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10 MARTES 5 4 2005 ABC En la muerte de Juan Pablo II Miles de brazos se alzaban para intentar capturar en una fotografía el paso del cadáver del Papa en su última entrada a la basílica vaticana Los siete últimos minutos del Papa en la plaza de San Pedro La columnata de Bernini abrazó el corazón del catolicismo en el mundo b Desde primeras horas de la mañana decenas miles de fieles esperaron a las cinco de la tarde para asistir al traslado de los restos mortales del Papa a San Pedro PABLO MUÑOZ. ENVIADO ESPECIAL CIUDAD DEL VATICANO. A las cinco y media de la tarde, exactamente treinta minutos después de haber partido de la Sala Clementina, donde habían sido velados por cardenales, obispos, sacerdotes, religiosas y trabajadores del Vaticano, los restos mortales de Juan Pablo II asomaban por el Portone di Bronzo para recorrer por última vez la plaza de San Pedro. Era el tramo final de la procesión para trasladar el cuerpo del Papa a la Basílica vaticana y ser expuesto a todos los creyentes. Describir los sentimientos que en ese momento se palpaban en la plaza, el corazón del catolicismo en el mundo, resulta prácticamente imposible. Ojos humedecidos, llantos incontenibles, oraciones en voz baja, un aplauso interminable y por momentos silen- El rostro del Pontífice en medio de su traslado a la Basílica cio, un silencio que lo envolvía todo y estremecía, se sucedían a medida que avanzaba la imponente comitiva. Eran sin duda los minutos más intensos que se vivían allí desde que el cardenal Leonardo Sandri anunciara a los peregrinos, al filo de las diez menos cinco de la noche del pasado sábado, en medio del rezo de un rosario para pedir por la salud de Juan Pablo II, que todo había acabado. Fueron apenas quinientos metros los que recorrió el REUTERS cuerpo sin vida del Santo Padre por la misma plaza que en vida llenó cada semana con peregrinos siempre ansiosos de verle y escucharle. Siete minutos exactos, 420 segundos para atravesar un pasillo central de la plaza imponente, siempre acompañados por música sacra que acentuaba la solemnidad de la ocasión. Los últimos dos minutos fueron particularmente emotivos. Al final de la escalinata, justo delante de la puerta La multitud rodea la comitiva fúnebre