Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
16 En la muerte de Juan Pablo II PEREGRINOS JUEVES 7 4 2005 ABC Desde la estación Termini o el aeropuerto de Fiumicino, o desde el aparcamiento de autobuses del Estadio Olímpico, los cientos de miles de personas que llegan a Roma comienzan un periplo salpicado de apreturas, cansancio y cierta inquietud ante lo desconocido. Pero todo se da por bien empleado si se cumple el objetivo: dar su adiós a Juan Pablo II La agotadora ruta del peregrino P. MUÑOZ. E. ESPECIAL Mantas y bufandas para soportar el frío, todo vale para protegerse de las bajas temperaturas de la noche romana mientras se avanza en la cola para despedirse del Papa ROMA. A las ocho y media de la mañana de ayer, la estación Termini, que pasará a denominarse de Juan Pablo II, era un hervidero de gente. Siempre lo es a esas horas, pero estos días la clientela era muy diferente: personas que venían a participar en la despedida del Papa. Muchos de ellos llegaban en grupos organizados por parroquias, o por los boy scouts otros, con amigos. Incluso había alguna delegación oficial con un cardenal al frente, como el de Viena, doctor Cristoph Schönborn, cuyo tren se había detenido en las vías sobre las nueve y que ya permanecerá en Roma hasta el inicio del Cónclave. La estación, además, tenía ayer otra particularidad: estaba tomada por la Policía; o mejor, por las policías, ya que en este país hasta cinco Cuerpos tienen competencias en materia de seguridad. Era un despliegue amplio, de presencia, como para dejar claro a los delincuentes que habían elegido un mal día para actuar allí. Y también había otros muchos agentes, de paisano aunque localizables si se prestaba una cierta atención, sobre todo cuando utilizaban los equipos de transmisiones de sus coches camuflados. Muchos de los grupos llevaban una suerte de guía, que enarbolaba cualquier cosa para indicar la posición. El primer destino, claro, era la plaza de San Pedro, el epicentro del mundo estos días, el corazón del catolicismo. Y para ir hasta allí lo mejor era el autobús, cuyas líneas se han reforzado. Todos los vehículos de servicio público en los que aparecían las palabras piazza di San Pietro eran tomados por los recién llegados, ávidos de acudir al Va- AP ticano. Algunos, como el de la parroquia de Fiesone, una localidad próxima a Florencia, y que estaba formado por 150 peregrinos, tenían cierta prisa, porque debían volver a casa esa misma noche y querían dar su último adiós al Papa. ¿Cuatro horas y media de cola? Lo firmo ahora mismo aseguraba uno de los fieles excursionistas. Otros, sin embargo, se lo tomaban con más calma, como un grupo de amigos de Campani, en Nápoles, quienes tenían previsto permanecer en la ciudad cuatro días. Ni siquiera sabían dónde dormir, si acabarían acercándose a alguno de los campamentos montados por las autoridades: Lo haremos en cualquier sitio, o si es necesario bajo las estrellas decían. A su favor, el estar equipados con buenos sacos de dormir. Una monja es evacuada tras sufrir un problema médico EPA Particular homenaje A la salida de la estación ya estaba instalado un centro médico de asistencia sanitaria, y la Guardia Forestal repartía cientos de botellines de agua. Cada día se están distribuyendo 140.000 litros. Los autobuses iban atestados, y eso sí era un problema, porque se sabe que carteristas de todo el país han llegado a Roma para dar su particular homenaje al Santo Padre. En cualquier caso, el sentimiento general era de confianza hacia el prójimo. Mientras, en Tor Vergata, donde se celebró Fieles polacos salían ayer en tren desde Cracovia rumbo a Roma AFP Autobuses gratis salen hacia San Pedro desde las zonas habilitadas para los fieles