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120 DOMINGO 3 4 2005 ABC Gente Mónaco reza por Rainiero Monseñor Barsi volverá a oficiar hoy una nueva misa en honor a Rainiero, mientras el Príncipe se debate entre la vida y la muerte en el hospital TEXTO: JUAN PEDRO QUIÑONERO, E. ESPECIAL FOTO: EFE El Rey Harald deberá dejar de fumar. Los médicos que atienden estos días al Rey Harald de Noruega le han recomendado que deje el tabaco, si no quiere volver a tener problemas de corazón como los que le obligaron a ser intervenido el viernes. También le han recomendado reposo durante una larga temporada entras Rainiero agoniza lentamente, los fantasmas del pasado, el presente y el futuro se entrecruzan en un espectáculo majestuoso, donde no siempre es fácil discernir las fronteras de lo religioso y lo profano, la piedad, las cenizas y los erotismos del poder, la gloria y la fortuna. Tele Montecarlo y Nice Matin sólo presentan al regente, el príncipe Alberto, vestido de gala militar, cubierto de medallas, insignias, recibiendo honores marciales en la plaza de armas de Palacio, saludando al pueblo monegasco con un saludo paternal. En la Catedral, monseñor Barsi volverá a oficiar hoy una nueva misa de acción de gracias, para recordar en su homilía a Juan Pablo II y al Príncipe sufriente. La Princesa Carolina y sus hijos asisten a todos los oficios, vestidos de gris oscuro, cubierta ella con un velo blanco y negro, elegantísima. En las fronteras entre la ilusión, las leyendas y los genios del lugar, el edificio histórico del Hotel de París, frente a la bahía y el castillo de los Grimaldi, encarna por sí solo la memoria profana de la tierra. En sus pasillos y salones está muy presente el recuerdo de la última emperatriz de Francia, la granadina Eugenia de Montijo, indisociable del Montecarlo legendario. Hay muchos otros Mónacos- -ricos, muy ricos, plebeyos, incluso proletarios- pero la leyenda del Hotel de París mantiene intacto el rigor del lujo definitivo. Ese durísimo combate para alimentar la llama sagrada del erotismo último del lujo y la alta gastronomía debe mucho a Alain Du- Mi casse, el patrón del Louis XV, el restaurante del Hotel de París. ¿Qué hace el patrón de uno de los navíos almirantes del lujo mundial, cuando tiene un fin de semana libre y lo permiten sus intereses en París, Nueva York, Hong Kong y Tokio? Se marcha a San Sebastián, para hacer turismo entre Biarritz, San Juan de Luz y Pasajes de San Juan. ¿Por qué? El lujo supremo- -dice Alain Ducasse- -es tener tiempo libre para poder escapar a la tiranía de las agendas, la dictadura de la vida regida a un ritmo marcial. Y el País Vasco me permite vagabundear sin pensar en nada. A un precio muy abordable. En los mercados populares de San Sebastián compro las mejores verduras a un precio diez veces más barato que en París Ducasse huye una vez al mes al País Vasco, en busca de inspiración y serenidad. En mi caso, más modesto, las delicias de la tiranía laboral me condenan a continuar en Mónaco. Pero una habitación del Hotel de París, con vista a la bahía y el palacio de los Grimaldi, a la espera de las funestas noticias, es un descenso de lo más soportable a las tinieblas endemoniadas del lujo, que no recuerdo exactamente en que círculo del Infierno las instaló el Dante, para la eternidad. Vista del exterior de la catedral del Principado, lugar de rezo y oración estos días por la salud de Rainiero de Mónaco