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16 En la muerte de Juan Pablo II LA OTRA CARA DE ROMA LUNES 4 4 2005 ABC Un día después de conocer la muerte del Papa, dos monjas leían la prensa en la plaza de San Pedro AFP Las gentes que han ido a la plaza de San Pedro han dejado las calles de la ciudad vacías y silenciosas. Era el day after el día después Las calles del día después Con la muerte de Karol Wojtyla, las redes moleculares del catolicismo comprenden más que nunca que ése fue un Papa para varias generaciones. Con lo que, de una parVALENTÍ te, ya ahora mismo se PUIG hace imperiosa la nosEnviado especial. Roma talgia y, por otra, resultaría impracticable cualquier forma de statu quo anterior a su largo Pontificado. Ciao, Karol titulaba un periódico romano. La fragilidad y el coraje son dos caras de la misma moneda. Ayer mismo, los muchos jóvenes de todos los países, arracimados en la escalinata de la plaza de España, ¿eran en parte los que habían estado dando el adiós a Wojtyla en la plaza de San Pedro o los herederos miméticos de la generación hippie de la indiferencia y los paraísos artificiales? En la plaza de España, unos paquistaníes de mucho tesón mercantil pretendían vender pistolas lanzaburbujas. Toda la escalinata estaba cubierta de una juventud retozante al sol. Anexo a la plaza, el Babington s Tea Room está ahí para recibir a la clase media ilustrada del mundo anglosajón. Como siempre, olía a té de jazmín. A dos pasos, el viejo café Greco convertido en semipanteón literario, daba lugar a un aperitivo tardío. La multitud estaba en reflujo después de la misa en la plaza de San Pedro. En torno a una mesita de mármol del Greco un avezado Routier de la vida romana recordaba un dicho propio de la guerra fría: entonces en Moscú no se sabía nada y se entendía todo. Mientras que en Roma se sabía todo y no se entendía nada. Con las instituciones vaticanas se sabe lo justo, pero al final uno lo entiende, sobre todo porque los traslados semánticos, los matices y las elisiones existen en tal caso para beneficio de una verdad. En una de las mesas del Greco el escritor Josep Pla sopesaba durante la guerra civil los pros y contras de sobrevivir. Lo decía el Routier apurando su aperitivo entre reliquias de Byron y Goethe: Días de respeto ante la muerte, y luego fase de especulación, de dialéctica intensa Sí, ya están en Roma- -si no en camino- -gran parte de los cardenales que por edad participarán en el Cónclave, aunque no residen todavía en la Casa de Santa Marta, que Juan Pablo II hizo construir para más comodidad de los convocados en la Capilla Sixtina. Entre tantas conjeturas emergentes estará el efecto que tenga el sistema de elección renovado por Wojtyla en la Constitución Universi Dominici Gregis Del café Greco a la Via Veneto, el tramo de ciudad tiene no poco de flash back porque la calle de la Dolce Vita entró en decadencia antes de que Karol Wojtyla llegase al Vaticano. Conserva sus terrazas y quioscos al amparo de la Embajada americana, pero aquellas horas locas de Mastroianni en La dolce vita resultan hoy más La bandera italiana ondea a media asta por Juan Pablo II AP bien juegos inocentes y anacrónicos, después del hedonismo cutre del Todo a cien y de la pederastia por internet. El presidente del Senado italiano, Marcello Pera, lo ha estado diciendo estos días: una de las grandes batallas de Juan Pablo II ha sido contra el relativismo cultural. Para el relativista no puede existir la verdad si no es como autosatisfacción. Wojtyla también recordó que el mal existe. Marcello Pera ha insistido en un argumento fundamental: no fue Juan Pablo un Papa pacifista, no dijo Bienaventurados los pacifistas, sino Bienaventurados los que logran la paz Ahora, Via Veneto es eso, paz dominical, chanzas de mediodía, turistas que algún día en el cine de su barrio vieron con escándalo