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64 MIÉRCOLES 6 4 2005 ABC Toros FERIA DE ABRIL El catalán Marín cambia seis lances y doce pases de seda por una oreja de ley Real Maestranza de Sevilla. Martes, 5 de abril de 2005. Quinta corrida. Más de media plaza. Toros del Conde de la Corte y María Olea, muy hondos, serios y armados; destacó la clase del 3 antes de rajarse, en un conjunto manso y agrio. Luis Miguel Encabo, de purísima y oro. Tres pinchazos y estocada atravesada (silencio) En el cuarto, estocada algo tendida (saludos) Fernando Robleño, de azul marino y oro. Media atravesada y cuatro descabellos (palmas) En el quinto, media atravesada y seis descabellos (palmas) Serafín Marín, de purísima y oro. Estocada (oreja) En el sexto, estocada baja (palmas) rín con la calidad y el temple del toro del Conde de la Corte, antes de que se rajase sin remisión. Eso y un espadazo valieron una oreja de ley. Fue el único condeso que proporcionó opciones (breves) de triunfo, una brevedad en la muleta que se podría estirar y ampliar si se cuentan los tres quites- -dos de Marín, uno por chicuelinas, y otro de Encabo abrochado con enorme media- -en los que embistió con agrado. En la botica del Conde se encontraron más purgas que fórmulas balsámicas, y a mí me parece que el personal no se enteró mucho de la corrida que se despacharon con profesionalidad y sin volver la cara los tres matadores, una tía, por cierto. De hecho, sorprendió que apenas sonaran algunas palmas cuando Luis Miguel Encabo recogió y paró en los mismos medios, lejos de cualquier trinchera, al manso cuarto. Hay algún torero figurón que nunca ha pasado de la primera raya con el capote... Serafín Marín se mostró muy firme ante la agresiva cornamenta del último de la tarde, que parecía media luna desjarretadera abandonada en manos de una mente perversa. Los buenos pu- Robleño y sus compañeros despacharon sin volver la cara un corridón yazos de Tito Sandoval corrigieron poco las intenciones bárbaras. Los parones sobrecogieron, y las tarascadas, y los frenazos. Marín anduvo muy fresco, despejado y sereno. Fernando Robleño se escapó de milagro- -ya a portagayola- -con un lote asesino. El segundo de ellos le tiró un derrote seco y certero como para que le hubiera cercenado el brazo como a un muñeco de trapo; el anterior se arrancaba a oleadas, y sólo la generosidad y el valor de Robleño en la distancia le ayudaron a desplazarse con mayor recorrido, siempre con la mirada por encima de la muleta. La poca efectividad de dos medias estocadas atravesadas trajo el descabello y su fallido uso. Después, la frialdad. J. M. SERRANO ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. Se asentó sobre los talones Serafín Marín y voló el capote a la verónica. De salida. Pero es que todavía marchó para los medios en una alfombra rosa de lances parsimoniosos, lentos, dibujados a cámara lenta con soberbio gusto, las manos bajas, y una media que se eternizó en las gargantas de la afición. No serían más de seis, las verónicas, y doce, por redondear, los muletazos preñados de clase y categoría con los que se reunió el catalán Ma- Encabo acabó por saludar desde el tercio aprovechando el tirón de algunas palmas tras matar de una al mencionado cuarto, de nombre Chicuelo I ¡Vaya respeto a la Historia del Toreo! Y había otro bautizado como Chicuelo II Puestos a faltar, alguien dijo que la corrida, más que del Conde y Olea, era de guasa y oleá Apagadas llevaba la guasa y la oleá el que abrió plaza con su escaso fuelle, sin tranco ninguno desde los lances primeros. Así que de Encabo quedó la responsabilidad con que llevó la lidia- -las ligeras banderillas no calaron- -y dos tandas de derechazos a Chicuelo I (manda huevos) que ni arrancaron la música de la inmóvil batuta de don Tristán.