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ABC LUNES 4 4 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Tiempo de compromisos para la Iglesia. ¿Papa de transición o papa de aggiornamento Dios dirá, que está siempre callado TIEMPO DE COMPROMISOS ON la muerte del Papa Wojtyla se abre un período de difíciles compromisos para la Iglesia Católica, ante la cual se presenta un milenio nuevo, preñado de novedades sin precedente. La Moral- -y también el Derecho- -deben enfrentarse a las primeras manifestaciones de una cadena de hechos desconcertantes. Por un lado, los avances de la ciencia con los descubrimientos de la genética, los experimentos de la clonación y el tratamiento de los embriones humanos plantean problemas jurídicos y morales de primera magnitud y de intrincada solución. El salto en el progreso científico ha sido formidable en poco tiempo. Todavía hay religiones que prohiben las transfusiones de sangre, las operaciones quirúrgicas o el trasplante de órganos; anteayer, el Vaticano Segundo se escandalizaba con las palabras del belga cardenal Suenens cuando habló durante veinte minutos de la necesidad de afrontar moralmente la existencia y el uso de la píldora anti- baby. Y ya los científicos de hoy hablan de la curación de enfermedades con embriones humanos, y de algo mucho más inquietante: la implantación de esos embriones humanos en cuerpos de animales. Podemos fabular sin desbarrar definitivamente sobre un mundo de mitología real, poblado de centauros, esfinges, minotauros, quimeras y sirenas. Ya se sabe que el hombre termina por hacer realidad las fantasías de su imaginación. Por otro lado, los usos y las costumbres de la sociedad evolucionan de manera vertiginosa y modifican con escándalo para muchos las formas tradicionales de diversas civilizaciones. La sociedad occidental y cristiana admite con naturalidad las uniones entre homosexuales, la adopción de niños por parejas sólo de hombres o sólo de mujeres, la convivencia y la cohabitación al margen de los cánones y de las leyes civiles, el aborto libre o la muerte programada de seres humanos con enfermedades irreversibles. Los moralistas se encuentran mudos o perplejos ante fenómenos como el capitalismo salvaje, el consumismo frenético y el hedonismo desenfrenado. El hombre de nuestro tiempo busca desesperadamente en la droga paraísos artificiales. La costumbre bárbara de la guerra está siendo sustituida por el uso, aún más bárbaro e injusto, del terrorismo, en cierta manera aceptado y favorecido por algunos dirigentes de pueblos. Y luego, este milenio ha traído a la sociedad occidental eso que el filósofo católico Pietro Prini llama el cisma sumergido (lo scisma sommerso) Los católicos no negamos ni discutimos los dogmas intocables de la Iglesia, pero mantenemos varios de ellos fuera de nuestra creencia. Nadie lo discute heréticamente, pero pocos creen en la resurrección de la carne, ni en el concepto tradicional del Infierno, ni en el castigo divino como advertencia contra la tentación. Que haya vida en otros planetas parece a muchos más verosímil que exista un lugar donde pervivan nuestras almas. Tiempo de compromisos para la Iglesia. ¿Tendremos papa de transición o papa de aggiornamento Como dijo el poeta, Dios dirá, que está siempre callado C IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Muchas de las valoraciones, tanto entusiastas como tibias e incluso recelosas o desfavorables, yerran en su perspectiva, pues tienden a considerar con criterios mundanos una obra que no pertenece al mundo LUZ PERPETUA A muerte del Papa conmueve con un triple sentimiento: dolor, admiración y esperanza. Dolor, por la pérdida mundana de uno de los más grandes hombres de la historia contemporánea y acaso el mayor ejemplo espiritual de nuestro tiempo. Dolor atemperado por la conciencia de que es sólo una pérdida terrena, parcial y relativa. Un cristiano nunca habla de un hombre en pasado, como si ya no existiera, pues sabe o cree que vive para siempre. Admiración, por una vida cumplida y entregada, hasta el dolor de la cruz, a la más sublime misión a la que puede entregarse un hombre. Vida y obra en perfecta armonía y comunión. Esperanza, porque su obra no sólo permanecerá en el recuerdo sino que seguirá viviendo y actuando. Su vida testimonia en favor de la espera en la vida eterna. Como expresó nuestro san Juan de la Cruz, en el atardecer de la vida, nos examinarán en el amor. Y vaya que Juan Pablo II supera el examen con nota heroica. Parece que va con la condición humana que los hombres comunes examinemos a los gigantes, cuando lo que deberíamos hacer es subirnos a sus hombros y apoyarnos en ellos. Juan Pablo II ha muerto entre el respeto general, casi unánime. Pero muchas de las valoraciones, tanto entusiastas como tibias e incluso recelosas o desfavorables, yerran en su perspectiva, pues tienden a considerar con criterios mundanos una obra que no pertenece al mundo. Y así se mezcla casi todo: el sentido, progresista o conservador, de la teología que lo inspiró, su influencia en los grandes acontecimientos de nuestro tiempo, su energía viajera y apostólica, su poder de comunicación, su liderazgo entre todos los hombres de buena voluntad y, especialmente entre los jóvenes, su ingente obra intelectual... Por lo demás, ¡cómo no va a ser en cierto esencial sentido conservador quien tiene como misión difundir un L mensaje eterno de salvación y una tradición! Pero, como ya advirtió el Maestro de la Vida, sólo una cosa es importante: escuchar y seguir la palabra de Dios. La actividad de Marta sólo es fértil si se fundamenta en el recogimiento y la escucha silenciosa de María. Por mi parte, no me atrevería a juzgar y valorar una obra titánica, mas sí acaso a proponer el único criterio válido de valoración de un Papa: su fidelidad al Evangelio. El Pontificado es gobierno de la Iglesia, pero sobre todo testimonio de la Palabra de Dios, es decir, del Amor, y promesa y fundamento de la confianza en la vida futura. El Papa no ha de ser otra cosa más que Testigo de la Palabra de Dios, voz que dice las palabras de Cristo. Si no coincide esta palabra con el mundo no puede sorprendernos. Siempre fue así y siempre será. Una sola cosa es importante, el cumplimiento hasta la cruz del imperativo del Mesías en su despedida: Id y predicar la Buena Nueva ¿Acaso ha hecho otra cosa Juan Pablo II? Esto es lo que espero escuchar del heredero de Pedro: la Buena Nueva, es decir, que el Amor triunfa sobre la muerte, y que la vida humana no se extingue con ella, sino que sólo se transforma. La Palabra de Dios es el anuncio de la victoria de la Vida sobre la muerte. Quien cree en Mí, no morirá para siempre La Liturgia de Difuntos pide que brille para ellos la luz perpetua. Esa luz es la que debe reflejar todo cristiano y, en primer lugar, el primero de ellos. Y vaya que el Papa ha reflejado esa luz de la que, probablemente, ya disfruta. Por eso, tras su muerte no puede recibir el elogio del mundo, sino sólo de la parte espiritual, de la parte mejor, que habita en todo hombre. Quien no comprende la Cruz, no comprende el Amor, y quien no entiende el Amor, no comprende el sentido de la vida. Brille para él la luz perpetua que supo reflejar con tanta energía a través del largo y fecundo camino de su vida.