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24 En la muerte de Juan Pablo II EL FUTURO DE LA IGLESIA CATÓLICA LUNES 4 4 2005 ABC Primer cónclave con dos sedes, la Sixtina y la Casa Santa Marta Meticulosas normas aprobadas en 1996 impiden las precampañas J. V. B. ROMA. La Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis promulgada por Juan Pablo II en 1996, ha actualizado al siglo XXI una institución que nació en Viterbo en 1271 para poner fin a más de tres años de discusiones de los cardenales, divididos en un bando italiano y otro francés. El período de Sede Vacante más largo de la historia terminó cuando los nobles de la ciudad encerraron a los cardenales bajo llave cum clavis y el pueblo, exasperado, arrancó el techo del palacio. Así resultó elegido un diácono conciliador que se encontraba en aquel momento en Tierra Santa. Tedaldo Visconti fue ordenado sacerdote y obispo en la ceremonia de su coronación papal como Gregorio X. Vista la experiencia, sus primeras normas fueron las destinadas a elegir a sus sucesores: se haría siempre a puerta cerrada, con límites a los privilegios de los cardenales y al uso electoral de los propios bienes. Expertos de fe probada Para cerciorarse de que la elección sigue haciéndose a puerta cerrada en la época de los microtransmisores y las minicámaras, el reglamento de Juan Pablo II prevé en sus artículos 50 y 55 el empleo de expertos de fe segura y probada capacidad técnica para asegurarse de que no haya micrófonos o cámaras espías, sobre todo en la Capilla Sixtina. A su llegada a la Casa de Santa Marta (que servirá de alojamiento) los cardenales deberán entregar los teléfonos móviles, las radios y cualquier otro medio que permita recibir noticias o comunicar con el exterior. Muy probablemente será preciso tapiar algunas de las ventanas que dan a la muralla sur del Vaticano para que resulte imposible ver pancartas o escuchar megáfonos si alguien los utiliza desde la calle. Las meticulosas normas de Juan Pablo II tienen por objeto evitar la mínima presión o interferencia exterior. El artículo 57 prohíbe a los cardenales electores recibir prensa diaria o periódica de cualquier tipo, así como escuchar transmisiones radiofónicas o ver transmisiones televisivas En esa misma línea de no dejarse influir ni siquiera antes del cónclave, Juan Pablo II exhorta vivamente, en el artículo 83, a rechazar toda presión de partes interesadas e incluso las sugerencias de los medios de comunicación social Es más, los cardenales no pueden hacer la mínima precampaña antes de que la Sede Pontificia quede vacante. El artículo 79 de la constitución apostólica de Juan Pablo II no deja lugar a dudas: Prohíbo a toda persona, incluso investida de la dignidad del cardenalato, el tratar- -mientras el Pontífice esté en vida y sin haberlo consultado- -sobre la elección de su sucesor, prometer Los purpurados se dirigen al cónclave para elegir a un nuevo Papa. Juan Pablo II cambió las leyes de elección y ahora vale la mayoría absoluta votos o tomar decisiones a este respecto en conventículos privados Prohibido pactar Incluso dentro del cónclave, los cardenales electores deben abstenerse de cualquier tipo de pactos, acuerdos, promesas u otros compromisos de cualquier tipo que les puedan obligar a dar o negar el voto a alguna o algunas personas. Si llega a hacerse en la práctica, incluso bajo juramento, declaro tal compromiso nulo e inválido, sin que nadie tenga obligación de observarlo y, desde ahora, impongo la excomunión latae sententiae a los transgresores de esta prohibición Tampoco puede haber pactos sobre el programa de gobierno El artículo 82 prohíbe a los cardenales asumir cualquier compromiso y añade: Aunque estas promesas se hagan en la práctica, incluso bajo juramento, las declaro nulas e inválidas En otras palabras, quien resulte elegido Papa debe ser absolutamente libre. Hasta aquí la constitución apostólica Universe Dominici Gregis utiliza los fuertes tonos imperativos. Pero la persona elegida tiene siempre la posi- Para promover al máximo la responsabilidad personal, Juan Pablo II prohibió explícitamente las modalidades por aclamación o por delegación en otros cardenales electores. Para favorecer el consenso, las normas exigen mayoría cualificada de dos tercios bilidad de no aceptar el papado, y Juan Pablo II pasa a un lenguaje más cariñoso para ayudar a superar el miedo: Ruego a quien sea elegido que no se sustraiga al oficio al que es llamado por temor a su peso, sino que se someta humildemente a los designios de la voluntad divina. Al imponerle la carga, Dios lo sostendrá con su mano para que pueda llevarla Si la persona elegida por los cardenales responde afirmativamente a la pregunta: ¿Aceptas tu elección canónica a Sumo Pontífice? se convierte en Papa en ese momento y el cardenal decano le preguntará: ¿Cómo quieres ser llamado? En cuanto el nuevo Papa responde, los cardenales electores le manifiestan, uno a uno, su respeto. Entretanto, las papeletas de voto se queman en la vieja estufa que emitirá la mundialmente famosa fumata bianca y el cardenal protodiácono sale al balcón de la Basílica de San Pedro para anunciar al pueblo la identidad y el nombre del nuevo Pontífice. Mayoría de dos tercios Para promover al máximo la responsabilidad personal, Juan Pablo II prohíbe explícitamente las modalidades electivas por aclamación o por delegación en otros cardenales electores. Al mismo tiempo, para favorecer la búsqueda de consenso, las normas exigen una mayoría cualificada de dos tercios en los primeros 27 escrutinios, que se celebran al ritmo de dos diarios con una jornada libre para la plegaria