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ABC JUEVES 7 4 2005 59 COMUNICACIÓN El New York Times busca a su segundo defensor del lector en la competencia El nuevo ombudsman había trabajado 39 años en The Wall Street Journal b El Times anunció ayer que ÁNGEL RIESGO COMODONES D ¿Qué haría Barney? Al anunciar la elección de Calame como sucesor de Okrent, el director del Times Bill Keller, lo calificó de pilar de la integridad y el sentido común y aseguró que traería al periódico toda una vida de conocimiento en su propia carne de cómo funciona un diario además de un profundo, demostrado compromiso con las más altas exigencias de la profesión. Cuando hace unos meses se jubiló, después de haber llegado a subdirector del Journal Paul Steiger, director de un rotativo Byron E. Calame, prestigioso periodista recién jubilado en The Wall Street Journal uno de sus más directos competidores, será su nuevo defensor del lector ALFONSO ARMADA. CORRESPONSAL NUEVA YORK. El segundo defensor del lector del Times Byron E. Calame, de 65 años, sustituirá a partir del próximo mes de mayo a Daniel Okrent, primer ombudsman o public editor (algo así como el redactor del público) que el periódico nombró para lavar su imagen y someter a escrutinio independiente su propia labor periodística después del escándalo de Jason Blayr, un reportero que se dedicó a fabricar historias que aparecieron frecuentemente en la primera página del prestigioso rotativo sin que los filtros de calidad del diario se percataran hasta que fue demasiado tarde. Estoy seguro de que todavía hay gente (en el Times que le gustaría poner estricnina en mi té confiesa con ironía Daniel Okrent en una entrevista publicada en el último número de Time Out New York Después de haber sido lector del diario por espacio de 40 años y a pesar de no haber sido nunca periodista de un rotativo, Okrent confiesa que no pudo resistir la tentación de aceptar un puesto nada confortable. A fines de este mes habrá completado los 18 meses que establecía su contrato. Okrent ha publicado cada dos semanas severas, rigurosas y desenfadadas críticas del funcionamiento del diario, sin que ni el editor ni el director Byron E. Calame económico editorialmente muy conservador, pero informativamente tan riguroso y crítico como el que más, al margen de quien ocupe el sillón de la Casa Blanca, hizo Daniel Okrent imprimir unas camisetas con la leyenda ¿Qué haría Barney? como era conocido Calame en la redacción en la que era considerado árbitro de la ética y el buen gusto. intervinieran o editaran jamás artículos que a menudo han levantado ampollas, desde sus análisis de la cobertura de la guerra de Irak o la campaña presidencial a la implicación del periódico en los premios Tony de teatro en merma de su necesaria distancia e independencia, desde el abuso de las fuentes reservadas a la coletilla de presuntos expertos que enmascaran opiniones de redactores. Ostentosa transparencia A la hora de aceptar el nuevo puesto, por espacio de dos años, Byron E. Calame confesó ayer a una reportera de su nueva casa que el New York Times había conseguido persuadirle de que pusiera fin a su breve jubilación porque ha hecho una ostentosa muestra de transparencia Tras celebrar la labor de Daniel Okrent, su antecesor en el cargo, dijo que veía su tarea como una oportunidad muy poco usual de servir a los lectores y al periodismo: Cuando el Times me llamó, pensé que era una maravillosa oportunidad para iluminar el buen periodismo y ayudar a hacer mejor periodismo, y esa era una de las cosas que quería hacer en mi etapa de jubilado Ningún medio de comunicación acapara los Pulitzer de este año A. A. CORRESPONSAL NUEVA YORK. Los Angeles Times y el Wall Street Journal ganan cada uno dos premios Pulitzer El destacado titular que el martes recogía esa noticia no pertenecía a ninguno de los dos diarios citados, sino a un tercero, el New York Times quien también obtuvo un Pulitzer, el de periodismo de investigación, que recayó en su reportero Walt Bogdanich por su documentada pesquisa de los accidentes de ferrocarril que ocurren en los pasos a nivel, elaborado y comprobado durante meses. A diferencia de lo que es costumbre en otras latitudes, el Times no dedi- có la noticia a ensalzarse a sí mismo y optó por reservar el cuerpo del titular a la competencia. Al referirse en el tercer párrafo a Bogdanich, recordó que era el segundo Pulitzer que recibía el reportero, después de que en 1988 recibiera uno por trabajos publicados en el Wall Street Journal Los Angeles Times recibió el Pulitzer al mejor servicio público por una serie en la que exponía letales problemas y discriminación racial en un hospital californiano, el Martin Luther King Jr. Drew, que de acuerdo con el periódico tiene una larga historia de perjudicar, e incluso matar, a aquellos a quienes debía atender El segundo galardón del diario angelino lo compartió con Newsday de Long Island, por reporterismo internacional: Kim Murphy, corresponsal del diario publicado en Los Ángeles, por artículos en los que explicaba cómo Rusia hace frente al terrorismo y trata de mejorar su economía; Dele Olojede, ex reportero del Newsday recibió también un Pulitzer por sus reportajes sobre Ruanda y el sufrimiento de los tutsis diez años después del genocidio. El Journal recibió también dos galardones: el primero por la serie de Amy Dockser Marcus acerca de pacientes que han sobrevivido al cáncer; el segundo, Pulitzer a la mejor labor crítica, fue a las manos de Joe Morgenstern, un comentarista de cine que no se muerde la lengua, pero que argumenta con elocuencia sus valoraciones. icen algunos que la publicidad es marcadora de tendencias, que hace cambiar la opinión de la gente y la forma de vivir, de comunicarnos. En algunos casos es verdad pero en otros, lamentablemente, no es así; los publicitarios en los años de consolidación y progreso de nuestro mercado nos hemos acomodado, aburguesado y, en muchos casos, adocenado. No es la publicidad un motor suficiente de cambio o de nuevas ideas y, con excepciones, son otros los que tiran del carro de las tendencias o del progreso, son otros de los que la publicidad bebe. Nos hemos acomodado y estamos esperando que alguien nos marque el camino. En la parte de lo que la publicidad muestra tiene alguna lógica un cierto grado de observación, de realismo; al fin y al cabo la publicidad es demasiado costosa como para que la malgastemos en mensajes que, por su novedad o complejidad, son incomprensibles para la mayoría, muchos creativos de publicidad, en su lucha profesional por la innovación caen en este problema de hacer minoritario el mensaje. Pero el problema principal no está en la falta de innovación de los mensajes en sí sino del cómo los hacemos llegar a los consumidores; ahí hay muy poca innovación, casi nula. Si no fuera así no tendríamos a la televisión, el rey degradado, el mejor medio y al tiempo el más machacado por los excesos, con ese aspecto de diva dada a la bebida a la que inevitablemente me recuerda. ¿No existen otros caminos nuevos para llegar al consumidor? ¿no sería lógico que la presión de la demanda estuviera en los medios emergentes? ¿por qué no hay saturación en Internet o en cine? El motivo es muy simple, los publicitarios nos hemos hecho cómodos. Nadie te despedirá por invertir tu presupuesto en la pequeña pantalla, pero si te atreves a hacer una campaña en Internet con fidelización en el punto de venta, reforzada por acciones en cines y centros comerciales, igual alguien te señala con el dedo, es mucho más difícil de explicar y de justificar. Tendrás muchos más problemas y desde luego, mucho más trabajo. Seguimos en lo cómodo, pero ¿es lo más eficaz? ¿cuánto de eficaz es un anuncio en mitad del bloque del prime time Mejor será no medirlo. Si la eficacia es retornar el dinero invertido con una plusvalía, mejor no hagamos cuentas.