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10 LUNES 4 4 2005 ABC En la muerte de Juan Pablo II La Iglesia se dispone a dedicar al Pontífice fallecido el mayor funeral en la historia de la humanidad Sodano le declara Juan Pablo el Grande como fórmula de canonización escrito el mensaje para el Ángelus de ayer. Ese texto constituye hoy su testamento espiritual: El amor que convierte los corazones y da la paz JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. El mayor funeral de la historia de la humanidad y el mecanismo de relevo de un Papa único se pusieron en marcha ayer a mediodía cuando las cámaras de televisión entraron en la Sala Clementina y ofrecieron al mundo las imágenes del Pontífice recién fallecido. Karol Wojtyla rompió centenares de tabúes desde su llegada al Vaticano y sigue sorprendiendo después de su muerte con un mensaje propio en la primera misa de funerales, o con el primer acceso de la televisión al duelo reservado a la Curia y el Cuerpo Diplomático. A partir de las cinco de esta tarde, vendrán a rendirle homenaje en la basílica de San Pedro más de un millón de personas. La posición rectilínea de sus restos mortales era una novedad después de haberle visto sentado en el sillón de ruedas durante los últimos dos años. Su imagen yacente, con la cruz pectoral bajo el brazo izquierdo, recuerda en cierto modo el Papa caminante del inicio del Pontificado. Su rostro sereno pero pálido, deja entrever el martirio b El Papa dejó El certificado de defunción El Vaticano publicó ayer el certificado de defunción oficial de Juan Pablo II, firmado por su médico de cabecera, Renato Buzzonetti. El texto es el siguiente: Certifico que Su Santidad Juan Pablo II (Karol Wojtyla) nacido en Wadowice (Cracovia, Polonia) el 18 de mayo de 1920, residente en la Ciudad del Vaticano, murió a las 21.37 horas del 2 de abril de 2005 en su apartamento en el Palacio Apostólico Vaticano (Ciudad del Vaticano) por choque séptico y colapso cardiovascular irreversible. Padecía mal de Parkinson, episodios pasados de insuficiencia respiratoria aguda y posterior traqueotomía, hipertrofia prostática benigna complicada por urosepsi, cardiopatía hipertensa e isquémica. La certificación de la muerte se produjo mediante un registro electrocardiotanatográfico con una duración de veinte minutos. Declaro que las causas de la muerte, según mis conocimientos y conciencia, son las que he indicado de los últimos días. Su presencia seguía siendo imponente, como en vida. Las exequias y sepultura darán cita en Roma, probablemente el viernes, a los mandatarios más poderosos del mundo. A partir de ese momento, los cardenales se concentran en elegir al sucesor. El Cónclave se iniciará entre el 17 y el 22 de abril. El Colegio de Cardenales, presidido por Joseph Ratzinger, fijará hoy las fechas definitivas. Mientras, un clima de elevación a los altares por plebiscito popular aletea desde ayer en la plaza de San Pedro, donde un flujo de cientos de miles de peregrinos atestigua sin descanso la santidad de un Papa extraordinario hasta sus últimos minutos e incluso después. Karol Wojtyla rompió moldes también ayer cuando el mensaje que había escrito para el Domingo de la Divina Misericordia se convirtió en testamento durante su misa de funeral. Y todavía más cuando, en la homilía, el cardenal Angelo Sodano le declaró Juan Pablo el Grande a modo de fórmula de canonización. La ventana del Papa A este paso, no van a quedar lágrimas en Roma, una ciudad convertida en capilla ardiente de un Papa cuya presencia se nota por todas partes, y sobre todo en la plaza de San Pedro, convertida en corazón de la humanidad. Ayer, más de cien mil personas asistían a la primera misa de funeral, levantando una y otra vez la mirada hacia la ventana del Papa, aquélla desde la que había impartido la bendición durante los últimos 26 años. Además de los ojos llorosos, y de los aplausos incontenibles cada vez que las pantallas mostraban fotografías del Papa, la primera misa de los nueve días de funerales se caracterizó por su sobriedad cargada de simbolismo. Los carpinteros del Vaticano habían retirado el baldaquino y el altar del Papa delante de la fachada de la basílica. La misa se celebró en un sencillo altar de madera sobre una modesta alfombra, con un crucifijo y dos sillas como todo complemento. Concelebraban el cardenal Sodano- -que fue secretario de Estado hasta el cese automático en el momento de la muerte del Pontífice- el cardenal decano, Joseph Ratzinger, y el cardenal encargado- -hasta el sábado a las 21.37- -de las Iglesias Católicas Orientales, Moussa Daoud. A diferencia de los duelos por Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo I, protagonizados por fieles romanos en general, la plaza de San Pedro era ayer un hervidero de jóvenes de todo el mundo, una señal clara de que Juan Pablo II es el Papa de la próxima generación y de que su tirón evangélico respecto a los jóvenes se agigantaba en los años de la vejez, el párkinson, la imposibilidad de caminar y, al final, incluso la de hablar. Quizá el milagro de los jóvenes repetido en todos los rincones del mundo, bastaría para canonizarle, pero ayer se entrelazaban las aclamaciones más dispares, desde grupos de estudiantes hasta el mismo cardenal Sodano, quien le mencionó en su homilía como Juan Pablo el Grande a modo de antigua referencia de santidad. Empleando acto seguido la fórmula de canonización evangélica, el cardenal italiano añadió que el Ángel del Señor ha pasado por el Palacio Apostólico y El cardenal Martínez Somalo bendice el cuerpo del Santo Padre AFP A este paso, no van a quedar lágrimas en Roma, una ciudad convertida en capilla ardiente de un Papa cuya presencia se nota por todas partes