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ABC JUEVES 7 4 2005 Gente 101 EN LA MUERTE DE RAINIERO III DE MÓNACO El Príncipe Rainiero aparece sobre estas líneas rodeado de sus hijos y nietos, herederos hoy de su protagonismo en la prensa rosa De la Interpol al grimaldichtys profundissimus s Grimaldi, una dinastía genovesa, aparecen en la historia en el siglo XIII, cuando Grimaldo Canella ocupó tres veces el cargo de cónsul de ese Estado. En 1297, Francisco Grimaldi pierde el control de Génova y se refugia en la fortaleza genovesa de Mónaco, que toma disfrazado de monje franciscano. La relación con la Corona de Francia quedará regulada bajo Luis XIV, quien reconoce al titular de Mónaco como Príncipe soberano. Los vientos revolucionarios que azotaron Europa en 1848 hicieron perder a Florestán I el 90 por ciento de sus territorios. Pero su sucesor, Carlos III, tiene una idea. Si la moda de la buena sociedad europea es los baños termales, él no tendrá aguas minerales, pero lo que le sobra es agua. Crea la Sociedad de Baños de Mar, desde la que construye el casino, el teatro de la ópera y hoteles de lujo. Vistas las rentas que empiezan a fluir, suprime todos los impuestos directos a sus súbditos. Y, recordando sus raíces genovesas, decide que el barrio de Charlesville pase a llamarse Montecarlo y se convierta en la capital del Estado. Es decir, de sí mismo. Le sucede Alberto I (18481922) que fue alférez de navío de la Armada Española, a la Lo RAMÓN PÉREZ- MAURA que renunció al ser depuesta Isabel II. Alfonso XII le daría el empleo honorífico de Capitán de Fragata, y, Alfonso XIII, el de Contralmirante. Pero para entonces ya sólo le interesaba el estudio de los océanos. Con su financiación y conocimientos se investiga el fondo marino y en 1901 se descubre a 6.035 metros de profundidad, cerca de Cabo Ver- de, una especie nueva para la ciencia. Recibirá el lógico nombre de grimaldichtys profundissimus. Como Mónaco dejaba tiempo para casi todo, también le interesó la paleontología, la aviación y la criminología hasta el punto de crear una oficina de cooperación policial de la que surgió la Interpol. El casino era importante, pero a Alberto le interesaban más las cartas marinas que las del póquer. Por algo Blasco Ibáñez lo llamó el supremo pontífice de las ciencias de los océanos Su hijo Luis II fue fruto del efímero matrimonio con Victoria Douglas- Hamilton, hija de la Princesa María de Baden, que a los cuatro meses de casarse, y cumplido el rito del tálamo, huyó. Se instaló en Ale- Rainiero de Mónaco, con Don Juan Carlos y Doña Sofía mania- -en Baden- Baden, claro- -y allí tuvo al único hijo del matrimonio. Luis II no va por Mónaco hasta que no le queda más remedio. Es decir, a enterrar a su padre. Antes, lucha con honor en el Ejército francés durante la I Guerra Mundial tras haber servido en la Legión Extranjera en Orán. Consigue provocar un inverosímil levantamiento del pueblo monegasco en 1930, que le obliga a dejar de gobernar por medio del telégrafo desde su finca de Marchais e ir a Montecarlo: disuelve el Consejo Nacional y pasa a gobernar por decreto. No se casó hasta 1946, a los 76 años, porque ya tenía resuelta la sucesión. Cuando estuvo en Argelia se había llevado con él a Maria Juliette Louvet, anteriormente recepcionista de un cabaret parisino, con la que tuvo una hija, Carlota. Un antiguo abogado de la familia, que había hecho carrera como presidente de la República Francesa, Raymond Poincaré, convence a Luis II de que reconozca a Carlota. Lo hace y ésta es casada en 1920 con el conde Pierre de Polignac, con el que tiene dos hijos: Antonieta y el ahora fallecido Rainiero. ¿La descendencia de éste? Quizá fuera mejor que habitase en compañía del grimaldichtys profundissimus.