Gracia Patricia trajo nuevos aires con lujosas fiestas en el Casino o el Beach Club, punto de encuentro de la jet set que surgió en la Costa Azul que frecuentaban Frank Sinatra, David Niven, Onassis... Mónaco se enriquecía mientras Rainiero y Gracia vivían sus mejores años junto a sus tres hijos, Carolina, Alberto y Estefanía. Las ventajas fiscales del pequeño Principado lo hicieron grande para las fortunas de medio mundo. Con los años empezaron los problemas. Y los disgustos. La ajetreada vida sentimental de Ca- rolina, que se empecinó en casarse con el playboy Phillip Junot, trajo de cabeza a sus padres. Era la princesa más bella de todas las monarquías. La más deseada. Tal era el interés que la familia Grimaldi despertaba en las páginas del couché que los Grimaldi tenían hasta una agencia de prensa encargada de distribuir todos los retratos y reportajes de los Príncipes con sus hijos. Pero los romances de Carolina con pilotos y tenistas quedaron en peccata minuta si se comparan con las aventuras sentimentales de su hermana Estefanía. En plena adolescencia ya demostró que tenía un corazón caprichoso en cuanto a hombres se refiere. Por sus brazos pasaron acto- res, pilotos, aventureros, guardaespaldas, monitores, croupiers, mayordomos, acróbatas... Estefanía era el ojito derecho de Rainiero y por eso el Príncipe era el único que aguantaba los numeritos circenses de su hija. Pero la trágica muerte de la princesa Gracia tiñó de negro la magia de una familia que parecía tocada por la fortuna. La Princesa falleció en accidente de tráfico cuando viajaba con Estefanía, de quien se dice que quedó tocada desde entonces. Sin Gracia Patricia, Rainiero envejeció. Años más tarde, de nuevo la desgracia caía sobre los Grimaldi, al enviudar Carolina de su segundo marido, Stefano Casiraghi, con quien tuvo tres hijos. No hay reinado sin luces y sombras, y en el de los Grimaldi desde luego las desgracias también sirvieron para engrandecerles en la prensa rosa. Mientras que en el Principado el sucesor de Rainiero es Alberto, en el couché el legado está más que asegurado con sus tres hijos y sus nietos. La belleza y rebeldía de Andrea, Carlota y Pierre o la fortuna de Alejandra, fruto de la unión de Carolina con Ernesto de Hannover, son ingredientes suficientes para que el magnetismo de la familia no decaiga. El chic de Carolina, los continuos rumores en torno a la sexualidad de Alberto y las extravagancias sentimentales de Estefanía seguirán siendo pasto de comentario. Las fiestas han sido numerosas. Sobre estas líneas, los Príncipes acuden a una de disfraces con Sofía Loren Con Jackie Kennedy y la duquesa de Alba, en un tablao flamenco durante una de sus visitas a España Los Príncipes, acompañados por el armador griego Aristóteles Onassis y la soprano María Callas