Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
28 En la muerte de Juan Pablo II ENTREVISTA MARTES 5 4 2005 ABC MANUEL MONTEIRO DE CASTRO Nuncio de Su Santidad en España La respuesta del pueblo español ha sido y está siendo insuperable MADRID. Desde que el pasado sábado Juan Pablo II entregó su cuerpo a Dios, la Nunciatura Apostólica en España se convirtió, junto a la catedral de La Almudena y la plaza de Colón, en uno de los puntos de encuentro de los católicos madrileños. El pasado domingo, Sus Majestades los Reyes, en representación del pueblo español, quisieron ser los primeros en mostrar sus condolencias ante el representante del Papa en nuestro país, el arzobispo portugúes Manuel Monteiro de Castro. El Nuncio de Su Santidad, quien ha colaborado con Juan Pablo II desde los primeros años de su Pontificado, atiende a ABC con evidentes gestos de cansancio, que no le impiden resaltar la figura de Karol Wojtyla en la historia de la Iglesia mientras recibe a la práctica totalidad del Cuerpo Diplomático acreditado en España, quienes ayer presentaron sus respetos al representante del Papa, al igual que miles de madrileños. ¿Cómo se enteró de la noticia? -Nos llegó una nota de la Secretaría de Estado, pero como es natural todos estábamos pendientes de las noticias a través de los medios de comunicación. Cuando me llegó la noticia, reconozco Hemos tenido que dejar las puertas abiertas confiesa el Nuncio en España, quien ha colaborado con el Papa desde el inicio de su Pontificado TEXTO: JESÚS BASTANTE FOTO: JAIME GARCÍA que fue un momento muy emocionante para todos. -Estamos viendo una constante aparición de fieles para firmar en los libros de condolencia que la Nunciatura ha dispuesto. -La respuesta del pueblo español ha sido y está siendo insuperable. Están acudiendo a Nunciatura centenares de personas, que dejan mensajes emocionantes y de agradecimiento al Santo Padre. Hemos tenido que mantener las puertas abiertas al mediodía, y no sé si habrá que volver a hacerlo esta noche, porque en ningún momento del día han dejado de aparecer muestras de cariño por parte de los españoles. La visita de Sus Majestades los Reyes, el pasado domingo, puso de manifiesto la estrecha relación de amistad del pueblo español con el Papa y con la Iglesia. ¿Cuál es su recuerdo personal de la figura de Juan Pablo II? -Como sabe, trabajé personalmente con el Papa, y lo recibí- -como agregado de la Nunciatura- -en la visita que hizo a México en 1979, un viaje que proyectó la figura del Santo Padre por todo el mundo, debido a las difíciles circunstancias por las que pasaba México en aquellos años. Más tarde, también tuve oportunidad de volver a darle la bienvenida, ya como Nuncio, en sus viajes a Namibia, El Salvador y en mayo de 2003 aquí, durante su quinta visita a España. Hubo una relación muy estrecha, tanto por mi condición de representante papal como en lo personal. Recuerdo perfectamente cómo Juan Pablo II recibió a mis padres en el 50 aniversario de su matrimonio, celebrando la misa en portugués. ¿Qué valores deja este Papado? -En mi opinión, Juan Pablo II despertó la conciencia del mundo entero sobre ciertos valores inalienables, que son los valores de la persona humana. Su dignidad, su libertad, la justicia, la solidaridad... En cuanto a una frase que resumiera su Pontificado, pienso que para nosotros los cristianos, pero también para el resto de hombres y mujeres, fue especialmente relevante lo que Juan Pablo II dijo cuando tomó posesión como Papa: Abrid las puertas a Cristo, de par en par. ¡No tengáis miedo! Y eso es lo más importante para el hombre de ayer, de hoy y de siempre: abrirse a Dios, dejar que Dios entre en su vida, porque le va a transmitir paz, tranquilidad, fortaleza, serenidad... cosas que no puede ofrecer ningún otro valor. -Valores que el Pontífice hizo suyos hasta su fallecimiento. -Efectivamente, el Papa llevó estas ideas desde su primera encíclica hasta el último momento, poniendo énfasis en la persona, en la necesidad de servir a Dios y en la trascendencia. Es decir, la vida no se acaba aquí, sino que se proyecta en la eternidad. Y eso lo vivió hasta el último momento Juan Pablo II, pidiendo para leer, en el lecho de muerte, los textos de la Sagrada Escritura donde se hablaba exactamente de estos valores.