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100 MARTES 5 4 2005 ABC Deportes La avalancha de gente que intentaba acceder al césped provocó el caos y se produjeron imágenes dantescas REUTERS Veinte años después de la tragedia de Heysel, Liverpool y Juventus se enfrentan de nuevo con los 39 muertos en el recuerdo. En los prolegómenos de la final de la Copa de Europa de 1985, lo que debía ser una fiesta del fútbol se convirtió en una pesadilla por unos hooligans ebrios Llevaban pistolas, pistolas de gas, hay muertos... TEXTO ENRIQUE ORTEGO LIVERPOOL. Llevaban pistolas, pistolas de gas. Al principio no corríamos porque tiraban piedras, botellas, botes, pero yo me asusté cuando vi las pistolas. No sabíamos qué hacer... Hay imágenes y palabras que no se olvidarán nunca. Aunque estén a punto de cumplirse veinte años desde aquel 29 de mayo de 1985. Lo tengo delante. Se llama Massimo, está entre los 25 y los 30 años, es moreno, muy moreno, y tiene la cara, la camisa y el pantalón salpicados de sangre. Nadie sabe cómo ha llegado hasta la tribuna de prensa, pero no es el único. Otros compatriotas italianos también toman al asalto nuestros teléfonos fijos- -entonces no había móviles- -para hablar con sus domicilios. Mamma, soy Massimo, estoy bien, estoy bien, pero hay muertos, tenían pistolas, tenían pistolas... Entonces fue, media hora larga después de producirse la batalla campal entre hooligans y tifosi -ante la pasividad primero y la inoperancia después de una Policía belga desbordada siempre por los acontecimientos- cuando los periodistas presentes en Heysel comenzamos a valorar la trascendencia de la tragedia. Hasta entonces desde nuestra posición veíamos muchos cuerpos tirados, inmóviles, pero no queríamos pensar que podían estar muertos. Estábamos tan abrumados y asustados co- mo todos los presentes en el estadio. El rostro desencajado de Massimo parecía presagiar la desgracia. Claro que había muertos, 39 hubo, 32 italianos y siete ingleses, aunque alguno de ellos no murió en el estadio, sino después en los hospitales. Y 400 heridos. Fue dantesco. Bruselas había vivido un día de bochorno propio de la época. Italianos- -la mayoría- -e ingleses invadían la capital belga. El Liverpool buscaba su quinta Copa de Europa y acercarse al Real Madrid, que entonces seguía plantado en las seis. El Juventus buscaba la primera, después de haber perdido dos finales, para reunir en su vitrina las tres competiciones continentales. Quedaba una hora para que comenzara el partido, fijado para las 20,15, pero el estadio estaba lleno. Sólo se veían claros en el fondo de la izquierda, el sector Z, entradas que la UEFA había vendido en Bruselas y que por tanto podían ser adquiridas por aficionados de ambos equipos, aunque había mayor presencia de italianos porque su colonia en la capital belga era superior. En un abrir y cerrar de ojos un puñado de hooligans -trascendía de la denominación de supporters -saltó una valla metálica desde el sector V y cargó contra los aficionados italianos. No era contra los más radicales, que estaban colocados con el núcleo de los Así fue el partido Juventus Favero Brio 29 05 1985 Daina (Suiza) Tacconi Scirea Cabrini Bonini Tardelli Briaschi Platini (Prandelli) Boniek Rush Whelan Nicol Neal Rossi (Vignole) Walsh (Johnston) Dalglish Begin Wark valla de cemento que después cedió y fue la causa de muchas muertes. Era incluso cómico ver a los policías correr ante el asalto de los bárbaros. El mundo al revés. Los italianos también corrían despavoridos y en esa huida llegó la tragedia. Como por arriba no podían saltar, muchos buscaron la salida del terreno de juego. Allí quedaron atrapados. Unos pisaban a otros. Cuando el grueso de la Policía entró en el estadio ya era demasiado tarde. Pese a todo, el partido se jugó Todo lo demás ya forma parte de la Historia. Heysel pasó de ser un estadio a una fortaleza con la llegada del Ejército. Policía a caballo, helicópteros... Las noticias fueron confirmando los fallecimientos y el cónclave entre el Gobierno belga, las fuerzas del orden, la UEFA y los representantes de los dos clubes decidía que el partido se disputase para evitar males mayores. ¿Qué peores males podían pasar además de esa treintena de cadáveres que yacían en las tripas del estadio? Por los altavoces, los dos capitanes se dirigieron a los aficionados, Neal y Scirea. Tranquilidad, no respondáis a las provocaciones acertó a decir el italiano, mientras las palabras del hombre que se disponía a disputar su sexta final Hansen Lawrenson (Guillespie) Grobbelaar Liverpool llegados desde Turín. Allí había familias enteras y eran cargas militares con todo tipo de lanzamiento de objetos. La Policía, los escasos efectivos que estaban dentro del estadio porque el ochenta por ciento, como se supo después, se encontraban fuera con orden de no entrar hasta que quedaran diez minutos para el partido, apenas pudieron persuadirles. Es más, en las siguientes cargas los ingleses arrinconaron a los policías contra la insuficiente