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ABC MARTES 5 4 2005 11 Llantos, oraciones en voz baja, un aplauso interminable y, por momentos, silencio se sucedían a medida que avanzaba la comitiva principal, los doce hombres que llevaban el cuerpo de Karol Wojtyla dieron la vuelta y mostraron por última vez al Papa muerto. El aplauso no se detuvo en ningún momento, hubo vítores, los cuerpos de todos los fieles se estiraban cuanto podían para intentar verlo por última vez en directo, no a través de las cámaras de televisión instaladas, útiles sin duda pero también frías como cualquier tecnología. Custodiado por la Guardia Suiza Luego, el cadáver del Santo Padre, custodiado por los hieráticos hombres de la Guardia Suiza y precedido por el cardenal camarlengo, el español Eduardo Martínez Somalo; un buen número de cardenales y cientos de sacerdotes, penetró en la Basílica de San Pedro, donde a partir de las siete de la tarde pudo ser visitado por los peregrinos. En total, habían pasado cuarenta minutos desde que el cuerpo había partido de la Sala Clementina. Muchas de las miles de personas congregadas se resistían a marcharse y afrontaban otra larguísima espera, la enésima en estos históricos días, para poder desfilar ante los restos mortales de Juan Pablo II. Poco les importaban las muchas horas que habían pasado ya en la plaza de San Pedro, bajo un sol de justicia que provocó, en los momentos de mayor aglomeración, varias lipotimias. Pero les era lo mismo: cansados, agotados, con los pies hinchados o con muy pocas horas de sueño, tenían la decisión tomada. A veces nos sentimos cansados, pero de pronto alguien comienza a rezar, o a cantar, o a bailar, o simplemente a leer la Biblia y es como si nos volvieran las energías aseguraba una de las muchachas que más tiempo ha pasado en la plaza, ya casi su segunda casa. Porque aquí el ambiente no decae, se mantiene como el primer día o incluso alcanza cotas de mayor intensidad, ya que la tristeza por la muerte de Juan Pablo II está dejando paso, cada vez más, a la esperanza en el futuro y en el sucesor de este hombre irrepetible según explicaba un joven sacerdote. Ahora, el próximo momento más esperado será el viernes, a las diez de la mañana, día y hora en el que se celebrará el funeral por el Santo Padre y se pondrá fin a los actos multitudinarios en su memoria. A la vista de lo sucedido el viernes, el sábado, el domingo y también ayer es difícil siquiera imaginar qué puede ocurrir. Pueden reunirse más de dos millones de fieles. Será la última prueba, irrefutable, de que Karol Wojtyla es el líder mundial con mayor capacidad de convocatoria del mundo. Incluso ya muerto. EPA Ceremonia junto al baldaquino de San Pedro, donde está la capilla AP