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ABC LUNES 4 4 2005 En la muerte de Juan Pablo II PLAZA DE SAN PEDRO 13 Una ciudad al borde del colapso La masiva concentración de fieles- -más de cien mil acudieron ayer a la Misa de Sufragio por Juan Pablo II- -amenaza con llevar a Roma al colapso. Y el más que previsible aumento de peregrinos en los próximos días puede derivar en un caos. Tras la celebración, los asistentes no subían al autobús o al tranvía; simplemente, lo tomaban al asalto. Pedir un taxi era, además, inútil. El entierro del Papa tendrá lugar en cuatro o cinco días y será la mayor concentración de fieles en la historia del Vaticano. Inquieta pensar qué puede suceder entonces. De Madrid a Roma, en coche y sin escalas La presencia española en Roma comienza a hacerse más evidente. Juan Pablo II sentía debilidad por nuestro país y era correspondido. Algunos llevan ese lazo hasta el extremo, como la familia Almiñana que, con dos hijos y una sobrina, han viajado sin descanso desde las 11 de la mañana del sábado, que salieron de Madrid, hasta las 7 de la mañana de ayer, que llegaron a la misa. Me ganó el 31 de marzo de 1985 en un encuentro con la juventud, aquí en esta plaza dice el cabeza de familia, Alberto, sujetando una bandera plegada de España. a la perfección lo que se vive estos días en la plaza de San Pedro. Desbordan entusiasmo que, en ocasiones, precisamente por su juventud, deriva en caídas de ánimo acusadas. Pero siempre hay, para quien lo necesita, la mano amiga, la piel cercana de aquellos más enteros en cada momento. Una noche tensa La primera noche, la del viernes al sábado, es tensa, porque muy delicada era también la salud del Santo Padre. Sara, la estudiante colombiana, de cabellos morenos y ojos negros muy vivos, recuerda divertida que hasta llegar aquí ni siquiera sabía rezar el Rosario; sólo en estos días lo he hecho unas cincuenta veces con mi grupo Ezio, un hombre alto, fuerte, con perilla a la que asoman sus primeras canas, representa el lado opuesto: en su muñeca luce, a modo de pulsera, un rosario de madera que siempre tiene agarrado por la Cruz. Medhi, emplea- do como él, de largo pelo castaño, en ocasiones con coleta, alterna los momentos de recogimiento con las bromas; las chicas, como Cinzia, Santina, Federica, estudiantes italianas, guapas, modernas, algunas con piercing aportan al resto el calor más próximo, la caricia, el consuelo... Cuando se les pregunta por qué lo han hecho, por qué han pasado ellos también penalidades, sólo se obtiene una respuesta: Hemos venido a despedir al amigo. No es un sacrificio, hay muchos que querrían estar aquí Cuesta creerlo, al verlos en la gélida madrugada de ayer tirados sobre las piedras de la plaza de San Pedro, intentando conciliar un sueño por momentos imposible en sacos de dormir o simplemente cubiertos por mantas. No creen que Juan Pablo II tuviera un discurso moral duro: Hablaba con el corazón, no nos mentía, su mensaje era claro y su carisma brutal Tras conocer sólo unos minutos Juan Pablo II hablaba con el corazón, no nos mentía, su mensaje era claro y su carisma brutal comentan los jóvenes reunidos en la plaza de San Pedro antes de las diez de la noche del sábado la muerte del Papa, una vez superada la conmoción, rompieron a llorar. En ese momento les salió todo lo que tenían dentro. Ya no había esperanza, pero quisieron seguir en la plaza, rezando, primero con miles de personas hasta entrada la madrugada y, luego, ya más solos, con la compañía lejana de otros grupos, hasta ayer al mediodía, finalizada la primera Misa de Sufragio. Siguieron la ceremonia desde cerca, cada uno como pudo: de pie, sentados, tumbados... Se arrodillaron, rezaron; rieron; se abrazaron y besaron; se intercambiaron sus correos electrónicos para que su comunidad al menos a través de la técnica, siguiera siendo real. Y por la noche, cuando ya el silencio comenzaba a presidir de nuevo las noches vaticanas, regresaron a sus casas, con la in- mensa pena de la pérdida pero con la ventaja de haber vivido una experiencia que a ojos de cualquier profano resulta, cuanto menos, insólita. Como anillo al dedo Jaime, un joven sacerdote colombiano que estudia desde hace un par de años en Roma, se convirtió durante las mismas horas en una especie de guía espiritual del grupo. Alto, delgado, con una más que incipiente calvicie, el religioso se ganó desde un principio la confianza de los jóvenes. Puso humor, sentido común, les explicó mil y un detalles del ritual de la muerte de un Papa y acabó casi mimetizado con ellos. Ayer, participó en la Misa Solemne de Sufragio desde donde se congregaban los cientos de miles de fieles, y lo hizo con los hábitos. Fue, por tanto, concelebrante y aportó calor y cercanía a lo que allí estaba ocurriendo. Claro que los hábitos también provocaron alguna situación divertida, en el momento de la Comunión: la gente, al verle, pensó que se trataba de uno de los sacerdotes que la administraban. Durante cerca de un cuarto de hora tuvo que dar explicaciones y convertirse en una especie de guardia de la circulación para dirigir a los peregrinos al lugar correcto. Gajes del oficio. La Plaza de San Pedro, ayer por la mañana, durante la misa presidida por el Cardenal Sodano