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20 En la muerte de Juan Pablo II LA RELACIÓN CON OTRAS RELIGIONES MIÉRCOLES 6 4 2005 ABC Fue el primer Papa en pisar una sinagoga (la de Roma, en 1986) estableció relaciones diplomáticas entre el Vaticano e Israel (1993) pidió perdón a los judíos en nombre de todos los católicos ante el Muro de las Lamentaciones (Jubileo de 2000) El Gran Rabino cristiano de Roma JUAN CIERCO CORRESPONSAL Dejando una nota manuscrita de perdón en el Muro de las Lamentaciones AP JERUSALÉN. Dios de nuestros padres que escogiste a Abraham y a sus descendientes para llevar tu nombre a las naciones: estamos profundamente apenados por el comportamiento de quienes, durante el curso de la Historia, han hecho sufrir a tus hijos y te pedimos perdón Este puñado de sentidas palabras, escritas en una cuartilla a la postre colocada entre dos piedras del Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado del judaísmo, sirvieron para abrir de manera definitiva el corazón de los judíos del mundo entero a Juan Pablo II. Su gesto, de recogimiento ante el Muro, de oración íntima, de perdón colectivo de los católicos al pueblo judío por el daño causado a lo largo de la Historia, conmovió a casi todos por igual. Fue, sin duda, una de las fotografías que el tiempo nunca borrará de su prolijo Pontificado. Pero muchos judíos, algunos desde su más tierna niñez, otros en su terrible adolescencia, ya habían abierto su corazón hace muchos años a Karol Wojtyla. Otros lo hicieron con el tiempo. Antes incluso de su visita a Tierra Santa durante el Jubileo del año 2000, antes incluso de descubrir los documentos históricos y secretos del Vaticano sobre la Shoah, el Holocausto. No era para menos. El Santo Padre fue el primer Papa en visitar en el año 1979 el campo de concentración de Auschwitz, en arrodillarse ante la lápida, escrita en hebreo, en honor de los judíos allí exterminados por los nazis. Fue el primer Papa, asimismo, en pisar una sinagoga, la de Roma en 1986, en un gesto tan histórico como otros muchos que tuvo hacia la religión judía, siempre reticente en sus relaciones con los jerarcas católicos por el peso de un pasado nada común. Allí rezó unos minutos, meditó otros y se refirió a los judíos con unas palabras que no cayeron en saco roto, mucho menos en Tel Aviv: Nuestros hermanos mayores... Gracias a esos gestos, a esas palabras, comenzó un diálogo cada día más fluido entre Israel y el Vaticano. Gracias a ese diálogo se anunciaría el 30 de diciembre de 1993 el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos Estados. Samuel Hadas fue el pri- mer embajador de Israel ante el Vaticano entonces, y recuerda que lo que el Papa hizo desde el comienzo de su Pontificado fue un largo, complejo pero fructífero peregrinaje hacia la reconciliación con los judíos Recogimiento ante la llama eterna Ese peregrinaje, sin duda, tuvo su momento cumbre en la visita a los Santos Lugares en el año 2000. El viaje tuvo una enorme repercusión para los cristianos y católicos de todo el mundo por razones obvias. Pero provocó aún más honda impresión entre los judíos de Israel, hasta ese momento poco atentos a la figura del Papa de Roma. Juan Pablo II era, por supuesto, consciente del reto y no ahorró esfuerzos, ni gestos, ni palabras, ni hechos. El Papa se recogió en solitario ante la llama eterna que recuerda en el Museo del Holocausto (Yad Vashem) a los seis millones de judíos asesinados en el Holocausto por los nazis. Y, sobre todo, pidió perdón en el Muro de las Lamentaciones. También fue el primer Papa en nombrar a un obispo específico, el padre Jean Baptiste, para la comunidad católica hebrea, un obispo que nació en Argelia como judío y se convirtió con los años al cristianismo. Era un amigo de Israel y del pueblo El Papa se arrodilló en la gruta de la iglesia de la Natividad en marzo de 2000 AFP Gracias a esos gestos, a esas palabras, comenzó un diálogo cada día más fluido entre Israel y el Vaticano