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ABC LUNES 4 4 2005 Espectáculos 71 El X ciclo de Jazz que organiza la Fundación Barrié de la Maza, y que da comienzo el jueves, cuenta en la programación con presencias como la de Benny Golson, Anthony Braxton o Phil Woods, plato fuerte del festival y considerado como el sucesor de Charlie Parker La Fundación Barrié recuerda a Charlie Parker L. M. MADRID. Desde el jueves y hasta el 23 del mismo mes, la Fundación Pedro Barrié de la Maza celebra en La Coruña una nueva edición- -la décima- -de su Ciclo de Jazz. Con el pretexto de celebrar el cincuentenario de la muerte de Charlie Bird Parker, el programa apuesta esta vez por convocar un turbión de nombres que, en modo alguno, garantiza la unidad temática que merecería la efeméride. Sirven a esta intención diferentes escenarios de la ciudad; entre ellos, el Auditorio de la Fundación y el Palacio de la Ópera. Ambos espacios dan cabida a un cartel que mezcla personajes tan funestos para la evolución del jazz, como el trompetista Randy Brecker o la cantante Laïka Fatien, con evidencias como las del quinteto del altista cubano Paquito D Rivera, un músico verdaderamente repetitivo porque repetitivas, hasta el aburrimiento, son sus visitas a nuestro país. Lo verdaderamente paradójico del caso es que, junto a estos lastres también anuncian su llegada el prestigioso tenorista Benny Golson, el pianista Cedar Walton, el saxofonista Anthony Braxton (que actúa al frente de su sexteto) y, sobre todo, el altosaxofonista Phil Woods, que, por sí mismo, bien vale una visita a este festival. La aparición de Woods junto a la de Lorraine Desmarais, la Orquesta Sinfónica de Galicia y, aún, la de los ya citados, es la demostración palmaria de que las muestras de jazz en nuestro país han terminado creando un libro de estilo en el que se pueden hacer, de forma casual, maravillas, aunque no se innove nada. De nuevo, más de lo mismo: un ciclo que cuenta con innúmeras papeletas para hacerse con el premio a la diversidad, entendiendo ésta como sinónimo de dispersión y no de manifestación de coherente pluralidad de ideas. Phil Woods, tocado por el dedo de Dios TEXTO: LUIS MARTÍN MADRID. El altosaxofonista Phil Woods es, quizás, uno de los mejores ejemplos del artista que parece señalado por el dedo de Dios. Sólo en la década de los 60, cuando apenas había cumplido treinta años de edad, impuso su creatividad a través de la escucha de sus composiciones Three improvisations y Pieces for alto and piano en el prestigioso Town Hall neoyorquino; creó durante su estancia en Europa el que, probablemente, haya sido su mejor grupo, la European Rhythm Machine, y dispuso del privilegiado espacio de Monterrey para actuar junto a Dizzy Gillespie. Su carrera, desde que comenzó con esporádicas colaboraciones en jam- sessions protagonizadas por Sal Salvador y Teddy Charles, ha alternado los pequeños formatos instrumentales y las grandes orquestas con exquisito acierto. Y ejemplos de lo último los tiene el aficionado en los periodos en los que formó con las big- bands del mencionado Gillespie, pero también con las de Thelonious Monk, Quincy Jones, Benny Goodman, Oliver Nelson, George Russell e, incluso, una propia a la que, humildemente, llamó Little Big Band en las postrimerías de los 80. En este sentido, cabe decir que en el encuentro coruñés tiene previsto desarrollar un programa que, con el título Bird with and more! enfrenta a su cuarteto con una sección camerística de la Orquesta Sinfónica de Galicia. Con todo, ha sido la versatilidad estilística de Phil Woods la que siempre se ha llevado la parte del león en cuanto al gozoso consenso laudatorio que su trabajo sigue obteniendo entre el público y la crítica especializada. Nada extraño en quien, como ya se ha dicho, ha materializado innúmeras experiencias que atraviesan casi seis décadas Phil Woods, en el Festival de Jazz de Vitoria en 1996 de trabajo con una asimilación enciclopédica de cada una de las estéticas producidas en todo ese tiempo. Algunos ejemplos. Su sonoridad en el alto puede frecuentar en una misma pieza tramos de una fogosidad sólo comparable a la de su maestro Charlie Parker, pero también llevar a cabo elaboraciones melódicas de una libertad JOSU TXABARRI La huella de Charlie Parker está patente en la forma acrobática de interpretar de Phil Woods lo suficientemente desprejuiciada como para evidenciar la plena asunción del manifiesto free. Por si fuera esto poco, ha conseguido sumar el clarinete a su impedimenta instrumental- -en realidad, estudió este instrumento durante cuatro años en la neoyorquina Julliard School- con tan buen oficio como para que la mismísima biblia del jazz, Down Beat, le otorgase un premio en 1963 al mejor ejecutante de este instrumento. Y sólo por aligerar de seriedad este perfil, urge decir que la huella de Parker no sólo está patente en la forma acrobática de interpretar de Woods; también ha compartido esposa con aquél, la dulce Chang, que acompañó los últimos días de Bird