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70 Cultura LUNES 4 4 2005 ABC (Viene de la página anterior) CLÁSICA Temporada OCNE F. Schubert: Sinfonía núm. 7. Incompleta A. Bruckner: Sinfonía núm. 9 Int. Orquesta Nacional de España. Dir. Philippe Herreweghe. Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. Fecha: 1- 04- 05 Huyo de las cornetas para elefantes rosas como huí del perro de Magritte. Nunca escribo bajo una campana Desde que se terminó el veto a mi obra he pasado momentos inolvidables con mis amadas ministras al león muerto. Nuestras acémilas prefirieron dar las patadas tras asistir compungidas a las honras fúnebres de sus Duces o Ceaucescus. Ni serán capaces de llegar a centenarios con afeites y tutús Pronto cumple 50 años de paso por París. ¿Y España? España es mi eterna novia cachonda: me sigue colmando... de ilusiones. Desde que se terminó, con la llegada de la Democracia, el veto a toda mi obra, he pasado momentos inolvidables, con mis amadas ministras de Cultura (las insustituibles Alborch, Aguirre, Castillo y Calvo) con las que tanto he querido mis colecciones. Cuántas veces tengo que crear un juego de espejos para soportar mi desesperanza EXPERIMENTOS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE The Observer publicaba ayer esta imagen del montaje de El ocaso de los dioses Wagner, visto a través de una suicida con explosivos Polémica en la English National Opera de Londres por una puesta en escena de El ocaso de los dioses b En la escena final, el personaje de Homenaje al padre Jamás olvida Arrabal a su progenitor: Mi padre se inserta en una tradición de arte, ciencia, tolerancia y libertad. Llegó a perder esta última de forma quijotesca, sabiendo lo que arriesgaba. Él sí que fue un santo pagano Nunca he escrito a la gloria de un vencedor señala a propósito de si tiene previsto enviarle una Carta a Zapatero Hay- -añade- -demasiados competidores y lamesuelas. Cuando escribí la Carta a Aznar con copia a González Aznar había perdido las elecciones y a González le quedaban aún muchos años de presidente. Fue una epístola escrita tras dejarme seducir por la tesis de la desamortización de Mendizábal. Los dos partidos me oyeron y sin ponerse de acuerdo privatizaron mendizarrabalescamente al país Para Arrabal, la censura soft de la modernidad es tan pazguata y maloliente como la hard Y cita a ese malvado histérico de Nietzsche para recordar que la verdad es fea y el arte nos sirve para no morir al contemplarla ¿Por qué dice Arrabal lo que nadie se atreve? Los sabios de orinal ajeno y los héroes a toro pasado repiten el tópico de esto ya lo dije hace mucho Son tan aplicados y con una conducta tan obediente que pido para ellos la dirección de un Instituto Cervantes con vistas a un burdel y dos o tres premios gordos de esos, de astracanada, que se reparten a dedo meñique. A veces me beso sin trenzas de hilandera Los más insensantos calumniadores- -denuncia- -se guarecen bajo el capuchón de defensores de los derechos del hombre ¿Qué podemos esperar de Arrabal en el porvenir? Otra obra maestra, si Pan quiere. Pensando en ella me abrazo a mí mismo bajo el follaje tembloroso de mis neuronas despiertas y los martillazos de mi corazón Brünnhilde se viste un chaleco con explosivos y se dispone a la autoinmolación para reencontrarse en el más allá con su amado Siegfried E. J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. La polémica presidirá el estreno el miércoles en la English National Opera de El Ocaso de los Dioses la cuarta y última parte del nuevo Anillo wagneriano de la ENO. La escena final dividió el sábado al público que asistió al ensayo general, y los abucheos de una parte de los asistentes no pudieron ser acallados por los aplausos de quienes quisieron contrarrestarlos. La arriesgada apuesta de la ENO se inscribe en la pugna que este coso lírico mantiene con el otro gran teatro de ópera londinense, la Royal Opera House del Covent Garden, que también se halla inmersa en una nueva producción de la tetralogía de El Anillo de los Nibelungos Mientras la primera entrega de esta última, El Oro del Rin fue muy bien acogida por la crítica, el pasado mes La Valquiria fue recibida con cierta decepción. La directora de la producción de la ENO, Phyllida Lloyd, ha negado que el recurso al chaleco de explosivos, que se pone Kathlee Broderick en su papel de Brünnhilde, sea algo provocativo para ganar audiencia. Es difícil ser más sensacional que Wagner; ésta es ya una de las piezas de teatro más sensacionales nunca concebidas. Lo de los explosivos es algo inevitable porque hay muchas cosas terribles que suceden en la historia afirmó en declaraciones a The Observer Lloyd, entre cuyos trabajos recientes está la dirección del musical Mamma Mia también rechazó que con la escena haya buscado un paralelismo con un acto de terrorismo fundamentalista. Aunque Brünnhilde cree que va a encontrarse en el otro mundo con su amado muerto- -añadió- estamos intentando expresar la terrible violencia de ese momento, más que hacerlo romántico En opinión de Lloyd el montaje no manipula nada a pesar de estar llevado al momento actual: Casi todo en esta ópera resuena al mundo que nos rodea; hay codicia, terror, traición y voraz apetito por el poder lguna vieja creencia le concede al viento el don de la fertilidad. Se dice que la renovación y la novedad viajan arrastrados por las corrientes de aire. Todo es saber encontrar la más propicia. Por ejemplo, con poca fortuna lo hacen algunos espectadores que se acercan al Auditorio Nacional, quienes entran siendo personas y, tras dos horas expuestos a los caprichos de la ventilación que asoma por el techo, salen convertidos en pajarillos. Con más altas miras lo procuran nuestras orquestas lanzadas a enriquecerse con los vientos de la modernidad. Por eso, de un tiempo a esta parte una gran parte de los prohombres del pensamiento historicista se han dejado seducir por los encantos contractuales que les proponen las orquestas más tradicionales. Philippe Herreweghe es uno de ellos. Capaz de grabar alguna sinfonía de Bruckner reflexionando sobre las virtudes de los instrumentos originales y, al tiempo, revestirse de Céfiro para tratar de recrear con sonidos modernos el viejo repertorio. La tentación del Bruckner sinfonista es inevitable, pues todo él se ensombrece con la obra de Schubert. Con la ayuda de Herreweghe, la Orquesta Nacional ha explorado ambos mundos obteniendo algunos beneficios en la ejecución y proponiendo ciertas dudas estilísticas. Así, la Sinfonía incompleta se expuso con claridad, limpieza y ausencia de sentimentalismo. Fue una mirada hacia lo clásico. De ahí que el esfuerzo de la Nacional por dar ligereza al producto fue encomiable. No eran sus habituales maneras y, a la postre, todo redundó en un producto de perfil ambigüo que transmitió cierta frialdad. Luego, la interpretación de la novena sinfonía de Bruckner ahondó en el propósito. Muy destacable la dedicación de la cuerda a la búsqueda de otra sonoridad, todos a una después de los envites del concertino con Schubert, siempre atacando por delante del resto. Tuvieron una destacada presencia los metales no siempre finos con la nota exacta. Y unos y otros se unieron en un total planteado por superposición de elementos, demasiado estratificado e impulsivo, que fue a más, pero en el que se anheló una mayor continuidad e imbricación. El viento insuflado por Herreweghe ha movido las aspas de la Orquesta Nacional. Esta semana le ha cambiado la expresión. A