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ABC JUEVES 7 4 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Será que en aquel momento el fantasma de Tejero apareció volando por el hemicirco y ordenó con voz rotunda: ¡Se sienten, coño! ¡SE SIENTEN, COÑO! L DARÍO VALCÁRCEL En estos 20 años Roma ha pedido perdón en 83 ocasiones: a judíos, luteranos, islámicos. La iglesia, una organización al fin y al cabo dirigida por hombres, ha cometido injusticias a lo largo de los siglos. No conocemos otras comunidades que hayan pedido perdón GUERRA, PAZ, RELIGIONES, DERECHOS OS doctores en teología y moral harán su balance sobre Juan Pablo II. Nosotros bajamos al plano terrenal: la influencia del papa Wojtyla en las relaciones internacionales. Más acá de su misión espiritual, la iglesia de Roma es una red física extendida por medio mundo. A diferencia de otras religiones, la iglesia romana tiene una cabeza visible. La dignidad centroeuropea de este papa parecía unida a su destino trágico: en 1981 le disparaba sin matarle, en Roma, un terrorista de la extrema derecha turca, Mehmet Alí Agca, posiblemente dirigido por el comunismo búlgaro más duro. En su hora final no destacaremos, como ha hecho Hans Küng en su severa y razonada crítica, los rasgos más conservadores sino la independencia intelectual que le llevaba a hacer frente a grandes poderes establecidos, con ímpetu y convicción titánicos, frente a problemas aparentemente insolubles. Juan Pablo II mantuvo tres causas: Contra la guerra. Karol Wojtyla había sido testigo directo de la doble invasión de Polonia. Su papado mantuvo una posición inquebrantable contra la cultura del odio, de la muerte y del exterminio del adversario. Defendió la paz en Israel y Palestina, en los Balcanes, en Sudán, en Camboya, en Ruanda... Toda gran potencia lo es porque dispone de medios de amenaza para evitar la guerra. En nuestro tiempo, todo enfrentamiento armado es cien, mil veces peor que el mal que lo provoca. No se pueden emprender guerras en nombre de Dios. En incontables ocasiones Juan Pablo II se alzó contra el terrorismo, sobre todo contra el terrorismo indiscriminado y masivo de Nueva York, Madrid, Bali, Estambul... Pero se alzó igualmente contra las peores respuestas, sobre todo contra la invasión de Irak ordenada por George W. Bush en 2003. En defensa de la libertad de conciencia. Los derechos del hombre deben anteponerse a todo otro derecho. La L cultura es el motor de la historia, el esfuerzo de cada hombre grabado de forma misteriosa en la sociedad. Las culturas forjan a los pueblos con mayor fuerza que la economía o la política. Es difícil que un régimen tiránico pueda prevalecer sobre una verdadera resistencia cultural. Un gran ejemplo de resistencia es Polonia en el siglo XX, superviviente del comunismo gracias a la cultura. Juan Pablo II mostró también su rechazo al peor capitalismo, el que acaba por mentir, ocultar y manipular, Enron, WoldCom, Parmalat... Acuerdo entre las religiones. La paz en el mundo empieza por la paz entre las religiones. Toda gran religión tiene un componente de verdad. Los encuentros de Juan Pablo II en Asís con grandes rabinos, prelados anglicanos, monjes budistas, obispos ortodoxos, autoridades brahmánicas, clérigos musulmanes, desencadenaron las iras de la extrema derecha. Cada cual, repitió Juan Pablo II, ha de aportar su porción de sacrificio, su parte de verdad y de esperanza. Fue un mensaje no sólo poético sino profético, anticipador. En estos 20 años Roma ha pedido perdón en 83 ocasiones: a judíos, luteranos, islámicos. La iglesia, una organización al fin y al cabo dirigida por hombres, ha cometido injusticias a lo largo de los siglos. No conocemos otras comunidades que hayan seguido su ejemplo. Willy Brandt se arrodilló en Auschwitz pero no pidió perdón en nombre de Alemania. Vladimir Putin no ha pedido perdón por los nueve millones de muertos de Stalin, ni por las matanzas de Chechenia. América mantiene su posición sobre el fuego nuclear lanzado sobre Japón en 1945. Juan Pablo II ha pedido perdón por los abusos cometidos no sólo por torpeza sino por arrogante fanatismo: desde la bendición de las cruzadas hasta las hipocresías de la Francia católica durante el affaire Dreyfus. O que les pasa a algunos políticos de estas Batuecas celtibéricas no es otra cosa más grave que un achaque de paletismo aldeano y un acceso de mala educación. Es un padecimiento de escasa importancia, nada de mal de morir, que sufren sobre todo los sujetos políticos, zoones politikones, que se escoran hacia la izquierda, pero eso no quiere decir que no aparezcan a veces algunas muestras por el centro y por la derecha. En realidad, esos batuecos pertenecen a la especie de españoles que Antonio Machado definió como atónitos palurdos Obviamente, estoy refiriéndome a esos diputados (santo Dios, lo que sale de vez en cuando de las urnas) que se quedaron sentaditos en sus escaños durante el minuto de silencio que el presidente del Congreso pidió como homenaje al Papa muerto. Nada, ni minuto de silencio ni ponerse de pie, aunque fuese apoyados disimuladamente en el asiento como hacen los canónigos del coro cuando descansan las reverendísimas posaderas en eso que llaman la misericordia Como si estuviesen jugando al corro, achupé, achupé, sentadito me quedé Y que se enteren el Papa, la Intemerata y el mismísimo Sursuncorda de que un diputado diputada de Esquerra Republicana de Cataluña, o del Partido Comunista, o de los Verdes y no digamos del Partido Socialista Obrero Español, Rama del Federalismo Asimétrico Maragaliano, no se levanta de su asiento porque al presidente se le ocurra que hay que hacerle un homenaje a un cura por muy papa que sea. No se han hecho los tafanarios, los rulés, los rabeles, los ilustres culos, o sea, de Sus Señorías republicanas o socialistas para alzarse así como así una vez que se encuentran confortablemente asentados en el lugar soberano donde les colocó el pueblo. Los nombres de esos diputados y diputadas deberían ser grabados con letras de oro en una placa, también de oro, ¿será por oro? y que quede instalada en un lugar de honor del Congreso como recuerdo de un acto de independencia heroica de los representantes modélicos del poder legislativo frente a las presiones de las fuerzas reaccionarias de la Iglesia o de cualquier otra potencia fáctica. Dejo aquí escritos con respeto, devoción y admiración, para ejemplaridad de las generaciones venideras e imitación de las actuales, los nombres de Joan Puigcercós, Joan Tardá, Agustí Cerdá, Rosa María Bonás, Jordi Ramón, Elisenda Malaret, Monserrat Colldeforns, Joan Herrera y Carme García. Puigcercós no se levanta ni para Dios. Tardá y Cerdá, ninguno de los dos se alzará. La Bonás no levanta lo de atrás. Ramón, el del culo comodón. La Elisenda no tiene enmienda. Monserrat, trasero reposat. Herrera, descansa la posadera. Y la García, tendida por la noche y sentada por el día. Ha sido una estampa histórica esta de los nueve diputados y diputadas permaneciendo sentados y sentadas en sus legislativos escaños mientras todos los demás miembros de la legislatura se levantaban como corderos a la insinuación del señor presidente. ¿O será que en aquel momento el fantasma de Tejero, con su traje verde y su tricornio negro, apareció revoloteando por el hemicirco y ordenó con voz rotunda: ¡Se sienten, coño!