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ABC MIÉRCOLES 6 4 2005 En la muerte de Juan Pablo II ANÁLISIS 25 Arrecian las críticas a Kirchner por no ir a los funerales del Papa La decisión del presidente Nestor Kirchner de no asistir a los funerales por Juan Pablo II, -y tampoco a la misa oficiada el lunes por el cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio- provocó en Argentina fuertes críticas de la oposición. La actitud del jefe del Estado tampoco fue bien comprendida por una sociedad que no olvida la decisiva intervención del Pontífice durante el conflicto con Chile en 1978, informa Carmen de Carlos. POLONIA CONSIGUIÓ EL REY CON EL QUE SOÑABA ADAM MICHNIK Director del diario de Varsovia Gazeta Wyborcza EFE Castro vuelve a la catedral tras décadas El presidente de Cuba, Fidel Castro, asistió ayer a una misa en la catedral de la Habana, un lugar en el que no entraba desde hacía décadas, en homenaje al Santo Padre, al que calificó de amigo El mandatario y su hermano Raúl Castro, ministro de Defensa, también se desplazaron hasta la Nunciatura para firmar en el libro de condolencias. Nos duele tu partida, inolvidable amigo y deseamos con fervor que tu ejemplo perdure escribió Castro. a transformar Europa. El sociólogo Andrzej Rychard dice en la prensa que logró combinar un renacer del orgullo nacional con un espíritu de modernidad y tolerancia a otras culturas lo que ha enganchado a los jóvenes. Esto Polonia lo necesita mucho y Kolarska- Bobinska dice temer un retroceso Miles abordan en estas horas autobuses, trenes y aviones: un millón de personas cliquearon la web de ferrocarriles en los primeros minutos de anunciarse trenes especiales. Sé que va a ser el viaje más importante de mi vida decía una joven bibliotecaria en Cracovia. Hasta dos millones- -un 6 por ciento de la población- -tienen dispuesto viajar a Roma, según estimación del gobierno. En un postrer intento de religar al Pontífice con su patria, la alcaldesa de su pueblo, Ewa Filipiak, viajó ya ayer con una saca de tierra recogida junto a su casa, a fin de que la cara tierra de Polonia lo cubra en su tumba de San Pedro. ivimos en la época de Juan Pablo II- -porque de esa manera será conocido el último cuarto de siglo- la época del Papa que cambió la Iglesia Católica, que cambió Polonia, que cambió el mundo. En último término, que nos cambió a cada uno de nosotros. Sabemos que nos cambió a mejor, porque apelaba a aquello que en cada hombre es bueno y noble. Nos mandó, sin embargo, que renunciáramos a lo que es infame y mezquino, aunque fuera circunstancial. Cerramos los ojos y vemos a Juan Pablo II en la ventana de la plaza de San Pedro en Roma, el 16 de octubre de 1978, y escuchamos el inolvidable grito de júbilo: Habemus Papam Y después, en Varsovia y en Gdansk, en la época del estado de guerra. Y en el Sejm (el Congreso) ya cuando Polonia era democrática e independiente, en gran medida gracias a Juan Pablo II. Czeslaw Milosz anotó en su diario, el 1 de septiembre de 1988: En el día de su necesidad, Polonia consiguió su rey, y aquél con el que soñaba no implicado en la chillona realidad política. Su capital fue primero Cracovia, en los ambientes de Tygodnik Powszechne y Znak Después, en Roma. El rey llevaba consigo la fe mesiánica, el convencimiento profundo de que existe el país del espíritu En otra ocasión, Milosz dejó escrito: Entre los hombres de Estado, monarcas, líderes del siglo XX, no hay ninguna figura que responda al perfil de nuestra real majestad, excepción hecha de Karol Wojtyla. Sólo él podría representar en verdad a los reyes de Shakespeare Juan Pablo II defendió lo que no es cambiable en un mundo cambiante: fue- -en esa misma medida- -el Papa de la dura defensa de los principios y el donante permanente de la misericordia para los descarriados. Fue el Papa del testimonio, y el Papa de la diplomacia, aunque mucho más del V testimonio que de la diplomacia. Fue el Papa que enseñó el valor y el heroísmo, pero que entendía bien el sentido del compromiso en la vida pública y que advirtió de la lógica mortal de la venganza. Fue signo de la época, y signo de la resistencia frente a su época. Dijo a su tiempo: Sí, sí; no, no Supo perdonar y enseñó el arte del perdón. La vez que visitó en prisión a su asesino frustrado permanecerá para siempre como el símbolo para el mundo del mensaje cristiano. Supo también pedir perdón a quienes la Iglesia había herido: cristianos de otras confesiones, fieles del Islam, judíos. Puso metas altas: a sí mismo, a la Iglesia, al mundo. A todos. Por eso a veces encontraba oposición. Pero nunca la palabra en contra cambiaba la estima y la admiración por el sucesor de Pedro en Roma. Siempre fue el apóstol de la fe, la esperanza y el amor. Conoció personalmente los dos demonios más terribles del siglo XX: el totalitarismo nazi y el totalitarismo comunista. El infierno de Auschwitz y el de Kolyma (Siberia) acompañaron ininterrumpidamente su enseñanza. Por eso entendía el peligro de las dictaduras y el lazo íntimo que une la mentira con la violencia. En la época de la guerras religiosas y étnicas, y del odio, predicó la necesidad de la reconciliación y del perdón, y tozudamente transmitió su signo de paz. Para nosotros, gente con raíces en la oposición democrática, del Comité de Defensa de los Trabajadores y de Solidaridad, Juan Pablo II fue la antorcha luminosa de la verdad y de la libertad en un mar de hipocresía, de conformismo y de miedo. Hoy estamos tristes. La máxima autoridad de los polacos ya no se podrá dirigir más a nosotros con palabras de consuelo y dirección. (Traducción: José Grau) Gazeta Wyborcza