Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 3 4 2005 En la muerte de Juan Pablo II 85 ASÍ INTENTÉ MATAR AL PAPA POR MEHMET ALÍ AGCA yo se cumplían 64 años de la aparición de la Virgen de Fátima a los niños Jacinta, Francisco y Lucía. La extraordinaria protección de la Virgen se ha demostrado más fuerte que el proyectil asesino declaró en su primera audiencia tras el atentado. Un año después, Juan Pablo II viajó a Fátima para agradecer a la Virgen su ayuda. Desde entonces, los peregrinos pueden contemplar engastada en la corona de la imagen la bala que estuvo a punto de arrebatarle la vida. ¿Quién armó la mano de Alí Agca? ¿Existió detrás un complot? En un principio, Alí Agca declaró haber actuado solo. Pero un año después empezó a desgranar ante el juez un detallado informe sobre sus supuestos colaboradores. Es la denominada pista búlgara que conduciría a la sospecha de que el KGB soviético estaba detrás, deseoso de liquidar a un Papa polaco incómodo para los países comunistas. Según un reciente informe procedente de los archivos de la Stasi, la policía política de la RDA, la decisión de asesinar al Papa fue adoptada en 1979 durante una reunión en Crimea, en la que Andrei Gromiko, representante soviético, tranquilizó al delegado de la Polonia comunista sobre los riesgos del Pontificado de Juan Pablo II con las palabras: El problema se resolverá pronto quel 13 de mayo de 1981 lo recuerdo siempre porque fue el punto de partida de mi vida, representa la tragedia y a la vez el renacimiento en mi existencia. Es una fecha que está absolutamente ligada al 13 de mayo de 1917, primera aparición de la Virgen de Fátima. Todo forma parte de un milagro, un misterio que se dilata en el tiempo y que no ha sido todavía perfectamente entendido. Aquel día, en la Plaza de San Pedro, tuve mis dudas en los últimos instantes. ¿Hacerlo o no hacerlo? El vehículo del Papa hace un giro en ese instante y me quedo a espaldas de Juan Pablo II. Yo no podría disparar jamás a un hombre que me da la espalda, y me digo: Déjalo, abandona tus planes. A las ocho y media de la tarde sale un tren para Zurich. Déjalo, no tienes nada contra el Papa. Mañana, 14 de mayo, empezará una nueva vida para ti Y me alejé. Había recorrido cuarenta o cincuenta metros cuando los aplausos y las aclamaciones me hicieron volver la cabeza, como si fueran un reclamo. El Papa había regresado hacia donde yo estaba, venía directamente hacia mí. Yo tenía desde hace tiempo una idea precisa: o moríamos los dos o nos salvábamos los dos juntos. Fue un gesto desesperado. Pensaba que sería el último día de mi vida. Quería dejar una huella en la historia a través de un acto terrorista, aunque A ahora pienso que ésta era una idea primitiva, con la que hoy no comulgo en ningún sentido. En aquel momento sucedió algo que no puede explicarse desde el punto de vista humano. Yo era como un autómata. Cuando disparé, dos veces seguidas, exclamé: Dios Algo me paralizó después. Fue como si hubiera regresado a mí mismo, y entonces escuché el ruido del pánico de la gente en la plaza. Nunca me he reprochado haber fracasado en mi plan de asesinar al Papa. Hay algo inexplicable en todo esto. Es un proyecto de la providencia. Jamás se encontrará una completa explicación humana a este hecho. Sinceramente, me alegro mucho de que el Papa haya sobrevivido. Cuando vino a visitarme a la cárcel fue como un sueño, algo verdaderamente increíble. Fue un gran gesto y un hecho extraordinario estar con él después de todo lo que pasó. Pero para mí lo más importante fue el abrazo que el Papa dio a mi madre en una de las tres audiencias que tuvo con ella en el Vaticano. Admiro al Papa porque es el último baluarte, la última fortaleza moral para la defensa de este Occidente que va camino de convertirse en un desierto. ¿Qué alternativa hay al Papa y al Vaticano? Juan Pablo II es también un punto de referencia para todos los demás creyentes, para los musulmanes, para los judíos. Los otros atentados: más de una veintena de planes frustrados para acabar con el Pontífice El hombre más querido en todo el mundo era el más odiado por fanáticos y terroristas de diversos pelajes, que intentaron matar al mensajero de la paz en veinte ocasiones. La valentía de Karol Wojtyla, estuvo a punto de costarle la vida el 13 de mayo de 1981, cuando se desangraba por los disparos de Alí Agca. Un año después del atentado, el Papa viajó a Fátima y allí, el 12 de mayo de 1982, un sacerdote integrista español intentó apuñalarle. Los encargados de protegerle nunca recuperaron la tranquilidad. En febrero de 1983 lograron arrestar al turco Mustafá Savak, que preparaba un atentado contra el Papa durante su visita de junio a Milán. En marzo, durante el viaje a El Salvador y Guatemala, se descubrieron complots contra Juan Pablo II. Pocos meses más tarde, en su país natal, varios extremistas del ejército polaco prepararon un plan para matarle. No lo consiguieron, pero asesinaron, en cambio, al sacerdote Jerzy Popieluzsko. En junio de 1986, asumió en Colombia el riesgo de un atentado del M- 19 y en noviembre de ese mismo año en Brisbane (Australia) la policía arrestó a un joven de 24 años que había planeado arrojarle cinco cócteles Molotov, mientras que en 1990 el presidente de Costa de Marfil reveló haber desarticulado un complot. En el verano de 1993, la mafia siciliana respondió a la fortísima condena del Papa en Agrigento poniendo una bomba en la basílica de San Juan de Letrán, que es su catedral como obispo de Roma, y en la iglesia de San Jorge al Velabro. No fue un atentado contra el Papa pero fue un típico mensaje mafioso de que todo era posible. En febrero de 1994 se descubrió en Beirut que un grupo proyectaba asesinar al Santo Padre durante su visita del mes de mayo. En el otoño, el altísimo peligro de un atentado serbio en Sarajevo obligó a anular la visita. La realizó en abril de 1997, y la policía descubrió una bomba a sólo cien metros de su itinerario. A esas alturas había entrado ya en escena un peligroso terrorista internacional del grupo de Osama Bin Laden. En enero de 1995, Ramzi Ahmed Yusuf preparó un atentado espectacular contra el Papa que la policía filipina desarticuló. Los momentos de peligro se repitieron en la apertura del Año Santo el 24 de diciembre de 1999, el viaje a Jerusalén en 2000 y la visita a la gran mezquita de Damasco el 6 de mayo de 2001. En una de las calles cercanas, una mujer cargada de explosivos se acercaría y haría saltar las cargas al estilo de los suicidas de Hamas en Israel. Como siempre, el Papa no se dejó impresionar y en septiembre- -justo después de los ataques de Al Qaida en Estados Unidos- -viajaba a otro país musulmán, Kazajstán, para continuar su magisterio contra el terrorismo. El español Fernández Kron preparó un plan para acabar con la vida del Pontífice en Portugal Juan Pablo II acudió a ver a Alí Agca a la cárcel dos años después del atentado AP