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62 Cultura JUEVES 7 4 2005 ABC KEN FOLLET Escritor Si no escribes buenas novelas te acaba devorando la televisión Mientras prepara la esperada segunda parte de Los pilares de la tierra Ken Follet nos brinda En el blanco (Grijalbo) un thriller científico sobre la amenaza bacteriológica TEXTO: SERGI DORIA FOTO: YOLANDA CARDO 30 años en los pilares del best- seller De las catedrales medievales a las corporaciones multinacionales. El poder, las guerras y las ambiciones humanas lubrican la maquinaria narrativa de Ken Follet (Cardiff, 1949) El conflicto, dice, es la forma en que interpretamos la vida En su novela más celebrada, Los pilares de la tierra -uno de los libros predilectos de las mujeres lectoras- el autor británico sume al lector en un mundo de reyes, pasiones fulgentes y feroces luchas feudales. El amor y la muerte, como auténticos pilares de ese gran relato en torno a la construcción de una catedral gótica. Desde El ojo de la aguja (1978) esas constantes se reproducen con ropajes diversos: una retahíla de best- sellers que recorren la historia. Recordemos algunos títulos: El hombre de San Petersburgo se sitúa en las vísperas de la guerra de 1914. La clave está en Rebeca y La isla de las tormentas nos transportan, respectivamente, a las ardientes arenas africanas con Rommel y Montgomery frente a frente y todo el aparato del espionaje moviendo piezas en El Cairo. En La isla de las tormentas -otro celebrado título- el escritor galés recrea el desembarco de Normandia y el papel de un espía alemán que consigue averiguar los preparativos, pero no consigue informar al Alto Mando germano. El conflicto árabe- israelí sirve de escenario a Triple novela de acción basada en un hecho real: un agente secreto israelí debe hacer desaparecer un barco que transporta uranio para Egipto. El conflicto de Afganistán late en El Valle de los Leones y la eclosión del islamismo bate Las alas del águila trama en la que aparece el multimillonario presidenciable Ross Perot y el ayatolá Jomeini con el secuestro por las milicias jomeinistas de norteamericanos en Teherán como fondo. Además de las guerras con bombas y ejércitos, Ken Follet recrea en sus novelas las batallas por el poder informativo y económico. En Papel moneda explora las relaciones corruptas que ligan el crimen organizado, las altas finanzas y el periodismo. De su experiencia periodística nace la crónica, hora a hora, de la jornada diaria de un periodista londinense y la crítica de las flaquezas de quienes generan la información o la intoxicación de la opinión pública. En El escandalo Modigliani pone en contacto los intereses económicos con el agitado mundo de los marchantes de arte, los galeristas y los coleccionistas. -Usted sitúa el thriller como género del siglo XXI. -Gran parte de los best- sellers son thrillers En menor medida, novela romántica o westerns Creo que el trhiller es una respuesta al gran asunto del siglo XX: la inquietud ante la violencia. ¿Cuáles son, a su juicio, las claves de un best- seller -En mi caso, dedico la mayor parte del tiempo a la planificación estratégica Luego viene la artesanía del escritor: describir personajes y escenarios de la manera que sean más creíbles para el lector. En el blanco plantea un caso de terrorismo biológico... ¿Cree que las grandes corporaciones científicas pueden ser un elemento de terror, o un poder fáctico que condicione la política de los gobiernos? -No veo a un científico montando un golpe de Estado, la verdad. Lo que sí creo posible es el terrorismo que utiliza métodos científicos. Esta novela nace de un peligro real, de algo que preocupa a todo el mundo. ¿Cómo se documentó? -Había leído varios libros sobre virus, pero cuando te pones a escribir constatas que sabes menos cosas de las que crees. Por eso visité laboratorios donde manipulan sustancias peligrosas. En Suecia, se me prohibió el acceso a uno de esos laboratorios, pero en Canadá no tuve ningún problema. Entrevisté a tres consultores de seguridad: les planteé qué sistema diseñarían en caso de emergencia. En Escocia hablé con la Policía sobre sus planes ante una alarma biológica... Creo que están bien preparados. -En su novela, el edificio de los laboratorios se llama el Kremlin Usted vivió la Guerra Fría... ¿Cómo ve la Rusia poscomunista? -Hace un par de años estuve allí de vacaciones. Es un país asombrosamente pobre: solamente encontré mis libros en tres establecimientos. Tenían manuales técnicos y libros de texto, pero muy poca novela comercial, supongo que por el escaso poder adquisitivo de la gente. Si a eso añadimos que los ricos son una minoría y, además, no pagan impuestos, llegaremos a la conclusión de que Rusia sigue siendo un país muy difícil de gobernar. -Más nombres de su novela. Uno de los personajes secundarios se llama Odette Cressy y el propietario del laboratorio tiene en su despacho un libro de Proust. Dos guiños que nos llevan a plantear si le gusta el autor de la Recherche ¡Claro que sí! Es curioso. La novela apareció hace meses y usted es la primera persona que me habla de eso. Sí, me gusta Proust. Le diré más: lo estaba leyendo mientras escribía En el blanco ¿Qué hace que Los pilares de la tierra guste tanto a las mujeres? -La mayoría de novelas acostumbran a tener protagonista masculi- Ken Follet no. En James Bond, la mujer es un personaje secundario. El protagonismo de mi historia es femenino, por eso tengo tantas lectoras. -Ahora escribe la segunda parte... -Me lo pedían los lectores. He pasado un tiempo rumiando cómo sería la trama y hace un año que estoy manos a la obra: la acción transcurre dos siglos después, en la misma ciudad y la protagonizan los descendientes de los protagonistas... ¿Hacia dónde va el best- seller -Hemos perdido mercado en favor de otras formas triviales de entretenimiento. Hace años, las novelas de acción las compraba un público joven que ahora prefiere los videojuegos y los canales temáticos de televisión. Si no escribimos mejores libros pereceremos: hemos de hacer algo que tenga que ver con las palabras y que no ofrezca el mundo audiovisual. Hemos perdido mercado en favor de otras formas triviales de entretenimiento advierte el autor