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ABC DOMINGO 3 4 2005 Espectáculos 91 POP Mark Knopfler Músicos: Mark knopfler (voz y guitarra) Glenn Worf (bajo) Chad Cronwell (batería) Richard Bennett (guitarra) Guy Fletcher (teclados) Jim Cox (órgano y acordeón) Lugar: Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Fecha: 2- IV- 2005 DECÍAMOS AYER PABLO MARTINEZ PITA Lindsay Kemp, interpretando a la Reina Elizabeth I, y Gianluca Margheri, dando vida a Lord Essex, durante un ensayo REUTERS Lindsay Kemp se arroja con valentía en los brazos de Elizabeth I Santander acogió el estreno del último trabajo del singular artista británico b En el espectáculo destaca el grandioso vestuario diseñado por Sandy Powell, ganadora del último Oscar por El aviador y que es una verdadera obra de arte teatral JULIO BRAVO SANTANDER. Con Elizabeth I. El último baile Lindsay Kemp ha cumplido el viejo sueño de encarnar a la que fuera Reina de Inglaterra, una mujer que, según confiesa el propio actor y director, le tiene fascinado desde que, con cinco años, vio la película Las vidas privadas de Isabel y Essex Ahora ha elegido aquel viejo sueño para retornar al escenario después de tres años de ausencia, y lo ha hecho en España, concretamente en Santander, en cuyo Palacio de Festivales ha encontrado las condiciones idóneas para realizarlo, y donde se ha querido rodear por viejos amigos: su mano derecha, David Houghton; tres de sus más emblemáticos intérpretes: los siempre magníficos Nuria Moreno, Marco Berriel y François Testory; el músico Carlos Miranda (autor de una evocadora y eficaz partitura) y la diseñadora Sandy Powell, con quien no colaboraba desde hacía casi un cuarto de siglo. Poner en pie este espectáculo, recibido con calurosos aplausos por el público santanderino, ha sido, según confesaban todos los responsables del montaje, un trabajo titánico. Sandy Powell, ganadora en la última edición de los Oscar por su vestuario en El aviador (lo logró también por su trabajo en Shakespeare in love levantaba sus manos para dar fe del esfuerzo y mostraba sus uñas destrozadas y sus dedos agujereados después de varios días encerrada ella misma en el taller con la aguja y el dedal. Pero merecía la pena, porque el vestuario de Elizabeth I es sencillamente grandioso, una verdadera obra de arte que ennoblece y otorga un brillo extraordinario al espectáculo, que presenta en general una magnífica factura, como es habitual en Lindsay Kemp. Y es que Elizabeth I reúne todos los ingredientes del teatro de este singularísimo artista: ensoñación, fanta- sía, color, misterio, fascinación... El artista británico, nacido en Liverpool en 1938, compone un nuevo personaje lleno de ambigüedad; una mujer todopoderosa, dueña de los destinos de uno de los pueblos más potentes de la historia, pero incapaz de lograr la felicidad para sí misma; encerrada en su trono, en su propia gloria, la Reina revisa desde la sinceridad de la soledad su vida, sus fracasos amorosos, su triste trayectoria como mujer, para finalmente mostrarse (en una escena tan valiente como conmovedora, donde Lindsay Kemp despliega sus mejores armas expresivas, ésas que le han valido los mayores éxitos) despojada de oropeles y joyas, vacía por dentro y por fuera. a verdad es que cuando uno se para a pensar en el viejo repertorio de este escocés de aspecto sencillo y ojos azules, se da cuenta de que se pasó unos cuantos años escuchando de forma casi continua, y una tras otra, sus canciones. Cualquiera que viviera de forma consciente los años ochenta se acuerda de su voz nasal y sus suaves y magistrales punteos a la guitarra. Por eso las localidades del nuevo Palacio de los Deportes estaban agotadas. Por eso el público era casi en su totalidad de más de treinta años. Y por eso el concierto dejó contentos a todos. Desde que dejara Dire Straits, Mark Knopfler se ha ido acercándose a un estilo más intimista, como más encerrado en sí mismo. Pero ayer no era momento de ponerse serios, sino de hacer disfrutar al público con lo que estaba pidiendo a gritos: aquellos temas que le hicieron grande con Dire Straits. Además, a pesar de las tristes noticias que llegaban desde el exterior, dentro del recinto todo parecía conjugarse para ofrecer una gran velada. El sonido resultaba impecable ¡que diferencia con el antiguo edificio! el juego de luces era espectacular, la banda respondía con mucho oficio, el público estaba entregado y Mark estaba contento (incluso improvisó divertido siguiendo el ritmo del oé- oé- oé- oé del respetable) Y, lo más importante, en el zurrón traía un festival con tintes de rivaval A pesar de todo, comenzó con Way Aye Man y en esta primera parte también se oyó Sailing to Philadelfia dos de sus mejores temas en solitario. Pero el frenesí se desataba cada vez que se oían los primeros acordes de alguna antigua melodía. Y aquello parecía una recopilación de grandes éxitos, largas canciones en las que él va desarrollando, con sus dedos, su particular amalgama de blues, folk y pop. El apoteosis llegó con Sultans of swing pero tras él llegaron Tunnel of Love Romeo and Juliet Money for Nothing Brothers in Arms Walk of life Así que lo de menos fue el álbum más reciente de su discografía, SangriLa aunque de éste cayeron Song for Sonny Liston y Donegan s gone Más de dos horas con varios bises (dos de ellos requirieron la urgente reunión de los músicos para ver qué hacían) para una noche redonda. L