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ABC DOMINGO 3 4 2005 En la muerte de Juan Pablo II 79 te rechazo un acto extraordinario de su Magisterio pontificio. La encíclica defiende también a las madres solteras que se encuentran en apuros, a los voluntarios sociales y los derechos de ancianos y enfermos. Ut Unum Sint 30 de mayo de 1995 La duodécima encíclica de su pontificado volvió a rozar la proclamación del dogma de infalibilidad, en esta ocasión destinada a dejar bien atados los límites del diálogo ecuménico. Lo esencial, afirma la encíclica, sigue siendo intocable y la Iglesia católica no quiere ni puede entrar en el juego de las transacciones comerciales para llegar a una unidad basada en la traición a la verdad. Ese tipo de ecumenismo, advierte el Papa, es falso y no conduce a ninguna parte. Por eso se advierte a los miembros de las distintas comisiones teológicas que proliferan en las distintas diócesis católicas e Iglesias separadas, que sus conclusiones serán papel mojado si no son aceptadas por los obispos en comunión con el Papa. Además, la encíclica recuerda que la plenitud de la verdad está en la Iglesia católica, por más que algunos aspectos hayan podido ser mejor desarrollados por otras confesiones y por más que los católicos también sean culpables de las divisiones. El Papa ofrecía en la encíclica la posibilidad de dialogar sobre la función del mismo Papado, aunque tanto previa como posteriormente dejaba claro que para los católicos éste seguía siendo la piedra angular del edificio y que el Papado no podía concebirse sin poder y autoridad concretos y no sólo honoríficos. la mayoría de los sistemas de pensamiento atravesaban una crisis profunda. La encíclica señala que la fe no sólo es compatible con la razón, sino que exige su uso para avanzar en el conocimiento de las realidades divinas. Fe y razón como las alas de un pájaro que permiten al espíritu humano descubrir las leyes del mundo creado y las huellas de su creador. Ecclesia de Eucharistia 17 de abril de 2003 La decimocuarta y última encíclica del Pontificado de Juan Pablo II, un regalo a los creyentes al comenzar el vigésimoquinto año desde su acceso al solio pontificio, giró en torno a la Eucaristía. Intensamente unido a la Última Cena, el Santo Padre afirmaba que aquella primera Eucaristía fue el momento culminante de la existencia terrena de Jesús, el momento de su ofrenda sacrificial al Padre por amor a la humanidad En su testamento magisterial Juan Pablo II hablaba de la importancia de la Eucaristía como misterio y verdad de la Iglesia, al tiempo que se subrayaba el abandono casi total del culto Por ello, el Papa instaba a cultivar el sacramento, para lo cual es absolutamente necesaria la confesión de los pecados, al tiempo que una mayor fidelidad a las normas litúrgicas. Karol Wojtyla incidía en la importancia de la celebración eucarística, que no consiente reducciones ni instrumentalizaciones; debe ser vivida en su integridad La Eucaristía se convertía así, según el Pontífice, en un tesoro que no debía ser desperdiciado, para lo cual se han de respetar las exigencias que se derivan de ser sacramento de comunión en la fe y en la sucesión apostólica Finalmente, la encíclica tenía un recuerdo a la virgen María, que está presente como Madre en todas nuestras celebraciones litúrgicas La mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharle en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística? se preguntaba el Santo Padre. Las últimas líneas de la última encíclica del último Papa del siglo XX iban destinadas a renovar el compromiso ecuménico -uno de los motores de su Pontificado- para que puedan caer las barreras que aún impiden la concelebración eucarística, uno de los caballos de batalla en la unidad entre los cristianos. EPA AP Wojtyla llevó siempre en su maleta un mensaje de solidaridad con los más desprotegidos nazada de múltiples formas en el momento presente, desde el aborto y la eutanasia hasta el hambre o la guerra, pasando por los dramas de los refugiados, por la violencia contra los niños, la explotación sexual de jóvenes y mayores, la fecundación in vitro la pena de muerte, el suicidio y la carrera armamentista. La línea argumental de la encíclica se basa en dos elementos. Por un lado, desde el punto de vista teológico, el Papa parte del concepto revelado de Creación, según el cual Dios es el único Señor de la vida y nadie tiene derecho a arrogarse ese poder ni a quedar eximido del quinto mandamiento: no matarás Además, y siempre en esta línea coherente con su tradición, la Iglesia se enfrentó en el siglo XIX a los poderosos de la tierra para de- ABC martirio para que esos preceptos no se violen. Critica la moral de situación que atenúa la culpa en función de las circunstancias, así como la moral que, en función de la intencionalidad de los actos, considera éstos buenos o malos (dimensión teleológica) Los teólogos, dice el Papa, no son los maestros, pues esa tarea queda reservada exclusivamente a los obispos, los cuales, en comunión con el Papa, son los responsables de guiar al pueblo de Dios. Sin un fundamento racional de las normas morales, se dice también, es imposible establecer unos mínimos comunes para todos. Evangelium Vitae 30 de marzo de 1995 Es un texto dedicado a la defensa de la vida humana, ame- fender a la clase trabajadora. La otra línea de argumentación es jurídica. Apoyándose en Santo Tomás de Aquino, el Papa niega a los Estados y a los Parlamentos, por mucha mayoría que les sostenga, la capacidad de legislar en contra de los derechos humanos, especialmente si se hace contra el primero y más fundamental de todos ellos que es el derecho a la vida. Se acepta, eso sí, la tesis del mal menor por la cual se podría dar, de manera transitoria, el apoyo a una política abortista restrictiva frente a otra más permisiva. Para que todos comprendan la gravedad de la cuestión, Juan Pablo II utilizó fórmulas solemnes de condena, que situaron el rechazo al aborto y la eutanasia en los límites de la infalibilidad pontificia, haciendo de es- Fides et Ratio 4 de septiembre de 1998 El Pontificado más largo del siglo XX llega con esta encíclica a su maduración filosófica para cerrar una brecha de varios siglos entre la fe y la razón, entre Magisterio y Ciencia. El antiguo profesor de Filosofía en Polonia abordó muy pronto, como Papa, el estudio de casos penosos como el proceso a Galileo o la condena de Giordano Bruno, para terminar rehabilitando a quienes fueron castigados injustamente. Libre por fin del lastre de la historia, Juan Pablo II celebró el vigésimo aniversario de su Pontificado regalando al mundo un texto que, según el cardenal Joseph Ratzinger, devuelve la confianza en la verdad al hombre contemporáneo precisamente cuando