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ABC LUNES 4 4 2005 11 El cuerpo del Santo Padre yace sobre el catafalco, rodeado por algunos de sus más fieles colaboradores ha dicho a su siervo bueno y fiel: Entra en el gozo de tu Señor En esa línea, Sodano concluyó implorando a Juan Pablo II que desde el cielo, vele siempre por nosotros y nos ayude a cruzar ese umbral de la esperanza del que tanto nos había hablado La Iglesia tiene sus procedimientos y sus plazos, pero lo sucedido ayer recordaba el día en que Juan Pablo II, celebrando el primer aniversario del fallecimiento de Teresa de Calcuta, se lanzó a pedir su intercesión desde el cielo antes de que hubiese empezado el proceso de beatificación que concluiría en 2003 con su elevación a los altares. difundiese esa devoción. Le indicó incluso el modo en que le gustaría que le representasen: un Cristo compasivo que bendice con la mano derecha mientras señala con la izquierda su corazón misericordioso, rasgado por la lanza, del que parten dos rayos de luz. Y con una leyenda específica a sus pies: Jesús, confío en tí El Papa que había escrito ya en 1980 la encíclica Dives in Misericordia Rico en Misericordia volvió a subrayar ayer ese rasgo esencial de Dios, revelado con claridad en el Antiguo Testamento pero semiolvidado en los tiempos de Jesús y, de nuevo, en el atormentado siglo XX. En el mensaje póstumo, Juan Pablo II comentaba la aparición a sus discípulos de un Jesús resucitado que conserva las heridas de la Pasión. Y concluía: A una humanidad a veces confusa y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor resucitado ofrece el don de su amor que perdona, reconcilia y reabre el ánimo a la esperanza. El amor que convierte los corazones y da la paz. ¡Cuánto necesita hoy el mundo comprender y acoger la Divina Misericordia! Era su testamento espiritual. AP El amor que convierte los corazones y da la paz su último mensaje Queridos hermanos y hermanas. Resuena hoy el alegre Aleluya de la Pascua. La actual página del Evangelio de Juan subraya que el Resucitado, la noche de ese día, se apareció a los apóstoles y les mostró las manos y el costado, signos de la dolorosa pasión impresos de manera indeleble en su cuerpo incluso después de la resurrección. Esas llagas gloriosas, que ocho días más tarde hizo tocar al incrédulo Tomás, revelan la misericordia de Dios, que ha amado tanto al mundo que le ha dado su Hijo unigénito. Este misterio de amor está en el centro de la actual liturgia del domingo In Albis dedicado al culto de la Divina Misericordia. A la humanidad, que a veces parece pérdida y dominada por el poder del mal, el egoísmo y el miedo, el Señor resucitado ofrece como don su amor que perdona, reconcilia y reabre el ánimo a la esperanza. Es amor que convierte los corazones y dona la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y de acoger la Divina Misericordia! Señor, que con tu muerte y resurrección reveles el amor del Padre, nosotros creemos en Ti y con confianza te repetimos hoy: Jesús, confío en Ti, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. La solemnidad litúrgica de la Anunciación, que celebraremos mañana, nos empuja a contemplar con los ojos de María el inmenso misterio de este amor misericordioso que sale del corazón de Cristo. Ayudados por Él podemos comprender el sentido verdadero de la alegría pascual, que se basa en esta certeza: Aquel que la Virgen ha llevado en su seno, que ha sufrido y ha muerto por nosotros, ha resucitado en verdad. ¡Aleluya! Testamento espiritual Al término de la misa llegó una nueva sorpresa. El arzobispo Leonardo Sandri, que ha sido durante los últimos meses la voz del Papa anunció que Juan Pablo II había escrito hace unos días el mensaje de la festividad de ayer, Domingo de la Divina Misericordia, que él mismo había instituido en 2000 después de canonizar a la religiosa polaca Faustina Kowalska, a quien Jesucristo pidió, en una aparición de 1931 en su convento de Cracovia, que