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ABC DOMINGO 3 4 2005 En la muerte de Juan Pablo II 81 Río de Janeiro, con los moribundos de Madre Teresa en Calcuta, con los enfermos de sida en los hospitales, cuando la gente bien les despreciaba y la enfermedad no tenía cura. Kilómetros y kilómetros a lo largo del mundo, compartiendo respeto y afecto con los sacerdotes de una ceremonia de vudú que enroscan sus serpientes en un pueblo de Benin, con los mineros de Bolivia o con los esquimales de Alaska. De país en país o de tribu en tribu, Karol Wojtyla se ha puesto todos los gorros y sombreros, desde el casco de minero boliviano a las plumas de jefe comanche, sin perder nunca su dignidad: todos le sientan bien. NUEVO SAN PABLO CARDENAL JOZEF TOMKO EX- PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS ABC El Papa estaba muy preocupado por el giro que estaba dando el Gobierno sandinista de Nicaragua. Durante su viaje el Papa criticó duramente al entonces presidente Daniel Ortega Romper barreras El Papa comenzó a romper barreras religiosas milenarias en Marruecos durante su encuentro con cincuenta mil jóvenes musulmanes el 18 de agosto de 1985 en el estadio de Casablanca. A partir de ahí, las continuas muestras de respeto a todo sentimiento religioso, la defensa de la libertad de conciencia y, sobre todo, las peticiones de perdón por los males cometidos por los cristianos a lo largo de dos milenios le abrieron al Papa las puertas de Israel en el año 2000 y las de la Gran Mezquita de Damasco en Siria en 2001. Al cabo de dos milenios, el sucesor de Pedro volvía a Jerusalén, y el sucesor de Pablo volvía a Damasco. La imagen del Santo Padre depositando en el Muro de las Lamentaciones una petición de perdón por los pecados cometidos por los cristianos contra los hermanos mayores judíos a lo largo de la historia dio la vuelta al mundo. Este Pontífice la dio el equivalente a 30 veces, y eso que en los últimos meses de su Pontificado la Santa Sede optó por realizar unos viajes más cómodos en los que el Papa no debía hacer muchos desplazamientos, al tiempo que se limitaban los actos públicos. El viaje soñado a Rusia se le resistió, pese a que durante unos instantes pareció estar muy cerca, con la intención del Santo Padre por llevar el icono de la Virgen de Kazán al patriarca Alexis II. Las puertas de China siguieron cerradas para el hombre que abrió los goznes del Gran Jubileo del Año 2000 y que contribuyó como nadie a dar el mazazo definitivo al Muro de Berlín. AP En agosto de 2002, Karol Wojtyla regresó a su tierra natal, Polonia, donde fue recibido con todos los honores por el presidente polaco, Lech Walesa, y por millones de fieles ansiosos por conocer a su paisano AP En su última visita a Francia, el Papa fue agasajado por miles de personas. Fue éste uno de los más de cien viajes que realizó Wojtyla para divulgar internacionalmente la doctrina cristiana uan Pablo II, como visible principio de la unidad del Pueblo de Dios y primer misionero de la Iglesia, desde el inicio de su pontificado realizó su peregrinación al santuario vivo del Pueblo de Dios Para llevar el mensaje evangélico a todas las gentes, para confirmar, consolidar y alentar la fe de los hermanos, para encontrar al hombre y defender sus derechos, para mostrar su amor fraterno a los que sufren, para promover el amor, la paz, la fraternidad universal; para llevar a quienes viven y trabajan en las más variadas y difíciles circunstancias el mensaje de aliento y de esperanza cimentado, no en las fuerzas humanas, sino en el poder del Resucitado, que es el Señor, el Kyrios de la Historia. He tenido la fortuna es decir, la gracia de acompañar personalmente al Santo Padre en muchos de sus viajes a los países de misión y a otras tierras. He podido contemplar muchos de los frutos inmediatos de sus visitas y compartido la alegría de las poblaciones para las cuales la visita del Papa tiene un valor único e inmenso. Pero también he sentido cuán grande es el sufrimiento, la dolorosa tensión que experimentaba y nosotros con él cuando en cada uno de sus viajes constataba lo inmensa que es la urgencia y necesidad de evangelizar el mundo, verificando, al mismo tiempo, la pobreza y hasta imposibilidad de la Iglesia para responder en modo adecuado a tal exigencia. A pesar de todo y precisamente por ello, Juan Pablo II, como San Pablo, realizó su vocación de apóstol en el sentido pleno del término, de misionero itinerante por los caminos del mundo... misionero enviado por el Padre para continuar anunciando el Reino de Dios (Discurso en Bélem, Brasil, 1980) con decisión, con confianza, optimismo y valentía, frutos de aquello que, en él, era característico: Una fe indestructible en Cristo y en la acción del Espíritu en la historia del hombre. Una fuerza que brota de una vida de oración y que irrumpe en oración. Porque Juan Pablo II era un hombre orante Un estilo paulino al considerar los problemas que son iluminados por la doctrina revelada que es consignada al hombre, con la invitación a caminar y a vivir por el camino de Cristo Liberador y Redentor Una voluntad de total abandono, sin reservas, a María, la Madre de la Iglesia. J