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ABC MIÉRCOLES 6 4 2005 41 Tres dias de enfrentamientos en Arabia Saudí entre las fuerzas de seguridad y milicianos islámicos Mahmud Abbas tiene lista la carta de destitución del primer ministro palestino, Ahmed Qurea El último contratiempo de una boda que parece estar maldita lo ha constituido el aplazamiento al sábado del enlace entre el Príncipe de Gales y Camilla Parker Bowles para evitar la coincidencia con el funeral por el Papa Una boda gafada TEXTO: E. J. BLASCO FOTO. EPA LONDRES. Si en más de una ocasión se ha presentado al Príncipe Carlos de Inglaterra como un personaje gafado, la carrera de obstáculos de su boda con Camilla Parker Bowles podría venir a confirmar esa imagen. Y habrá que cruzar los dedos para que de aquí al sábado no ocurra ningún otro contratiempo. Nadie contaba, por ejemplo, que un suceso en la Iglesia Católica fuera a trastocar la boda del que debe ser cabeza de la Iglesia de Inglaterra. Ni que su cambio de fecha viniera propiciado por un primer ministro firme partidario del enlace, ni del mismísimo primado de la Comunidad Anglicana, que ha puesto en juego su prestigio para bendecir un matrimonio que no ha permitido contraer ante el altar. Ambos, Tony Blair y el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, deseaban estar en Roma el próximo viernes y aconsejaron al Príncipe Carlos de un aplazamiento que él también acabó considerando conveniente, por más que en un principio sus portavoces calificaron de inamovible a pesar del fallecimiento de Juan Pablo II. No imaginaron el enorme impacto mundial de ese acontecimiento, que hará que por primera vez en la historia un primer ministro británico en el cargo y un primado anglicano acudan al funeral de un Papa. no en un pequeño registro del Ayuntamiento de esa población) la polémica sobre el título de Reina consorte que le corresponderá a Camilla Parker Bowles cuando el Príncipe Carlos acceda al trono y al que no podrá renunciar, como se anunció, sin mediación de una ley especial; la confirmación del Gobierno de que tras la boda ella será Princesa de Gales, en disputa con el recuerdo de Lady Diana, por más que sea llamada Duquesa de Cornualles; las mismas dudas que se extendieron al principio sobre la validez de una matrimonio civil en Inglaterra para un miembro de la Familia Real... Modificación de la hora El aplazamiento de la boda ha obligado también a una modificación de la hora de la presencia de la pareja ante el notario del Ayuntamiento de Windsor. En lugar de las 13.30 será a las 12.30, con el fin de no interferir en las otras tres matrimonios que se celebrarán ese día en el mismo lugar. Con ello, los recién casados deberán luego esperar una hora hasta que a las 14.30 comience el acto religioso de bendición en la Capilla de San Jorge del Castillo. La maldición de la boda quedará para siempre grabada en miles de recuerdos conmemorativos que se han preparado para la ocasión. Muchos de los objetos que ya han comenzado a venderse- -desde cucharas de plata y platos de porcelana a banderolas, carteles y bolígrafos- -tienen inscrita la fecha del 8 de abril. Ni la premura de tiempo ni el interés económico permite sustituirlos por otros en los que aparezca la verdadera fecha, el 9 de abril. No obstante, esa anomalía supone un valor añadido para los coleccionistas, según decía ayer The Times, que recordaba el interés que suscitaron los recuerdos preparados para la boda de Eduardo VIII, que no llegó a celebrarse al tener que abdicar para poder contraer matrimonio con una divorciada. El más serios revés Tampoco era previsible que el más serio revés para los planes de boda fuera protagonizado por la Reina Isabel II, con las condiciones puestas a su hijo en los detalles de la celebración- -límite de invitados; recepción en lugar de banquete, que deberá haber acabado a las seis de la tarde- -y sobre todo con su decisión de no acudir, ni ella ni su marido, a la ceremonia civil. El rosario de despropósitos no es corto. Además de los señalados, está el cambio de escenario del enlace (no en el interior del Castillo de Windsor, si- Los miles de recuerdos conmemorativos preparados para la ocasión llevarán la fecha errónea del ocho de abril al no haber ya tiempo material para sustituirlos