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96 Tribuna DOMINGO 3 4 2005 ABC OMIENZA en el Congreso de los Diputados el trámite del proyecto de ley por el que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio ¿Va a ser, es por ventura, una ley vital la que se pretende? Decía Montesquieu que hay leyes inútiles que debilitan las leyes necesarias. Parece que el legislador, sobre todo a la hora de acometer reformas que afectan directa y profundamente a instituciones que son la base de la sociedad, habría de proceder con reflexión, prudencia, mesura... antes de cambiar radicalmente la ley que vertebra todo el derecho de familia. Como también señalaba quien tan detenidamente se refirió al espíritu de las leyes cuando se refería a que las leyes se conciban de manera que no se opongan a la naturaleza de las cosas ¿No estamos ante una ley que se opone a la naturaleza de las cosas? Choca con dichas coordenadas la celeridad pretendida para una reforma de este calado: formulación, aprobación del proyecto por el Gobierno, rapidez en el comienzo del trámite parlamentario y, finalmente, algo insólito: su vigencia, inmediata a la publicación, si llega a ser ley. ¿Existe esa urgencia para un proyecto que los más altos organismos jurídicos del país han calificado sin dudarlo de claramente inconstitucional? ¿No se introduce con injustificada celeridad una reforma que presenta todos los riesgos inherentes a la posibilidad de su futura anulación? Y no solo estos, sino los derivados de su posterior aplicación, que no serán pocos. Algunos de aquellos organismos han dicho en su informe que se trata de la reforma de mayor calado que se haya hecho del régimen legal del matrimonio en la historia de nuestro derecho. Mas, ¿qué es lo que se pretende? El preámbulo del proyecto de ley curiosamente se refiere a la relación y convivencia en pareja basada en el afecto como expresión genuina de la naturaleza humana y también a la considera- C UN NUEVO MATRIMONIO JOSÉ GABALDÓN LÓPEZ Presidente del Foro Español de la Familia. Vicepresidente emérito del Tribunal Constitucional ción constitucional del matrimonio como institución jurídica de relevancia social que permite realizar la vida en común de la pareja Pero la ambigüedad inicial de esas afirmaciones va a permitir dar paso a una reforma de la institución en la cual aquella relación y convivencia habrá de basarse simplemente en el afecto, cualquier clase de afecto, al parecer, y no el específico de esa relación, o sea, el amor entre el hombre y la mujer, que es lo que ha da- Si realmente se pensaba en una reforma que diera solución a ese problema de la orientación sexual, no lo es evidentemente permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo do a la institución su valor jurídico, social y político. Se abre, pues, a cualquier clase de afecto y por ello va a permitir el matrimonio de hombre con hombre y mujer con mujer, relación y convivencia que, por su propia naturaleza, carece de la virtualidad precisa para dar continuidad a la especie. Claro está que el fin específico del proyecto se expresa también en el preámbulo: una larga trayectoria de discriminación basada en la orientación sexual He aquí un fundamento aplicado a un fin respecto del cual no existe tal discriminación. Ciertamen- te, la Historia ha contemplado excesos y malos tratos en relación con las manifestaciones aludidas de la orientación sexual de ciertas personas. Pero también lo es que hoy afortunadamente no existe en general. Sobre todo, no cabe hablar de discriminación respecto del matrimonio. Este puede contraerse por cualquier hombre con cualquier mujer sin que nadie pregunte, indague o pida constancia acerca de la orientación sexual. Ciertamente, no es posible casarse un hombre con otro o una mujer con otra mujer; pero ello no constituye discriminación, sino condición institucional del acceso a una relación jurídica que tiene en sí unos derechos y unas obligaciones y que se configura según lo que los ordenamiento jurídicos más antiguos en la historia han exigido en virtud de su fin específico: la continuidad de la especie. Requisito natural obvio, y sin duda más claro que otros que no permiten el matrimonio del hijo con la madre o el del hermano con la hermana, que tampoco son discriminatorios, sino requisitos jurídicos. No cabe hablar de discriminación en esta exigencia. Aunque trate de fundarse la ley en aquel fin, su efecto va a ser sin duda mucho más amplio. Hombre con hombre y mujer con mujer, con fundamento sin duda en cualquier clase de afecto o sin él, ya, que ni la ley ni nadie va a indagar cual es el que funda la unión matrimonial, como tampoco la orientación sexual de los contrayentes, puesto que para el Derecho no es la orientación, cuestión de la intimidad, lo que cuenta, sino el sexo biológico. Si realmente se pensaba en una reforma que diera solución a ese problema de la orientación sexual, no lo es evidentemente permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, resultado mucho más amplio y plagado de otros problemas en su aplicación. Parecería lo más prudente el plantear la cuestión en su real dimensión, si es que efectivamente existe tal carencia normativa o, como se repite, esa minoritaria exigencia social, y dar o intentar prudentemente una solución para las personas afectadas en lugar de alterar en su esencia la institución matrimonial con unos efectos aplicativos que sin duda van a crear muchos más problemas de los que se pretende resolver. No es el mayor, sin duda, el de la adopción, cuestión que se trata de resolver por el procedimiento simple de llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo para dar satisfacción a su aspiración de crear una apariencia conyugal, sin atender al derecho prioritario del menor y dando por zanjada la debatida (y por supuesto no resuelta) cuestión de la conveniencia para la educación y afirmación personal del adoptado. La ley trata de resolver todo problema en su aplicación, por el simple procedimiento de cambiar la terminología en unos cuantos artículos (los que emplean los términos padre y madre, hombre y mujer, etc. Pero los verdaderos problemas vendrán después, y no sólo los de los menores formados en un contexto familiar donde el modelo biológico padre- madre se haya sustituido por el de doble padre o doble madre. De hecho, lejos de intentar una solución para esas personas que optan por una vida en común sobre la base de un cierto tipo de afecto o tendencia sexual, se les abre un instinto que tiene como carácter genuino la heterosexualidad en lugar de crear una figura jurídica propia para satisfacer en lo que sea necesario aquellas tendencias sin necesidad de alterar el contenido esencial del matrimonio. Y sin abrir a esas personas una nueva problemática jurídica llena de conflictos. URANTE mi estancia en la Universidad de Salamanca y en mis correrías por la sierra de Francia y el valle de las Batuecas, me puse en contacto con la diversidad y dinámica de las sociedades de hormigas, que desarrollaron mi interés etológico por el fenómeno social, interés que me ha durado en toda mi vida profesional. En mi vuelta a la Universidad Autónoma de Barcelona organizamos en el Departamento un curso de sociobiología, en el que exponía datos biológicos sobre el origen y evolución de las sociedades animales y humana. En estas explicaciones he tropezado con la singularidad del fenómeno social humano, ya que los hallazgos biológicos (etológicos, ecológicos y genéticos) sólo podía aplicarlos en parte a la sociedad humana. Aquí tenía que contar, además, con un fenómeno nuevo, como es la existencia del entendimiento. Se rompía la continuidad con el mundo animal, con la aparición de aspectos cualitativamente nuevos, pero tenía que contar con los cuales para poder comprender la evolución de la sociedad humana. Me daba cuenta de que la socio- D REFLEXIONES DE UN ZOÓLOGO SOBRE PROBLEMAS URGENTES ANDRÉS DE HARO Catedrático Emérito de Zoología. Universidad Autónoma de Barcelona biología tenía que contar con los elementos originales constitutivos de la especie humana, que ahora, por su actualidad social, recuerdo brevemente. En efecto, el actuar humano se origina en dos niveles o capas cerebrales, neurológicamente intercomunicadas: el instinto (con centros nerviosos en el sistema límbico- hipotalámico) y el entendimiento (con centros nerviosos en la corteza cerebral) ambos neurológicamente interconectados. Instinto y entendimiento participan en la eficacia de la especie a través de la selección natural. El entendimiento produce la religiosidad y ambos son exclusivos humanos. El entendimiento, con el lenguaje, creador de la palabra, crea también la cultura, que representa una adquisición reflexiva, nueva en la evolución animal, y es un factor nuevo de selección natural. Por ella, el hombre tiene aparentemente el destino en sus manos, fenómeno ecológico único, y los zoólogos interesados en el comportamiento de la nueva especie, así como los sociólogos en general, han de preocuparse por los diversos componentes de la condición humana y por las consecuencias de ese poder reflexivo nuevo. Pero en su comportamiento hay puntos oscuros que han de ser estudiados en lo sucesivo. Ante el hecho de que la humanidad parece haber llegado a un punto crucial en su historia, tenemos que preguntarnos de manera acuciante cómo es posible que en un ambiente en que prevalecen los medios técnicos de comunicación vaya aumentando la soledad y tristeza personal, cómo en una sociedad en que abundan los medios materiales crecen el egoísmo y la insolidaridad. También se ha de dar respuesta a los síntomas inquietantes del rechazo de la realidad a través del uso frecuente de la droga por parte de muchos jóvenes y preguntarnos si la relativización de la ética, que hace posible la justicia, y con ella la convivencia y libertad, ha podido producir el aumento generalizado del miedo, el desorden social, la violencia y la inseguridad. También son graves los síntomas de fenómenos antisociales, como el rechazo al compromiso y el menosprecio de la fidelidad, que conduce, entre otras cosas, a la disgregación de la familia, originándose una sociedad en la que cada vez hay menos espacio para la infancia y la ancianidad. Fenómenos, éstos, que han de hacernos reflexionar para dar respuesta urgente a gran parte de los problemas que acucian a nuestra sociedad actualmente.