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40 En la muerte de Juan Pablo II EL ÚLTIMO ADIÓS LUNES 4 4 2005 ABC El Papa recibió en su última visita a España a un grupo de jóvenes Misa de canonización en la plaza de Cólon El 3 y 4 de mayo de 2003 Juan Pablo II visitó España por última vez. Un millón de jóvenes vibraron con él en Cuatro Vientos y miles de fieles acudieron a Colón. Fue el sabor de la despedida Hasta siempre, tierra de María TEXTO M. J. P- B. MADRID. Cuando en su última visita a España Juan Pablo II entró en el aeródromo madrileño de Cuatro Vientos, más de un millón de gargantas vibraron al unísono, contagiando a todos los allí presentes la enérgica y desmedida vitalidad que sólo quienes se sienten jóvenes son capaces de transmitir. La figura de un Papa ya anciano despertó entonces una explosión de entusiasmo como pocas veces se presencia en la vida. Un sentimiento que fue recíprocamente correspondido por el Pontífice a lo largo de aquella tórrida tarde de mayo en la que una árida explanada se convirtió en todo un festival de color y armonía. Los jóvenes quisieron más y el Papa cumplió sus deseos tras cuatro largas horas de emociones desbordadas en un encuentro que podría haber durado hasta el amanecer. Quizá se intuía ya el sabor a despedida. A la mañana siguiente, una multitud de fieles acudió a la solemne misa de canonización en la plaza de Colón. Y así fue como Juan Pablo II dijo adiós a su amada tierra de María. TENÍA UNA LUZ MUY ESPECIAL NIÑA PASTORI E S una lástima muy grande su muerte, pero era ya mayor y estaba sufriendo mucho. El sábado llegué de Galicia, donde estuve trabajando, y me quedé en casa todo el día con la televisión encendida. Cantar ante el Papa en Cuatro Vientos en 2003 fue, para mí, algo muy especial. Me siento realmente una persona muy afortunada por haber sido elegida y haber podido cantarle el Ave María Aquel día pude sentir esa química que se daba entre Juan Pablo II y los jóvenes. Había muchísimos niños de 14 y 15 años. Fue impresionante. Tenía puntos de gracia para co- nectar con la juventud. Nos reímos mucho todos los que estábamos allí. Tras mi actuación fui a saludarle; él me regaló un rosario blanco muy bonito, que conservo. Yo estaba llorando y él me limpió las lágrimas. Me tocó cantar al final de la misa y estaba nerviosa por la emoción, y cansada, porque llevaba allí todo el día. Rompí a llorar por la emoción contenida y porque vi que todo salió bien. Del Papa recuerdo muchas cosas. Yo no le quitaba ojo durante toda la ceremonia. Estuve todo el tiempo muy pendiente; lo tenía cerquita, como a unos cinco o seis metros. Desde luego, él tenía una luz muy especial que desprendía su cara. Había algo especial, sí. Todos los que estábamos allí nos dimos cuenta de eso. Estaba ya ancianito, pero de cabeza se veía muy bien. Su mensaje fue precioso. Hoy es un día muy triste para todos nosotros.