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94 Deportes LIGA DE CAMPEONES CUARTOS DE FINAL, IDA JUEVES 7 4 2005 ABC Lampard libera al Chelsea cuando el Bayern le tenía domado Marcó dos goles, pero un postrero tanto de los alemanes les mete en la eliminatoria CHELSEA BAYERN MÚNICH 4 2 contra el Barça de octavos- Pero el Bayern tiró de oficio para salir adelante, sobreponerse e incluso pasar a controlar la situación hasta el final del primer tiempo, aunque tampoco hizo trabajar en exceso a Cech. El Chelsea, dirigido desde la banda por Clarke, y con Mourinho en paradero desconocido, tampoco se volvía loco. Lo suyo no es atacar, es esperar, salir a la contra y machacar al contrario cuando menos se lo espera. No necesita jugar bien, ni tener el balón para hacer goles. Ayer lo volvió a demostrar. Llegó el Bayern incluso a empatar el partido. Schweinsteiger, que salió en el descanso, cazó un rechace de Cech para colocar el empate en el marcador. En ese momento Lampard se dio cuenta de que tenía que aparecer. Además de gritar a sus compañeros, surgió en escena para hacer el segundo y el tercero. Ahí sí que el Bayern se tambaleó y Drogba que había saltado más que jugado a lo largo del partido aprovechó su ocasión para hacer el cuarto. Demasiado premio, también es verdad, para el juego del Chelsea y dema- Chelsea (4- 2- 3- 1) Cech; Johnson (Huth, m. 63) Carvalho, Terry, Gallas; Makelele, Lampard; Cole (Tiago, m. 84) Gudjohnsen, Duff; y Drogba (Forssell, m. 89) Bayern (4- 2- 3- 1) Kahn; Sagnol, Lucio, Kovac, Lizarazu; Hargreaves, Frings; Salhamidzic (Schweinsteiger, m. 46) Ballack, Zé Roberto (Scholl, m. 75) y Guerrero. Árbitro Rene Tammink (Hol. Amarilla a Drogba, Gallas, Makelele, Carvalho y Schweinsteiger. Goles 1- 0, m. 4: Lucio, en propia meta. 1- 1, m. 52: Schweinsteiger. 2- 1, m. 60: Lampard. 3- 1, m. 70: Lampard. 4- 1, m. 81: Drogba. 4- 2, m. 90: Ballack, de penalty. Makelele protege el balón ante Hargreaves siado castigo para un Bayern que acusó durante todo el partido la ausencia de sus dos delanteros titulares, pues Makaay fue descartado por el médico ayer mismo por la tarde. Celebraba Stamford Bridge la goleada y saboreba las semifinales cuando la eliminatoria volvió a recobrar una imagen digna e interesante con el claro penalti en el área local. Ballack no tembló y ese tanto mantiene vivo a su equipo para la vuelta del martes en el Olímpico. ENRIQUE ORTEGO LONDRES. En este Chelsea que se pasea por la Premier y pretende imponer también su particular estilo de juego en la Champions hay un hombre que marca la diferencia, Frank Lampard. No seré yo quien dude de la paternidad de este equipo. El padre se llama José, se apellida Mourinho, es portugués y ayer ni se le vio, ni se le escuchó porque cumplió su amenaza de no acudir al estadio, salvo que fuera disfrazado y de incógnito. Pero este entrenador diabólico en el que se ha convertido tiene sobre el terreno de juego un hombre vital, clave, imprescindible y lleva el ocho a la espalda. Cuando ayer el Chelsea dudaba de si su fútbol también valía para ser protagonista en la competición continental por excelencia apareció Lampard. Como siempre. Desde la segunda línea. Con esa zancada característica y esa inteligencia natural que le permite estar en el momento exacto en el lugar oportuno. Fue él quien cazó la dejada de Drogba en el segundo gol y volvió a ser él quien remató la faena con otro tercer tanto de los suyos. Ahí no perdona. Remata en cualquier posición y siempre con sentido. Si el Chelsea tiene ahora las semifinales a la vista se debe sobre todo a este jugador que en junio cumplirá 27 años y que está completando la temporada de su vida. Defraudó absolutamente la primera parte. No parecían los líderes de la Premier League y la Bundesliga, aunque el Bayern comparta la posición con el Schalke 04. Y eso que al Chelsea se le puso el partido como le gustan para practicar ese juego antipático pero resolutivo. A los cinco minutos, una carambola- remate de Cole que desvía Lucio al lado contrario de donde se dirigía Kahn- -hizo recordar el partido El Milán pone rumbo a las semifinales En el duelo italiano, el Inter mostró pocos recursos y mal juego ALBERTO CERRUTI MILÁN. Sin racanería ni apego a la insufrible táctica del fútbol patrio, el Milán puso rumbo a las semifinales en el duelo italiano. El Inter enseñó muy poco, especuló con el marcador y armó una defensa que le dejó vendido. Dos espléndidos centros de Pirlo y un cabezazo por barba de Stam y Shevchenko premiaron al Milán. Milán vivió un duelo apasionado, por el que Mancini confesó que pagaría por jugar. San Siro se llenó hasta la última butaca para presenciar en la primera parte la exhibición de Dida, el portero brasileño del Milán que lo paró todo. Un golpe franco de Mihaijlovic, un trallazo de Verón y otro tiro venenoso que invocaba a su escuadra. Para todo tuvo respuesta el cancerbero, que sostuvo a su equipo. Los italianos apañan las cuestiones a su manera. Jugaba mejor el Milán, con más profundidad, toque y precisión, pero el Inter exponía anticipación, rabia y mejor defensa. Y suyas fueron las oportunidades en el primer acto. El balón era del Milán, pero el gol estaba cerca del Inter. La eterna sensación de ventaja con la que siempre juegan los italianos. A través de Pirlo, el Milán negoció MILÁN INTER 2 0 Milán (4- 4- 2) Dida; Cafú (Costacurta, m. 90) Stam, Nesta (Kaladze, m. 70) Maldini; Gattuso, Pirlo, Kaká, Seedorf; Crespo (Ambrosini, m. 83) y Shevchenko. Inter de Milán (4- 4- 2) Toldo; Javier Zanetti, Córdoba, Mihaijlovic, Favalli; Verón (Karagounis, m. 69) Cambiasso, Cristiano Zanetti (Van der Meyde, m. 80) Stankovic; Cruz (Vieri, m. 54) y Martins. Árbitro Alain Sars (Francia) Tarjeta amarilla a Gattuso, Shevchenko, Mihajlovic, Cristiano Zanetti. Goles 1- 0, m. 45: Stam, de cabeza. 2- 0, m. 75: Shevchenko cabecea otra falta. el balón con claridad, sin exponerlo más de la cuenta. Con Seedorf y Kaká, tuvo llegada al área de Toldo. Y con Shevchenko y Hernán Crespo, la posibilidad del remate. Frente a eso, el Inter opuso una batería de lanzamientos lejanos que estuvo a punto de decantar la eliminatoria. Generó menos fútbol, convirtió el partido en un canto a la táctica y esperó que nada sucediese. Quería un abono para el 0- 0 y la casualidad o las manos de Dida flaqueaban, meter el cuchillo. Estaba el partido en esa tesitura cuando Pirlo sacó una falta deliciosa, templada al segundo palo y en clara desventaja para el defensa. Allí acudió el gigante Stam, presto al remate y marcando el salto. El gol hizo naufragar la teórica de Mancini, que de repente vio como el marcador era justo con el juego desplegado. Hay veces que los goles no afectan a los equipos italianos. El Inter siguió jugando igual, como si nada hubiera pasado, a la espera de que un fallo del rival le concediese el gol, la eliminatoria a favor, la ruina del rival. En eso es saludable el Milán. No parece italiano. No especula tanto, no mira hacia atrás. El partido se igualó porque el Inter apretó las clavijas y el Milán se empleó al contraataque. La iniciativa del equipo de Mancini fue desordenada, sin muchos recursos, con un Vieri que salió del banquillo y no es ni la décima parte de lo que fue. Así que Pirlo volvió a dictar sentencia con otro lanzamiento de falta sutil, un bombón que cazó Shevchenko y convirtió en gol. Aún respondió el Inter, como buen italiano, pero el tiro de Martins se estrelló esta vez en el poste.